Comité de Basilea analizó las causas de la crisis bancaria de marzo

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La semana pasada, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea durante su reunión de los días 4 y 5 de octubre, analizó las causas de las quiebras de los bancos estadounidenses Silicon Valley Bank (SVB), Signature Bank of New York (SBNY) y First Republic Bank (FRC), así como también la casi quiebra del grupo suizo Credit Suisse (CS), que para ser salvado fue vendido a su competidor UBS.

Para el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, todavía las secuelas de la crisis bancaria de marzo de este año, siguen presentes. Y debido a ello, realizó “un balance de las implicaciones regulatorias y de supervisión de la agitación de manera oportuna y exhaustiva, con miras a aprender lecciones”.

 

De esta reunión, el comité que depende del Banco de Pagos Internacionales (BPI), se emitió un reporte titulado “Informe sobre las turbulencias bancarias de 2023”, que proporciona una evaluación de las causas de la agitación bancaria, las respuestas regulatorias y de supervisión y las lecciones iniciales aprendidas, todo desde el punto de vista del Comité de Basilea.

El Comité de Basilea, afirmó que las reformas de Basilea III que habían sido implementas anteriormente, “fueron las que ayudaron a proteger al sistema bancario global de una crisis bancaria más grave”, como ya ocurrió en 2007 durante la crisis de las hipotecas Suprime, conocida también como las “hipotecas basura”, la cual duró hasta el 2010 y arrastró la mayoría de los bancos en el mundo.

No obstante, a pesar de las reformas de Basilea II, ese “marco regulatorio no está calibrado para producir “cero fallas”, sino que busca reducir la probabilidad y el impacto de una tensión bancaria, al tiempo que facilita la intermediación financiera y el crecimiento económico”.

Pero, de cara a la agitación bancaria de marzo de este año, el Comité considera prudente poner de relieve la importancia de normas regulatorias más cautelosas, ya que la crisis de estos bancos demostró que todavía “pueden ser vulnerables a cambios rápidos en el sentimiento del mercado”.

Aunado a ello, “la combinación de un alto apalancamiento y activos opacos a largo plazo que se financian con depósitos ejecutables a corto plazo hace que los bancos sean especialmente vulnerables a una pérdida de confianza en su solvencia a largo plazo”, dice el informe.

Básicamente, el comité propone que aquellos bancos que se consideran no activos internacionalmente en una jurisdicción, se planteen riesgos transfronterizos para la estabilidad financiera, incluso a través de canales de contagio indirectos y que se cumplan con los marcos regulatorios establecidos en los Principios Básicos de Basilea (BCP, «por sus siglas en inglés»).

De manera que, cualquier enfoque de riesgo proporcionado para cada banco en particular debe ser proporcional al perfil de riesgo y la importancia sistémica de un banco dentro de su propia jurisdicción.

Además, pone énfasis en que los supervisores analicen los modelos de negocio de los bancos e identifiquen aquellas instituciones de servicios financieros que sean atípicas para evaluar con solidez la gobernanza y la gestión de los riesgos de las mismas.

De igual manera los supervisores, deben supervisar el riesgo de liquidez a la luz de las recientes turbulencias del sector financiero, estableciendo la importancia de ejercer el criterio supervisor y revisar el conjunto de herramientas de supervisión existente, así como también incluir la necesidad de seguir promoviendo una cooperación supervisora transfronteriza eficaz.

Y también, como de costumbre el Comité de Basilea extrajo algunas lecciones aprendidas de la agitación del sector financiero de principios de este año. Dentro de estas lecciones, identificó la tenencia de criptoactivos como uno de los factores que condujeron al colapso de algunos de estos bancos.

Aunque, para el comité, desde un contexto macrofinanciero, la agitación bancaria tuvo su origen en el índice de las condiciones financieras globales, los elevados niveles de deuda de los hogares en jurisdicciones que fueron revisadas y los constantes episodios de ajuste de los bancos centrales.

Sin embargo, dice que “tres tendencias estructurales también afectaron al sistema bancario mundial durante el período posterior a la crisis financiera mundial y configuraron el telón de fondo de la agitación”, e incluso advierte la posibilidad de que estos factores no hayan desempeñado un papel directo en el desencadenamiento de la turbulencia bancaria, pero pueden haber contribuido indirectamente a algunas de las fragilidades analizadas.

El informe del Comité de Basilea pone en un primer lugar, “la intermediación financiera no bancaria (IFNB), la cual creció significativamente y ahora representa alrededor del 50% del total de activos financieros globales, un aumento del 20% desde 2008”, a través de “un crecimiento mediante una serie de canales complejos y opacos de interconexiones bancarias con IFNB”.

Luego, coloca en un segundo lugar, el rápido surgimiento de un ecosistema de criptoactivos, “cuya valoración de mercado creció de unos 16.000 millones de dólares hace seis años atrás, a casi 3 billones de dólares en 2021, justo antes de volver a caer a una valoración de poco más de 1 billón de dólares a principios de marzo de 2023”.

Y aunque es cierto que “la exposición directa del sistema bancario mundial a los criptoactivos es todavía limitada, ascendiendo a menos de 4.000 millones de euros, o el 0,004% de las exposiciones totales a finales de junio de 2022”, estas, “se concentran en un pequeño número de bancos”.

Por último, en tercer lugar de las tendencias estructurales que generaron la agitación bancaria, coloca la digitalización de las finanzas, la cual generó avances en servicios de pago/liquidación más rápidos y en -exigir acceso a los servicios bancarios a través de aplicaciones móviles-, facilitando así la capacidad de los depositantes para mover sus fondos.

Esto se traduce en una mayor facilidad de corridas bancarias ante los rumores de inestabilidad, lo que termina por drenar la liquidez de cualquier institución bancaria, ya que los rumores generan efectos de contagio, que en el corto plazo derivan en una iliquidez precipitada, a través de los canales electrónicos.

De allí que, el Comité de Basilea, haya decidido analizar la posibilidad de exigir a los bancos que revelen sus tenencias de criptoactivos, además de imponer un límite a las tenencias de criptomonedas en las reservas bancarias de cada institución, por lo que se publicará más adelante un documento de consulta sobre esta divulgación de la exposición a los criptoactivos.

Además, el comité dijo que en los bancos SVB y SBNY, se demostraron que una de las causas principales de sus colapsos, fue “la mala gestión” de sus juntas directivas y de la alta dirección. El SVB no supo abordar las corridas “ni puso a prueba su capacidad de endeudamiento”. Además “no contaba con acuerdos operativos y de garantía adecuados para obtener liquidez”.

En el caso del SBNY, los miembros de la junta directiva “buscaron un crecimiento rápido y desenfrenado con activos totales” […] “sin desarrollar y mantener prácticas y controles adecuados de gestión de riesgos apropiados para el tamaño, la complejidad y el perfil de riesgo de la institución”.

Asimismo, la importante concentración de clientes de SBNY en empresas de activos digitales lo puso en una posición precaria cuando llegó el “criptoinvierno” en 2022. Mientras que en los casos del CS y el FRC, estos se vieron arrastrados por el efecto contagio de las quiebras de los bancos SVB y SBNY.

Advertencia "La inversión en criptoactivos no está regulada, puede no ser adecuada para inversores minoristas y perderse la totalidad del importe invertido"

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