Trump intensifica la presión sobre el Senado por estancamiento de la Clarity Act

Trump intensifica la presión sobre el Senado por estancamiento de la Clarity Act

La carrera por dotar a Estados Unidos de un marco regulatorio integral para la industria de los activos digitales ha entrado en una fase crítica a medida que el calendario parlamentario avanza implacable hacia el receso de agosto.

Es por esto, que el presidente estadounidense, Donald J. Trump ha multiplicado sus esfuerzos mediáticos y políticos para exigir al Senado la aprobación inmediata de la Ley de Claridad del Mercado de Activos Digitales (conocida como Clarity Act).

Sin embargo, el cruce de intereses bancarios, disputas jurisdiccionales y, sobre todo, un feroz debate ético en torno a los negocios privados del propio mandatario mantienen el proyecto empantanado en la cámara alta.

El más reciente impulso presidencial tuvo lugar a través de la red Truth Social, donde Trump apeló a un componente emotivo y geopolítico para destrabar el debate. En su mensaje, el presidente exigió a los senadores aprobar la Clarity Act como un tributo póstumo al senador republicano Lindsey Graham, fallecido a principios de julio.

Más allá de la retórica del homenaje —a pesar de que Graham no pertenecía al Comité Bancario ni fue una figura central en la redacción del texto—, el argumento de fondo expuesto por la Casa Blanca apunta a la hegemonía tecnológica global.

Trump advirtió que competidores internacionales como China buscan tomar el control de la infraestructura financiera del futuro y del desarrollo de la inteligencia artificial. “¡No dejen que China gane en ninguno de los dos temas!”, sentenció el mandatario, buscando encuadrar la aprobación de la ley como una cuestión de seguridad nacional e innovación prioritaria.

No obstante, la presión del ejecutivo ha chocado frontalmente con la realidad del calendario del Senado, ya que el líder de la mayoría, John Thune, admitió que la cámara no dispone del tiempo de debate ni de las ventanas procesales necesarias para someter el proyecto a votación antes del 7 de agosto, fecha en que inicia el receso estival.

La saturación de la agenda —dominada por paquetes de sanciones a Rusia y la confirmación de nombramientos ejecutivos y judiciales— desplaza inevitablemente la Clarity Act a la sesión de septiembre.

 


El impacto de esta postergación ha sido inmediato en las expectativas del mercado, ya que en las plataformas de predicción como Polymarket, la probabilidad percibida de que la ley sea promulgada durante 2026 se ha desplomado este miércoles a cerca del 27%, muy lejos del 82% alcanzado a principios de año.

El principal obstáculo que impide reunir los 60 votos necesarios para superar el filibusterismo en el Senado reside en las disposiciones de ética pública. De hecho, para los que no lo saben, el filibusterismo es una táctica para retrasar o bloquear la votación de una ley mediante discursos muy largos o reglas de debate.

Aunque, la senadora republicana Cynthia Lummis, impulsora clave de la iniciativa junto con el senador Tim Scott, presentó un texto enmendado que exige que los altos funcionarios —incluido el presidente— se abstengan de emitir o patrocinar activos digitales, colocando sus tenencias en fideicomisos ciegos hasta 2029, la medida no surtió efectos para superar el filibusterismo.

De hecho, un bloque articulado por senadores demócratas considera que estas salvaguardas son insuficientes, porque la controversia se intensificó tras revelarse que Trump reportó ganancias aproximadas de 1.400 millones de dólares procedentes del sector cripto, vinculadas al memecoin Official Trump, a la plataforma familiar World Liberty Financial y a otros activos digitales.

Los legisladores de la oposición sostienen que el texto actual contiene rendijas legales que permitirían a entidades vinculadas a la familia presidencial continuar percibiendo regalías y beneficios.

Este grupo de legisladores demócratas exigen garantías estrictas de protección al consumidor y barreras infranqueables contra el financiamiento ilícito antes de prestar sus votos para cualquier acuerdo bipartidista.

Igualmente, miembros de la administración Trump se han sumado a las críticas a los legisladores, como hizo este jueves el propio Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, a través de su cuenta en la red social X.

 


El Secretario del Tesoro, criticó que la Cámara de Representantes había aprobado hacía más de un año atrás la Clarity Act y que “los demócratas del Senado” siguen… “eligiendo la política en el umbral de una gran victoria para el liderazgo estadounidense”.

Bessent, señaló que el resultado del atraso de la Clarity Act por parte de estos senadores demócratas “Es decepcionante —pero no sorprendente—”. Además, los acusó de haber “recibido millones de dólares de la industria cripto—” mientras proclaman que la ‘Clarity Act’ carece de salvaguardas para los consumidores y se queda corta en contrarrestar las finanzas ilícitas”.

Al debate político se suma una encarnizada pugna corporativa en Washington, ya que si bien es cierto que las firmas líderes del sector criptográfico como Coinbase, Circle y Ripple han volcado millones de dólares en labores de lobbying para respaldar la ley, la banca tradicional ha presentado una resistencia feroz, también haciendo lobbying por su parte.

El punto de fricción radica en las normas que permitirían a los emisores de stablecoins ofrecer recompensas o rendimientos similares a intereses a sus tenedores, tal y como sucede con el dinero fiduciario que reciben en depósitos los bancos.

Desde el lado de las instituciones bancarias, se advierte que aprobar esto desencadenaría una sangría de depósitos del sistema financiero tradicional hacia los activos digitales, reduciendo drásticamente la capacidad de la banca para conceder créditos a la economía real.

Por otro lado, la distribución de competencias regulatorias entre la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, «por sus siglas en inglés») y la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos (CFTC, «por sus siglas en inglés») ha levantado suspicacias a nivel estatal.

La centralización de la supervisión en agencias federales ha llevado a figuras como la fiscal general de Nueva York, Letitia James, a señalar que la ley podría despojar a los estados de sus atribuciones para perseguir el fraude en el mercado cripto.

A pesar del letargo legislativo en el Capitolio, la actividad en los mercados globales refleja una dinámica de marcado contraste, ya que según el análisis de firmas como Bitwise señalan que Bitcoin ha mostrado una “notable sobreperformance” y resiliencia frente a la volatilidad macroeconómica y a la corrección del sector tecnológico a nivel global.

En plazas altamente especulativas como Corea del Sur, los volúmenes de negociación en la paridad KRW/USDT llegaron a dispararse un 600% en episodios recientes de inestabilidad bursátil, evidenciando que la demanda por liquidez digital sigue activa independientemente del ritmo parlamentario en Washington.

No obstante, las advertencias de los legisladores más cercanos al proyecto son claras. La senadora Lummis ha señalado que, si la Clarity Act no logra ser aprobada durante el presente ciclo de 2026, el estancamiento político derivado de las elecciones y la reconfiguración del Congreso podría congelar cualquier intento de regulación integral hasta el año 2030.

El desenlace dependerá de si en el mes de septiembre la Casa Blanca y los líderes republicanos aceptan ceder ante las exigencias de ética y supervisión estatal que demandan los demócratas, o si, por el contrario, la legislación más esperada por la industria cripto quedará archivada en el tintero legislativo.

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