La Fundación Blockchain Argentina propone recuperar la discusión sobre una posible moneda digital emitida por el Banco Central. La iniciativa abre un debate que va más allá de la tecnología: qué podría aportar un peso digital y qué problemas económicos no resolvería por sí solo.
Argentina lleva años experimentando una particular relación con el dinero. La pérdida de poder adquisitivo del peso, la dolarización de una parte del ahorro y la búsqueda de alternativas para preservar valor han convertido al país en un terreno especialmente interesante para observar la evolución de las nuevas formas de dinero.
Ahora, la Fundación Blockchain Argentina propone recuperar una discusión que durante algún tiempo estuvo presente en la agenda financiera del país, pero nunca terminó materializándose: la creación de una moneda digital argentina.
La propuesta no plantea sustituir inmediatamente el efectivo ni eliminar el peso actual. Su objetivo es abrir un debate sobre la posibilidad de incorporar una moneda digital emitida por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y analizar qué papel podría desempeñar dentro de un sistema financiero cada vez más digitalizado.
El planteamiento llega además en un momento particular. En agosto, las autoridades del BCRA expusieron ante el Congreso los fundamentos de una reforma de su Carta Orgánica. El proyecto pretende establecer la preservación del valor de la moneda como misión primaria y fundamental del Banco Central, además de introducir cambios destinados a limitar la financiación monetaria del Tesoro.
¿Puede una moneda digital recuperar la confianza en el peso?
Para Roberto Rojas, CEO de la Fundación Blockchain Argentina, recuperar la confianza requiere plantearse nuevas herramientas.
“Lo que perdimos es la capacidad de reserva de valor de la moneda nacional. Si queremos recuperar la confianza en nuestra moneda, tenemos que animarnos a discutir nuevas herramientas y nuevas formas de relacionarnos con el dinero”.
La reflexión plantea, sin embargo, una cuestión fundamental: digitalizar una moneda no modifica por sí mismo las razones por las que pierde poder adquisitivo.
Una moneda digital de banco central o CBDC constituye una nueva forma de dinero emitido por la autoridad monetaria. En su modalidad minorista podría funcionar como una versión digital del efectivo disponible para ciudadanos y empresas, pero seguiría siendo un pasivo directo del banco central.
Esto la diferencia del saldo existente en una cuenta bancaria y también de una stablecoin emitida por una compañía privada.
Una CBDC podría modificar profundamente la infraestructura mediante la que circula el dinero, pero no sustituye a la política monetaria. Su capacidad para conservar valor continuaría dependiendo, entre otros factores, de la gestión monetaria y de la confianza depositada en la institución emisora.
En otras palabras, un peso digital seguiría siendo un peso.
Qué podría aportar un peso digital
La Fundación considera que una moneda digital argentina podría modernizar la infraestructura financiera, reducir determinadas fricciones y costes en las transacciones, ampliar el acceso a servicios financieros y mejorar la trazabilidad.
Argentina parte además de un sistema de pagos que ya presenta un elevado grado de digitalización. El propio BCRA mantiene una infraestructura de billeteras digitales interoperables que permite efectuar pagos mediante transferencias y códigos QR independientemente de la marca utilizada.
Una eventual CBDC supondría un paso diferente.
El dinero utilizado en esas billeteras procede actualmente de cuentas bancarias o proveedores de servicios de pago. En una CBDC minorista, el activo digital sería dinero del propio banco central.
El diseño determinaría después cuestiones esenciales como quién podría acceder a él, qué papel desempeñarían los bancos y proveedores de pagos, si existirían límites de tenencia o si podría utilizarse sin conexión a Internet.
El competidor inevitable: las stablecoins
En Argentina, cualquier discusión sobre una moneda digital tiene además un protagonista difícil de ignorar: las stablecoins.
USDT, USDC y otros activos vinculados fundamentalmente al dólar ofrecen una alternativa digital con una característica que una eventual CBDC argentina no proporcionaría: exposición a una moneda distinta del peso.
Una CBDC y una stablecoin tampoco son equivalentes.
La primera constituiría dinero emitido directamente por un banco central. Las segundas son activos digitales emitidos por entidades privadas cuyo valor depende del mecanismo utilizado para mantener la paridad y de los activos que respaldan su emisión.
Pero ambas pueden terminar compitiendo en algunos casos de uso: pagos digitales, transferencias o conservación temporal de liquidez.
La relación entre ambos fenómenos preocupa también a los bancos centrales. La última gran encuesta del BIS muestra que 85 de los 93 bancos centrales consultados, un 91%, estaban explorando alguna modalidad de CBDC. Más de un tercio había acelerado además sus trabajos como consecuencia de la evolución de las stablecoins y otros criptoactivos.
Del entusiasmo por las CBDC a una aproximación más prudente
El debate internacional también ha cambiado.
Hace algunos años, las CBDC minoristas llegaron a presentarse como una evolución prácticamente inevitable del dinero. La realidad está resultando más compleja.
Aunque el 91% de los bancos centrales incluidos en la encuesta del BIS continúa investigando monedas digitales, los proyectos mayoristas están actualmente más avanzados que los destinados directamente a ciudadanos y empresas.
Las CBDC mayoristas tienen un objetivo diferente: utilizar dinero tokenizado del banco central para liquidaciones entre bancos y otras instituciones financieras.
La diferencia refleja algunas de las dificultades que aparecen cuando una moneda digital pasa del laboratorio al bolsillo del ciudadano.
Privacidad y control, el otro gran debate
Una de ellas es la privacidad.
Si el efectivo permite realizar determinadas operaciones sin generar un registro centralizado de cada transacción, una moneda completamente digital obliga a decidir quién puede acceder a los datos y bajo qué circunstancias.
No es una preocupación secundaria. Una investigación del BIS sobre el diseño de CBDC concluyó que la protección de la privacidad puede influir significativamente en la disposición de los ciudadanos a utilizar este tipo de dinero.
Una eventual moneda digital argentina tendría, por tanto, que resolver cuestiones que van mucho más allá de blockchain o de la arquitectura tecnológica.
¿Podría el Banco Central conocer todas las transacciones? ¿Qué información conservarían los intermediarios? ¿Existirían operaciones con un grado de privacidad similar al efectivo? ¿Qué datos podrían solicitar las autoridades?
La Fundación Blockchain Argentina reconoce precisamente que una iniciativa de estas características necesitaría reglas claras, instituciones sólidas y un debate que incorpore dimensiones económicas, jurídicas, tecnológicas y sociales.
¿Qué papel tendrían los bancos?
Existe todavía otra cuestión.
Si ciudadanos y empresas pudieran mantener directamente grandes cantidades de dinero digital emitido por el Banco Central, una parte de los fondos actualmente depositados en bancos comerciales podría desplazarse hacia la CBDC.
Esto obliga a estudiar cuidadosamente su diseño para evitar efectos no deseados sobre la financiación bancaria y la estabilidad financiera.
Por esa razón, diferentes proyectos internacionales han analizado mecanismos como límites máximos de tenencia o modelos en los que las entidades financieras continúan desempeñando un papel de intermediación.
La moneda digital puede cambiar la tecnología del dinero sin eliminar necesariamente la arquitectura institucional que existe alrededor de él.
Argentina vuelve a una discusión que nunca terminó
La Fundación Blockchain Argentina propone ahora incorporar al debate al sector público, empresas, universidades, especialistas y sociedad civil.
No plantea un modelo cerrado ni una implementación inmediata. Su propuesta consiste en recuperar una discusión que el desarrollo de stablecoins, la tokenización y los proyectos internacionales de CBDC han transformado considerablemente durante los últimos años.
El contexto argentino añade además una peculiaridad.
El BCRA reconoce que la economía atraviesa una situación de elevada dolarización, mientras intenta recuperar la demanda de moneda nacional y reforzar la credibilidad de su política monetaria.
Por eso, la pregunta quizá no sea únicamente si Argentina dispone de la tecnología necesaria para emitir un peso digital.
La tecnología existe y numerosos bancos centrales están experimentando con ella.
El verdadero desafío sería conseguir que digitalizar el peso aportase razones para utilizarlo que vayan más allá de cambiar el soporte en el que circula.
Porque convertir una moneda en digital puede transformar radicalmente la forma en la que se mueve.
Conseguir que los ciudadanos vuelvan a confiar en ella como reserva de valor es un problema diferente.

