La semana pasada, el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, estuvo de visita en Gran Bretaña, donde incluso participó en un banquete de Estado ofrecido en su honor con el Rey Carlos III de Inglaterra de anfitrión en el Castillo de Windsor. A esta cena asistieron representantes de las Big Tech y de Wall Street, en una actividad que formó parte de una visita de Estado que se extendió por dos días.
En este banquete se pudieron observar figuras como Tim Cook, CEO de Apple, Jensen Huang, CEO de Nvidia, Satya Nadella, CEO de Microsoft e incluso a Sam Altman, CEO de OpenAI, los cuales junto a otros miembros de las Big Tech, estuvieron de visita para estrechar lazos con Reino Unido en todas las esferas.
Sin embargo, lo más destacado es que fruto de esta visita, Estados Unidos y el Reino Unido han anunciado la creación de la Fuerza de Tarea Transatlántica para supervisar los Mercados del Futuro, lo que ha sido descrito desde ya como una maniobra de Trump que podría redefinir el futuro de la economía digital global.
Esta Fuerza de Tarea Transatlántica, fue aprobada directamente por la ministra de Finanzas británica, Rachel Reeves y el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent la semana pasada.
Este nuevo grupo de trabajo, destinado a alinear la regulación de los mercados de capitales y, de forma crucial, el sector de las criptomonedas, es más que un simple acuerdo diplomático; es un intento audaz de construir un puente regulatorio entre dos de los centros financieros más influyentes del mundo.
No obstante, el desafío, es monumental, porque si bien es cierto que ambos países comparten una historia, un idioma y un sistema legal de “common law” que a primera vista sugiere una fácil colaboración, en la práctica sus enfoques regulatorios para los activos digitales son sorprendentemente distintos.
De allí que para los analistas surja la gran pregunta: ¿Podrán Estados Unidos y Reino Unido encontrar un terreno común sin sacrificar la soberanía de sus mercados ni sofocar la innovación que tanto promueven? Y esto está por descubrirse porque son dos sistemas algo diferentes, que se enfocarán en un mismo objetivo.

A primera vista, el anuncio parece un movimiento natural, ya que la relación económica entre Estados Unidos y el Reino Unido es una de las más fuertes del mundo, y la cooperación en materia de ciberseguridad y finanzas tradicionales es rutinaria. Sin embargo, en el ámbito de las criptomonedas, las diferencias son profundas.
Estados Unidos, bajo la tutela de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, «por sus siglas en inglés») y la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos (CFTC, «por sus siglas en inglés»), ha adoptado un enfoque desde la llegada de Trump mucho más abierto que se centra en la iniciativa “Proyecto Crypto”, que busca modernizar las normas de valores y establecer un marco regulatorio claro que fomente la innovación en el sector.
La SEC, liderada ahora por Paul S. Atkins, reitera que la mayoría de los criptoactivos no son valores, y promueve la autocustodia como un derecho fundamental. Su objetivo es establecer normas claras para los activos digitales, promoviendo la innovación en blockchain y fortaleciendo el liderazgo global del país en las finanzas digitales globales, convirtiendo a EEUU en la capital cripto del mundo.
Para lograr su objetivo, utiliza las recomendaciones de los informes del Grupo de Trabajo del Presidente (PWG, «por sus siglas en inglés»), el cual funciona como un órgano consultivo del gobierno de Estados Unidos, en el que la SEC colaboró activamente, con un enfoque de modernización de la regulación financiera del país.
Al otro lado del Atlántico, en Reino Unido, las autoridades han optado por un camino más pragmático, conservador y proactivo. La Autoridad de Conducta Financiera (FCA, «por sus siglas en inglés») ha buscado un equilibrio entre la protección del consumidor y la promoción de la innovación.
El gobierno británico ha declarado abiertamente su ambición de convertir al país en un “centro de tecnología cripto”, y ha propuesto un régimen regulatorio específico para los activos digitales, incluyendo marcos para stablecoins y servicios de staking que quizás son menos abiertos de lo que se puede observar en Estados Unidos.
Es por ello que el reto, es literalmente la alineación de ambas visiones, por lo que la Fuerza de Tarea Transatlántica enfrenta un desafío de proporciones épicas, para conciliar estos dos enfoques diametralmente opuestos.
De hecho, la primera gran barrera es la clasificación de los activos. Aunque la nueva SEC se ha alejado de la posición de que “casi todo activo digital es un valor”, de la época de Gary Gensler, aún deben definir marcos claros que concilien las diferentes categorizaciones que ambos países puedan tener para ciertos tokens o protocolos.
Ambos países buscan proteger a sus ciudadanos, pero sus métodos de Protección al inversor difieren, ya que las autoridades de Reino Unido se han preocupado más por la protección del inversor minorista a través de regulaciones específicas para la publicidad y las plataformas de trading, lo que no existe en el otro lado del Atlántico.

La SEC de Atkins, por su parte, se enfoca en crear reglas claras para que las empresas puedan prosperar sin la amenaza constante de litigios, por lo que deben encontrar un terreno común para estos enfoques funcionen, lo que será crucial en el éxito de esta Fuerza de Tarea Transatlántica.
Otro punto de especial interés es el de la autocustodia, un derecho que Atkins ha promovido desde su llegada a la SEC. Y es que, el presidente de la Comisión ha eliminado obstáculos regulatorios que dificultaban a las empresas de custodia operar con criptoactivos, enviando una señal clara de apoyo a la innovación y a la libertad de los inversores.
Por lo que esta postura pro-autocustodia será un punto clave de la agenda en las discusiones transatlánticas. Finalmente, otro aspecto crucial es la innovación vs. seguridad, una de las más eternas dicotomías.
Por un lado, las empresas cripto en Estados Unidos se quejan de que la falta de claridad regulatoria frena la innovación, mientras que por el otro, en el Reino Unido se ha intentado crear una “caja de arena” regulatoria para permitir la experimentación controlada.
¿Podrá la Fuerza de Tarea Transatlántica crear un modelo que fomente la innovación sin comprometer la seguridad y la integridad del mercado? Probablemente, sí. A pesar de los desafíos, la iniciativa podría ser la gran oportunidad que el sector cripto de ambos países ha estado esperando.
Una alineación exitosa no solo facilitaría el flujo de capital e ideas entre las dos naciones, sino que también podría sentar un precedente para una regulación global coordinada. En un mundo donde el blockchain no conoce fronteras, un enfoque transatlántico podría ser el primer paso hacia una gobernanza global más coherente.
La tarea no será fácil, y las expectativas son altas. Si la Fuerza de Tarea Transatlántica logra sortear las diferencias políticas y regulatorias, podría cimentar el liderazgo de Estados Unidos y el Reino Unido en la economía digital. Pero si fracasa, el sector cripto podría fragmentarse aún más, y la promesa de un futuro financiero unificado podría desvanecerse en el horizonte.
El mundo está observando, esperando ver si el puente sobre el Atlántico se construye, o si la brecha reguladora se hace aún más ancha, por lo que, los próximos 180 días serán clave para desvelar el destino de esta audaz colaboración.

