Con más de 5,4 millones de descargas de apps cripto en 2025 y una preferencia cada vez más marcada por USDT y USDC, el mercado local dejó de mirar a las billeteras sólo como refugio de valor
Las wallets cripto dejaron de ser un juguete para traders, en América Latina, el ecosistema movió casi u$s1,5 billones entre julio de 2022 y junio de 2025, con una curva que se aceleró fuerte a fines de 2024 y comienzos de 2025. En ese mapa, la región ya no aparece sólo como “promesa”: es uno de los polos más dinámicos del mundo. Y Argentina, lejos de correrse, siguió consolidando su lugar: en el Índice Global de Adopción 2025 de Chainalysis quedó en el puesto 20 a nivel mundial, mientras Brasil se ubicó 5°, lo que confirma que el Cono Sur se volvió una plaza central para entender el nuevo negocio de pagos, ahorro y transferencias sobre rieles cripto.
En ese recorrido, Satoshi Tango ocupa un lugar singular. La compañía opera desde 2014, nació con Matías Bari, Nicolás Loterspil y Mariano Craiem como cofundadores, y fue una de las primeras plataformas locales en transformar la compraventa de bitcoin en una experiencia accesible para usuarios masivos.
Hoy, la firma reporta presencia en tres países, más de 800.000 usuarios alcanzados, más de 936.000 operaciones trimestrales y una oferta de más de 20 criptomonedas, bastante lejos de aquella etapa inicial en la que el desafío era, simplemente, explicar qué era Bitcoin.
El exchange clásico mutó hacia un ecosistema con varias capas: compra y venta de cripto, portfolio, stablecoins para dolarizarse, rendimientos diarios acreditados en la misma moneda y sin bloqueo de fondos, soporte 24/7, seguridad con biometría y segundo factor de autenticación.
A eso se le sumó una pata cada vez más visible de pagos: la posibilidad de operar con QR, usar Pix en Brasil desde la app y hasta abonar con USDT en experiencias vinculadas a QR con cashback en Tether Gold. El mensaje de fondo es claro: la wallet ya no se vende sólo como puerta de entrada al mercado, sino como interfaz cotidiana entre pesos, dólares digitales y consumo real.
“Hace diez años la conversación pasaba por convencer a la gente de que bitcoin existía y podía tener valor. Hoy el usuario nos exige otra cosa: que esa tecnología le resuelva la vida, le cuide el ahorro y además le permita pagar, viajar o mover plata con menos fricción”, Matías Bari, CEO de Satoshi Tango.
Ese corrimiento del “cripto como apuesta” al “cripto como herramienta” se ve con nitidez en Argentina. El reporte 2025 de Lemon señaló que el país registró 5,4 millones de descargas de apps cripto durante 2025, mientras que el promedio de usuarios activos mensuales fue cuatro veces mayor al del ciclo alcista de 2021 y 20% superior al de 2024.
El propio informe remarca que en la Argentina las stablecoins empezaron como cobertura frente a inflación y devaluación, pero hoy se usan cada vez más como infraestructura financiera para mover, recibir y usar dinero. Esa lectura dialoga con la literatura académica: un paper publicado en 2024 en el Journal of Strategy and Management analizó el caso argentino y destacó la relevancia de las stablecoins en economías de alta inflación como instrumento de resguardo del poder adquisitivo.
No es casual, entonces, que las monedas estables dominen el comportamiento del usuario local. Chainalysis detectó que, entre julio de 2024 y junio de 2025, las compras de stablecoins explicaron más de la mitad de las adquisiciones en exchanges cuando el ingreso se hace desde pesos argentinos, reales brasileños o pesos colombianos.
Y cuando se baja al detalle argentino, la foto es todavía más elocuente: un informe privado sobre el primer semestre de 2025 mostró que el 85% de las compras en Argentina fueron stablecoins; dentro de ese bloque, USDT concentró 78% y USDC otro 7%, mientras que bitcoin quedó muy por detrás con 4%. En otras palabras, el usuario promedio argentino entra al mundo cripto, antes que nada, buscando dólar digital.
Ahí aparece otra clave para leer el presente de Satoshi Tango. Su menú de activos acompaña exactamente esa lógica de uso. En la vidriera conviven BTC y ETH como referencias del mercado; USDT, USDC y DAI como instrumentos de dolarización y liquidez; y activos como ADA, SOL, XRP y otros tokens para usuarios con un perfil más inversor. Pero la dinámica local deja una señal contundente: el corazón del negocio, al menos en Argentina, ya no pasa por perseguir la próxima suba de una altcoin, sino por ofrecer una experiencia simple para dolarizarse, girar valor, cobrar o pagar con menos fricción que en el sistema tradicional.
La tendencia no se limita al segmento retail. Un reporte de PCMI destacó en 2024 que los pagos con stablecoins alcanzaron u$s4,7 billones en los doce meses previos a octubre de ese año y que el volumen se multiplicó por diez desde 2020. En paralelo, informó en 2025 que el volumen operado con stablecoins por clientes institucionales más que se duplicó entre el segundo semestre de 2024 y el primero de 2025, con un avance muy fuerte entre proveedores de servicios de pago y verticales como gaming. Es decir, el fenómeno que en Argentina nació como cobertura minorista hoy también se está convirtiendo en infraestructura de tesorería, comercio exterior y pagos transfronterizos en toda la región.
En la Argentina, además, el salto del mercado vino acompañado por una capa mayor de formalización. La CNV informó que, desde el 26 de mayo de 2025, las solicitudes de inscripción y cancelación en el Registro de Proveedores de Servicios de Activos Virtuales deben tramitarse vía TAD, después de la puesta en vigencia de la Resolución General 1058. Para una industria que durante años convivió con gris regulatorio, el cambio es relevante: no resuelve todo, pero marca que el negocio dejó de estar en la periferia y pasó a ser observado como una pieza más del sistema financiero ampliado.
“Lo que viene no es una discusión entre cripto sí o cripto no. La discusión real pasa por qué plataforma logra integrar mejor seguridad, cumplimiento y usabilidad para un usuario que ya no quiere ‘probar’, sino operar todos los días”, podría plantear Bari, en línea con el momento que atraviesa el sector.
Para Satoshi Tango, el desafío de 2026 parece menos vinculado a evangelizar y mucho más a ejecutar. Ya no alcanza con ofrecer acceso a bitcoin o abrir una cuenta en minutos. La vara subió: el usuario argentino quiere stablecoins para defender ingresos, QR para pagar, soluciones para viajar, liquidez inmediata, experiencia mobile y menos fricción entre su dinero local y su dinero digital. En ese escenario, la plataforma que antes era vista como un exchange pionero hoy juega otro partido: el de convertirse en una billetera financiera integral en una región donde la criptoeconomía dejó de ser excepcional y empezó a mezclarse con la vida cotidiana.

