Llegó Rektember y el riesgo macroeconómico eclipsa el mejor agosto de Bitcoin en años

Llegó Rektember y el riesgo macroeconómico eclipsa el mejor agosto de Bitcoin en años

El mercado de activos digitales ha vuelto a cruzar el umbral de septiembre con la guardia en alto porque para la comunidad cripto, el noveno mes del año evoca de inmediato el fantasma de Rektember, una etiqueta nacida del análisis estacional que describe la marcada tendencia de Bitcoin a registrar retornos negativos en este periodo.

Sin embargo, en esta oportunidad, reducir la cautela del mercado a un simple patrón estacional o a una profecía autocumplida sería ignorar las profundas placas tectónicas macroeconómicas y los flujos de liquidez on-chain que están reestructurando el panorama financiero global.

Bitcoin comenzó septiembre cotizando por debajo de la marca de los 77.000 dólares, revirtiendo parte de la sólida revalorización del 25% experimentada durante agosto —el mejor desempeño para ese mes desde 2017 y el más sólido desde finales de 2024—.

No obstante, la euforia impulsada por el rally veraniego se ha topado de frente con una combinación de factores clave que están afectando el comienzo de mes del mercado de criptomonedas, empujando hacia la baja.

Factores que van desde el endurecimiento monetario, las tensiones geopolíticas en Oriente Medio entre Estados Unidos e Irán, en Eurasia por el conflicto entre Ucrania y Rusia e incluso entre Alemania y algunos países de Europa con Rusia otra vez, junto a una clara salida de capital por parte de los tenedores de gran capitalización.

Detrás del movimiento de precios, los datos en la cadena de bloques revelan una narrativa de distribución y aversión al riesgo, ya que durante los últimos 30 días, la salida diaria promedio desde carteras que albergan más de 10.000 BTC se incrementó en un 45%, alcanzando un volumen de 1,2 millones de BTC.

En contraste, las entradas hacia las diez principales direcciones de acumulación cayeron un 60%, registrando apenas 0,3 millones de BTC diarios, en una divergencia que se ve acentuada por una reducción del 12% en el promedio móvil de 30 días del volumen total transaccionado en la red.

 


El diagnóstico que se desprende de la métrica en cadena de Coinglass, revela que los inversores institucionales y las carteras de gran escala han iniciado un proceso de retiro de liquidez sensiblemente más veloz que el del sector minorista.

Históricamente, los episodios prolongados de contracción en la actividad de las ballenas han precedido fases de corrección prolongadas. Por ejemplo, en agosto de 2017, una dinámica similar de fuga de capitales preparó el terreno para un retroceso cercano al 20% en septiembre.

Si el ritmo de salidas actual mantiene su inercia, el mercado podría enfrentarse a un ajuste de magnitud equivalente antes de consolidar un suelo firme. Sin embargo, más allá de los parámetros internos de la red, el catalizador principal de la presión vendedora proviene de la política monetaria de la Reserva Federal.

Las recientes declaraciones de su presidente, Kevin Warsh, durante el simposio de Jackson Hole, enfriaron el optimismo de los inversores al ratificar que la inflación subyacente —medida por el indicador PCE en 3,7% interanual— continúa lejos del objetivo del 2%.

El mensaje de Warsh recalibró de inmediato las expectativas de las mesas de dinero, como lo demostró la herramienta CME FedWatch pasó a reflejar una probabilidad del 66% para una subida de 25 puntos básicos en la tasa de interés oficial durante la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, «por sus siglas en inglés») prevista para el 16 de septiembre, situando el rango objetivo en 3,75%-4,00%.

La respuesta del mercado de renta fija no se hizo esperar. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años escaló hasta rozar el 4,8%, registrando máximos no vistos desde enero de 2025.

Un entorno de mayores tasas de interés e incrementos en los rendimientos soberanos fortalece al dólar e incrementa el costo de oportunidad de mantener activos que no devengan intereses, afectando por igual a las criptomonedas y a metales preciosos como el oro.

A esta ecuación monetaria se suma el factor energético ya que el repunte de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán y los riesgos sobre el tránsito petrolero en el estrecho de Ormuz impulsaron la cotización del crudo WTI por encima de los 90 dólares por barril.

 


De hecho, la amenaza latente de una nueva ola inflacionaria vinculada a la energía le otorga a la Fed de Warsh, un argumento adicional para extender su postura restrictiva para intentar controlar la inflación para hacerla llegar al objetivo del 2% anual al menos en el primer trimestre de 2027, lo que no será fácil.

El retroceso técnico de Bitcoin también responde a una lógica de toma de beneficios tras el impulso de agosto, porque tras rozar la barrera de los 80.000 dólares, el mercado encontró una resistencia considerable.

Ni siquiera la reanudación de compras por parte de tesorerías corporativas emblemáticas como Strive y Strategy que conjuntamente compraron más de 512 millones de dólares para adquirir casi 6.400 BTC, logró contener la corriente vendedora generalizada en los mercados.

Strategy, el mayor comprador y tenedor de Bitcoin a nivel de tesorería empresarial redujo su deuda neta a cero y fortaleció sus reservas en efectivo, pero la demanda de este tipo de actores no ha sido suficiente para neutralizar las salidas netas registradas en los Fondos Cotizados en Bolsa (ETF) de Bitcoin en el mercado al contado.

Por el contrario, el segmento de finanzas descentralizadas y los ETF orientados a Ethereum han mostrado cierta resiliencia, manteniendo flujos de entrada positivos que sugieren una rotación selectiva dentro del ecosistema digital, a la par que infraestructuras institucionales y redes de emisión de monedas estables continúan su avance técnico.

Ante este escenario complicado, Septiembre se perfila nuevamente como un campo de prueba decisivo para la estructura del mercado cripto, por lo que el desenlace de Rektember dependerá de si la retirada de liquidez on-chain encuentra un punto de inflexión o si, por el contrario, los próximos datos macroeconómicos confirman un escenario de tasas elevadas por más tiempo.

Las fechas clave ya están marcadas en la agenda de los analistas, como la publicación de las cifras de empleo no agrícola en Estados Unidos que ofrecerá la primera pista sobre el margen de maniobra del banco central.

Igualmente, está pendiente en el calendario, la decisión del FOMC para el 16 de septiembre que dictaminará si el mercado enfrenta una corrección profunda o si sienta las bases para la habitual recuperación del último trimestre del año.

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