Una vulnerabilidad en la generación de determinadas semillas redujo durante años la aleatoriedad de las claves. El incidente demuestra que mantener una hardware wallet desconectada no elimina todos los riesgos asociados a la custodia de Bitcoin
La autocustodia es uno de los principios fundamentales de Bitcoin. Mantener las claves privadas bajo control del usuario, utilizar una hardware wallet y conservar la frase de recuperación fuera de Internet constituyen algunas de las principales recomendaciones para reducir el riesgo de perder los fondos.
Pero un grave fallo descubierto en determinadas versiones de Coldcard ha puesto sobre la mesa una realidad más compleja: una clave privada puede estar perfectamente protegida y, aun así, ser vulnerable si el proceso utilizado para crearla no contó desde el principio con suficiente aleatoriedad.
El problema afectó a determinadas semillas generadas mediante versiones de firmware de las hardware wallets Coldcard y permaneció oculto durante años. A finales de julio comenzaron a detectarse movimientos de fondos asociados a billeteras potencialmente afectadas, desencadenando una investigación sobre el origen del incidente.
La red Bitcoin no fue vulnerada.
El problema se encontraba mucho antes en la cadena de seguridad: en el proceso utilizado para generar las semillas de las que posteriormente se derivan las claves privadas.
“Este caso no demuestra que Bitcoin haya fallado. Lo que muestra es que la infraestructura que usamos para proteger las llaves también puede fallar. Son dos cosas completamente distintas y es fundamental separarlas para no sacar conclusiones equivocadas”, explica Matías Bari, CEO y cofundador de Satoshi Tango.
Una clave offline también puede ser vulnerable
La seguridad de una clave privada depende en buena medida de la entropía utilizada durante su creación. Simplificando el concepto, cuanto mayor sea la aleatoriedad empleada para generarla, más difícil resultará para un atacante encontrarla mediante métodos automatizados.
Según la información publicada sobre el incidente, errores relacionados con una migración de software realizada en 2021 provocaron que determinadas semillas creadas por Coldcard no utilizaran correctamente la fuente de aleatoriedad de hardware prevista.
La consecuencia fue especialmente grave en algunos dispositivos.
Semillas que deberían disponer de aproximadamente 128 bits de entropía habrían quedado reducidas, en los casos más comprometidos, a alrededor de 40 bits en determinados modelos Mk2 y Mk3 y a unos 72 bits en equipos posteriores.
Reducir de esta manera el universo de posibilidades transforma radicalmente el problema para un atacante. En lugar de intentar adivinar una clave generada correctamente —algo computacionalmente inviable en condiciones normales— puede concentrar la búsqueda sobre un conjunto muchísimo menor de candidatos.
Y hay un aspecto especialmente preocupante: el ataque puede realizarse sin tener acceso físico a la hardware wallet.
El dispositivo puede permanecer desconectado de Internet y la frase de recuperación puede no haber sido compartida nunca. Si la semilla fue generada originalmente con una entropía insuficiente, la vulnerabilidad ya existe.
“La seguridad empieza en el momento mismo de la generación de la clave”, resume Bari.
Actualizar el firmware no es suficiente
Coldcard ha publicado firmware destinado a corregir el problema en la generación de nuevas semillas. Sin embargo, una actualización no puede aumentar retroactivamente la aleatoriedad de una clave creada anteriormente.
Esta diferencia resulta fundamental.
Si una seed fue generada bajo condiciones vulnerables, copiar las mismas palabras de recuperación a otro dispositivo tampoco resuelve el problema. La debilidad no reside necesariamente en el hardware que actualmente guarda la clave, sino en el secreto que se creó originalmente.
La recomendación para los usuarios potencialmente afectados pasa por comprobar el modelo, la versión de firmware utilizada y las circunstancias en las que se generó la seed. Cuando exista riesgo, el procedimiento consiste en actualizar el dispositivo, generar una frase de recuperación completamente nueva y trasladar posteriormente los fondos a las nuevas direcciones.
“Not your keys” no significa ausencia de riesgo
El incidente recupera inevitablemente uno de los debates históricos de Bitcoin.
La expresión “not your keys, not your coins” nació como una advertencia sobre los riesgos de mantener criptomonedas en exchanges o plataformas donde un tercero controla las claves privadas.
La autocustodia elimina buena parte de ese riesgo de contraparte, pero no hace desaparecer el riesgo de custodia. Lo traslada al usuario, al hardware, al software y a los procedimientos utilizados para proteger los fondos.
Una hardware wallet puede sufrir errores de firmware. Una copia de seguridad puede perderse. Una passphrase puede olvidarse. Una seed puede quedar expuesta o, como demuestra este caso, haber sido generada originalmente con una debilidad difícil de detectar.
“La discusión madura no es ‘exchange o hardware wallet’ como si hubiese una respuesta universal. La pregunta correcta es qué riesgos entiende cada usuario, cuáles puede administrar y qué solución es adecuada para el monto y el uso que va a darle a sus activos”, señala Bari.
La autocustodia continúa ofreciendo una ventaja fundamental: permite al propietario controlar directamente sus activos sin depender de la solvencia o comportamiento de un intermediario. Pero ese control lleva asociada una responsabilidad considerablemente mayor.
Una lección para toda la industria
El caso Coldcard también plantea preguntas para los fabricantes de hardware wallets.
Que un proyecto utilice software abierto permite que investigadores independientes revisen su código, pero el código abierto no garantiza por sí mismo la ausencia de vulnerabilidades.
Dependencias, configuraciones, procesos de compilación, firmware e integraciones también forman parte de la superficie de seguridad.
Por eso, además de transparencia, la industria necesita auditorías independientes, procesos reproducibles, pruebas continuas y mecanismos de respuesta capaces de actuar rápidamente cuando aparece una vulnerabilidad.
El usuario final difícilmente puede revisar personalmente todos los componentes que intervienen en la generación y protección de sus claves.
La autocustodia no termina al comprar una hardware wallet
Para cualquier usuario de Bitcoin, el incidente deja una enseñanza que trasciende a Coldcard.
Mantener las claves privadas fuera de Internet continúa siendo una medida de seguridad esencial, pero debe formar parte de una estrategia más amplia. Firmware procedente exclusivamente de fuentes oficiales, copias de seguridad correctamente protegidas, comprobación de las direcciones antes de realizar transferencias y pequeñas operaciones de prueba antes de mover cantidades importantes siguen siendo prácticas fundamentales.
Para patrimonios elevados también pueden contemplarse arquitecturas multifirma, capaces de reducir la dependencia de una única clave o dispositivo.
Coldcard no demuestra que la autocustodia haya dejado de ser segura ni que guardar Bitcoin mediante terceros sea necesariamente una alternativa mejor.
Demuestra algo bastante más importante: poseer las claves privadas no elimina el riesgo de custodia, sino que cambia quién debe administrarlo.
Bitcoin siguió funcionando exactamente como estaba diseñado. La vulnerabilidad apareció en una de las herramientas construidas alrededor de la red.
Y esa distinción deja una lección especialmente relevante para un ecosistema donde las transacciones válidamente firmadas son irreversibles: una clave privada es tan segura como el proceso mediante el cual fue creada.

