Pagar con criptomonedas en una tienda lleva años siendo posible.
Pero casi siempre había un pequeño secreto detrás de la experiencia.
Aunque el cliente utilizara una tarjeta vinculada a Bitcoin, USDC u otro activo digital, buena parte de la infraestructura que procesaba la operación seguía siendo exactamente la misma que utilizamos cuando pagamos con euros.
Redes de tarjetas.
Procesadores.
Adquirentes.
Intermediarios.
Avolta acaba de poner en marcha en el aeropuerto de Zúrich un experimento que intenta eliminar buena parte de esa cadena.
Desde hoy, 9 de septiembre, hasta el 25 de septiembre de 2026, los viajeros pueden realizar compras con stablecoins directamente desde sus wallets mediante un código QR.
El dinero digital pasa de la wallet del comprador a Avolta utilizando blockchain.
Sin utilizar una red tradicional de tarjetas ni un proveedor intermediario de pagos.
El experimento no consiste simplemente en aceptar criptomonedas
Esta diferencia es fundamental.
Muchos comercios anuncian que aceptan criptomonedas cuando en realidad utilizan un proveedor que recibe el activo digital, realiza conversiones y posteriormente liquida la operación al comercio mediante infraestructura financiera convencional.
El piloto de Avolta plantea otra arquitectura.
Wallet-to-wallet.
Cliente.
Blockchain.
Comercio.
La transacción se liquida directamente entre ambas partes y los fondos pueden transferirse en cuestión de segundos.
Y ahí es donde el experimento empieza a resultar mucho más interesante para el futuro de los pagos.
El código QR sustituye al terminal tradicional
Desde el punto de vista del comprador, la experiencia intenta ser sencilla.
El cliente realiza una compra en la tienda Level 2 Duty Free del aeropuerto de Zúrich.
Selecciona stablecoin como método de pago.
Escanea un código QR.
Autoriza la operación desde su wallet.
La blockchain ejecuta la transferencia.
No es necesario introducir una tarjeta.
Tampoco existe necesariamente una red de tarjetas procesando la transacción por detrás.
Para el consumidor, el cambio puede parecer pequeño.
Para la infraestructura financiera, no lo es.
Las stablecoins empiezan a competir por la capa de pagos
Durante sus primeros años, las stablecoins encontraron principalmente tres grandes usos.
Trading de criptomonedas.
Transferencias internacionales.
Refugio digital frente a monedas locales inestables.
Ahora están intentando conquistar otro mercado mucho mayor.
Los pagos.
La propuesta resulta sencilla.
Una stablecoin combina algunas características del dinero tradicional con la infraestructura abierta de blockchain.
Puede mantener una referencia estable frente a una moneda fiduciaria.
Pero puede moverse globalmente, las 24 horas del día, utilizando redes blockchain.
El resultado es una especie de efectivo digital programable.
El verdadero rival no es Bitcoin
Cuando hablamos de pagos con criptomonedas suele aparecer inevitablemente Bitcoin.
Pero probablemente la gran competición en pagos cotidianos no se produzca entre Bitcoin y las tarjetas.
Puede producirse entre stablecoins y la infraestructura tradicional de pagos.
El motivo es la volatilidad.
Un comercio que vende un producto por 100 euros quiere recibir aproximadamente 100 euros.
No quiere descubrir unas horas después que el activo utilizado para pagar vale 94 o 107.
Las stablecoins eliminan buena parte de ese problema.
Y mantienen al mismo tiempo las características de transferencia de una blockchain.
¿Qué ocurre con los intermediarios?
Esta es probablemente la pregunta más interesante del piloto.
El sistema mundial de pagos está construido alrededor de múltiples participantes.
Bancos emisores.
Bancos adquirentes.
Procesadores.
Redes de tarjetas.
Proveedores de pagos.
Cada uno realiza una función.
Y cada uno puede cobrar una parte de la transacción.
Las stablecoins permiten imaginar una arquitectura diferente donde parte de esas funciones se ejecutan mediante software y blockchain.
Avolta lo explica precisamente como una prueba de transferencia directa de valor entre consumidor y comercio.
No significa que todos los intermediarios vayan a desaparecer.
Cumplimiento normativo, identidad, conversión de moneda, gestión de fraude y experiencia de usuario continuarán necesitando infraestructura.
Pero la cadena puede hacerse más corta.
Visa y Mastercard no van a quedarse mirando
La paradoja es que las propias redes de tarjetas llevan tiempo preparándose para este escenario.
Visa y Mastercard están desarrollando diferentes servicios relacionados con stablecoins, blockchain y liquidación de activos digitales.
Es lógico.
Si las stablecoins se convierten en una nueva infraestructura de dinero digital, las compañías de pagos intentarán integrarlas en lugar de enfrentarse a ellas.
La verdadera competición probablemente no será entre tarjetas y blockchain.
Será por decidir quién controla la experiencia de pago construida sobre blockchain.
Suiza se está convirtiendo en un laboratorio
El lugar donde se desarrolla el piloto tampoco parece casual.
Precisamente ayer, 8 de septiembre, comenzó en Suiza la fase de pruebas de otra iniciativa relacionada con stablecoins.
Nueve compañías —entre ellas UBS, PostFinance, Sygnum, Raiffeisen, Zürcher Kantonalbank, BCV, SIX y TWINT— están probando casos de uso de una stablecoin vinculada al franco suizo dentro de un sandbox.
Son dos experimentos diferentes.
Pero apuntan hacia la misma dirección.
Dinero moviéndose sobre blockchain.
Uno explora infraestructura financiera.
El otro lleva la tecnología directamente al consumidor.
El aeropuerto es un laboratorio especialmente interesante
Existe además una razón práctica para probar este sistema en un aeropuerto internacional.
Los viajeros son usuarios naturalmente multimoneda.
Llegan desde diferentes países.
Utilizan tarjetas emitidas por bancos diferentes.
Compran en otra moneda.
Y pagan comisiones o tipos de cambio que muchas veces ni siquiera perciben.
Una infraestructura basada en stablecoins puede reducir parte de esa complejidad.
La wallet puede convertirse en una capa financiera internacional que acompaña al usuario independientemente del país.
Eso convierte los aeropuertos en un escenario especialmente adecuado para probar pagos blockchain.
La gran prueba será la experiencia del usuario
La tecnología puede funcionar perfectamente y aun así fracasar comercialmente.
El consumidor no quiere pensar en blockchains.
Ni en gas.
Ni en redes.
Ni en direcciones.
Quiere pagar.
Si utilizar stablecoins requiere entender conceptos técnicos, probablemente seguirá siendo un producto minoritario.
Si la experiencia acaba reduciéndose a abrir una wallet, escanear un QR y confirmar, entonces la situación cambia.
La adopción masiva de blockchain probablemente llegará cuando el usuario deje de darse cuenta de que está utilizando blockchain.
El comercio puede ser el siguiente gran campo de batalla
Hasta ahora, buena parte de la revolución de las stablecoins se ha producido detrás de las pantallas.
Exchanges.
Trading.
Tesorería.
Pagos internacionales.
Liquidación institucional.
El piloto de Avolta lleva la tecnología delante del consumidor.
A una tienda.
A una caja.
A una compra normal.
Ese pequeño cambio de escenario puede resultar mucho más importante de lo que parece.
Porque la gran oportunidad de las stablecoins quizá no sea convencer al consumidor de que utilice criptomonedas.
Puede ser simplemente ofrecerle una forma más eficiente de utilizar dinero digital.
Y ahí aparece una pregunta incómoda para la industria tradicional de pagos.
Si un cliente puede transferir valor directamente desde su wallet al comercio en segundos, ¿cuántos intermediarios necesita realmente una transacción?
La respuesta no llegará mañana.
Pero desde hoy puede empezar a probarse en una tienda del aeropuerto de Zúrich.

