La tecnología Blockchain y la economía del Bien Común

La tecnología Blockchain y la economía del Bien Común

 

Por Jose Cosin

 

La semana pasada un comedor social llamado Er Banco Güeno que da de comer a 300 persona cada día, habilitó una cuenta de Bitcoin para poder recibir donaciones. Apenas recibimos dos donaciones que sumaron 0.03526 BTC, es decir 22,58 Euros. Esto me llevó a preguntarme si la tecnología Blockchain podría ayudarnos a disminuir la desigualdad y ayudar a una sociedad más justa y feliz. Permítanme compartir mis pensamientos.

 

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A nadie le es ajeno que el derecho a la propiedad sobre las cosas es la piedra angular sobre la que se construye la superestructura económica. Los romanos definieron tres clases del Derecho a la propiedad, la privada, la pública y la comunal. Los comunes son aquellos bienes, factores productivos o recursos cuyo beneficio, posesión o derechos de explotación pertenecen a un grupo determinado. No son públicos, porque no son de todos, ni privados, porque nadie tiene un derecho absoluto sobre el bien.

La economía del Bien Común intenta invertir la influencia de la economía en la sociedad, para que sean las personas las que determinen la forma de producir y distribuir la riqueza. Para ello a actividad económica debe servir a los intereses generales y en general al bien común o bien público. Esta idea no es nueva, ya aparece en la Constitución Española de 1976 en su artículo 33:

Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia. La función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes.

Y en particular, el artículo 128

Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.

Evidentemente, estos son los artículos más denostados por el liberalismo que aspira a imponer al mercado como única fuente de derechos y legitimad social. Debido a la prevalencia del mercado que ya expliqué, estas normas constitucionales tienen una fuerza menor a la de los agentes financieros, quienes delimitan el derecho a la propiedad e incluso definen lo que es el interés general, cuando en realidad es particular y de mercado.

¿Puede la tecnología Blockchain ser una herramienta para sustituir a la economía capitalista de mercado en una economía basada en el bien común?

Como cualquier innovación humana, dependerá del uso que le demos. La primera de sus aplicaciones, el Bitcoin, desde luego no lo será. Los motivos son muchos. La criptomoneda es un medio de pago, cuya implementación se basa en muchos casos en la codicia y el individualismo. Por ello atrae con tanta fuerza a los anarco-libertarios que piensan que el mercado debería imperar en todos los aspectos de nuestra vida. El Bitcoin puede mejorar la eficiencia en las relaciones económicas reduciendo los costes de las transacciones, tal y como los define el economista y premio Nobel Ronald H. Coase, al cambiar un sistema centralizado por un sistema distribuido que reduce significativamente tanto los riesgos como los costes en las transacciones al no ser necesaria la intervención de un nodo central en todas y cada una de las operaciones.

Blockchain es en esencia, una base de datos descentralizada que no sólo permite realizar transacciones económicas transparentes y eficientes, sino que permite la creación de relaciones y estructuras humanas que hasta ahora eran simplemente, inimaginables.

Cuando el economista Juan Ramón Rallo criticaba la economía del Bien Común daba tres argumentos:

  • Imposibilidad de objetivación del bien común.
  • Imposibilidad de coordinar la actividad económica de miles de millones de personas sin un sistema de mercado.
  • Defensa de la propiedad privada, en particular de su acumulación como recompensa a la clase empresarial, creadora de riqueza.

La irrupción de la tecnología Blockchain ha desvelado la falsedad de estos argumentos, gracias a Ethereum, que no sólo es una unidad de cuenta, el ether, es una comunidad autogestionada, transparente y autónoma.

Nadie puede objetivar el bien, puesto que todos partimos de nuestra subjetividad individual para definir el bien y el mal. Pero ahora si que podemos consensuar entre todos la definición de bien común, al tener herramientas que permiten conocer y participar a millones de personas, que se pueden equivocar, pero que será más difícil que lo hagan al definir el bien común que si lo hace un comité nombrado por unos pocos que además no pueden abstraerse de sus intereses individuales.

De la misma forma que podemos consensuar el bien común, podremos coordinar la actividad económica de miles de personas de forma eficiente sin necesidad de acudir al mercado, gracias a la teconologia implementada por Ethereum.

Cuando no se impida el acceso al mercado de los que tienen recursos, sino que este formado por toda la sociedad, sin exclusiones deja de tener sentido incentivar la acumulación de riqueza, que produce la desigualdad. Esto no significará que dejen de existir ricos y pobres. Desgraciadamente, la desigualdad forma parte de nuestras relaciones, como consecuencia de la naturaleza humana. Pero existirán nuevas formas de creación de riqueza, no relacionadas con el mercado, sino con aquellos valores que nosotros consensuemos como “Bien Común”. Se trata de premiar valores como la honestidad, el esfuerzo, o la sabiduría. Estos valores no cotizan en ningún mercado, pero son fundamentales para el progreso del ser humano. Por eso tienen tan poca importancia en una sociedad donde sólo imperan los valores que se pueden comprar y vender.

Blockchain permitirá desarrollar organizaciones humanas donde se valoren cualidades fundamentales del ser humano que son sistemáticamente devaluadas y despreciadas por los agentes de los mercados, resultando en mundo que todas conocemos.

Aunque la velocidad con la que se desarrollan los acontecimientos: más de mil tipos criptomonedas en circulación, la creación de organizaciones autogestionadas (DAO´s) completamente democráticas y transparentes, contratos fehacientes sin riesgo de incumplimiento… todo un mundo nuevo por descubrir. Pero cuidado, como decía Gramsci, cuando el viejo mundo se muere, pero el nuevo tarda en aparecer, entonces, surgen los monstruos.

 

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