El “Experimento Neerlandés” podría acabar con el Ahorro en criptomonedas y los Holders

El “Experimento Neerlandés” podría acabar con el Ahorro en criptomonedas y los Holders

En las calles de Ámsterdam y en los foros financieros donde hacen vida millones de inversores de toda Europa, hay una palabra que está destacando en las conversaciones, incluso con un eco de incredulidad y urgencia: “Box 3”.

Y es que, lo que para un ciudadano común podría parecer un código burocrático más, se ha convertido en el nombre de la reforma fiscal más impopular —y para muchos, agresiva— del siglo XXI, en el ámbito de las criptomonedas.

Para dar un poco de contexto, hay que explicar que la Cámara de Representantes de los Países Bajos, aprobó un proyecto del Impuesto sobre la Renta Real de la Caja 3 (Wet echt teruggang Box 3), que entrará en vigor el 1 de enero de 2028 y que amenaza con cambiar para siempre las reglas del juego para los inversores de criptomonedas.

Bautizado por analistas internacionales como el “experimento neerlandés”, este modelo no solo busca recaudar fondos para los políticos de turno, sino que además, busca redefinir la relación entre el Estado y la propiedad privada digital.

El corazón de la controversia es el concepto de ganancias no realizadas, que bajo el sistema tradicional de plusvalías, un ciudadano solo tributa cuando vende un activo y recibe dinero a cambio.

Básicamente, es el acto de “hacer caja” lo que genera la obligación fiscal para el contribuyente, sin embargo, los parlamentarios y el gobierno neerlandés han decidido romper este contrato social, cambiando radicalmente las reglas del juego.

El “Experimento Neerlandés” podría acabar con el Ahorro en criptomonedas y los Holders

De hecho, a partir de 2028, si usted posee Bitcoin ($BTC), Ethereum ($ETH) o cualquier activo digital, el fisco tomará una “fotografía” de su cartera cada fin de año, para compararla con la fotografía tomada el 1 de cada año.

Si el valor de sus activos subió, usted deberá pagar un 36% de impuesto sobre ese aumento, aunque no haya vendido ni una sola unidad de sus activos digitales. Es, en esencia, un impuesto sobre la esperanza porque ahora se tributará sobre una riqueza que solo existe en una pantalla y que, dada la volatilidad del sector, podría desaparecer a la mañana siguiente, como ha venido ocurriendo en los últimos 3 años.

Concretamente en un informe de la firma Deloitte, se señala que: “El principio subyacente a la Ley sobre el Rendimiento Real en la Casilla 3 es que el impuesto se recauda con base en el rendimiento real de los activos. Esto se basa en un impuesto sobre las ganancias de capital. Este impuesto se aplica anualmente tanto a los ingresos regulares (intereses, rentas y dividendos) como al crecimiento del valor (no) realizado de los activos”.

Es por ello, que la crítica más feroz de este “experimento” reside en la asfixia financiera que impone al pequeño inversor y a los ahorristas en activos digitales. Imagine a una persona que decidió volverse un ahorrador en cripto, un HODLer (“Hold On for Dear Life”) como se conoce en el ecosistema, que compró Bitcoin a 30.000 euros y ve cómo su activo sube a 90.000 en un año.

Su “ganancia contable” según la normativa aprobada por los políticos de los Países Bajos “Box 3”, es de 60.000 euros. Tras restar el pequeño umbral exento de 1.800 euros, se enfrenta a una factura fiscal de casi 21.000 euros.

El problema es que aquí surge la paradoja, porque si el inversor no tiene ese efectivo en su cuenta bancaria, se verá obligado a liquidar parte de sus activos para pagar el impuesto que a los miembros de la Cámara neerlandesa se les ocurrió que funcionará perfecto como sistema tributario.

El “Experimento Neerlandés” podría acabar con el Ahorro en criptomonedas y los Holders

El Estado, de forma indirecta, decide cuándo debes vender, arrebatándote la soberanía sobre tu estrategia de inversión a largo plazo, una maniobra que muchos ya comparan con la tributación de las antiguos sistemas feudales, donde el siervo debía entregar parte de su cosecha al señor, sin importar si esa cosecha era necesaria para su propia subsistencia futura.

No cabe duda, que el camino hacia esta ley no fue ideológico, sino pragmático y desesperado. El sistema anterior, que cobraba impuestos basados en rendimientos ficticios, fue demolido por el Tribunal Supremo neerlandés en sucesivas sentencias desde 2021. Los jueces dictaminaron que cobrar por ganancias que no existen violaba los derechos humanos de propiedad.

Irónicamente, la solución del gobierno para cumplir con la justicia ha sido crear un sistema que muchos consideran igual de injusto, a pesar de la urgencia presupuestaria de los Países Bajos, porque cada año que pasa sin un marco sólido para la “Casilla 3”, hace que el Tesoro pierda más de 2.000 millones de euros en reclamaciones y devoluciones, como lo dice un informe reciente elaborado por la firma Meijburg & Co. miembro de KPMG en los Países Bajos.

De allí que, los políticos de la Cámara neerlandesa han preferido la “simplicidad administrativa” de tasar el valor anual por encima de la complejidad de rastrear transacciones individuales en la blockchain para pasar a tasar un impuesto por una ganancia no realizada.

Lo que más indignación genera es la selectividad del castigo, ya que mientras que las criptomonedas, acciones y bonos serán tasados anualmente por sus ganancias no realizadas, los bienes raíces y las acciones de startups quedan exentos de este trato. De hecho, para el sector inmobiliario, el impuesto solo llegará en el momento de la venta.

Esta distinción ha levantado sospechas de un sesgo contra la nueva economía digital en favor de los activos tradicionales de las élites, haciendo de facto una especie “de cacería de brujas tecnológica”, como algunos analistas lo han comentado a otros medios, tras conocerse la votación.

Indudablemente, el riesgo de este experimento está en la posible fuga de cerebros y capitales que podría producirse antes de la entrada en vigor de dicha norma polémica. Vale recordar que en un mundo cada vez más hiperconectado, donde la residencia fiscal es el único ancla, los inversores neerlandeses ya miran de reojo a jurisdicciones como Portugal, Suiza o El Salvador.

 


El analista Michaël van de Poppe no ha dudado en calificar la medida como un “movimiento estúpido” que provocará una migración masiva de talento cripto. Incluso dentro de la coalición gobernante hay grietas por esta medida que no tiene ninguna lógica fiscal más que cobrar porque sí a los tenedores de activos digitales.

Partidos como el VVD y el CDA han prometido que este sistema es solo “temporal” y que el objetivo final es un impuesto a las ganancias realizadas para 2030, pero para el ciudadano de a pie, las promesas políticas suelen valer menos que un token sin utilidad o que un bono de dos (2) memecoins con valor de 0.00000000323 dólares cada una.

Si el Senado ratifica esta ley en las próximas semanas, los Países Bajos se convertirán en el laboratorio fiscal de Occidente, porque lamentablemente de quedar así, no cabe duda que muchos países europeos y del resto del mundo, se subirán al carro de destruir el ahorro en activos digitales.

Muchos analistas coinciden en esto, señalando que si la recaudación es exitosa y la protesta social se mantiene bajo control, es muy probable que otros países europeos, sedientos de nuevos ingresos para cubrir sus déficits, sigan el ejemplo.

El 2028 no es solo una fecha en el calendario fiscal; es el momento en que descubriremos si el “experimento neerlandés” es el futuro de la transparencia tributaria o simplemente la versión moderna de una subyugación que creíamos haber dejado atrás hace siglos.

Por ahora, el mensaje del gobierno de La Haya no es otro que en el mundo digital, tu propiedad nunca es totalmente tuya y para que lo sea, debes pasar por caja a pagar un precio.

Advertencia "La inversión en criptoactivos no está regulada, puede no ser adecuada para inversores minoristas y perderse la totalidad del importe invertido"