La inteligencia artificial está a punto de cruzar una frontera especialmente delicada. De recomendar qué comprar a tener capacidad para comprarlo.
Visa, Mastercard y Ant International han anunciado este 10 de septiembre una iniciativa conjunta para desarrollar estándares que permitan identificar y verificar a los agentes de inteligencia artificial autorizados para realizar compras en nombre de los usuarios.
La iniciativa recibe un nombre que probablemente escucharemos con frecuencia durante los próximos años.
Know Your Agent.
O KYA.
El concepto recuerda deliberadamente al Know Your Customer, KYC, utilizado por bancos y entidades financieras para identificar a sus clientes.
Pero esta vez quien necesita una identidad verificable no es una persona.
Es una inteligencia artificial.
De preguntar qué comprar a ordenar que lo compre
Los asistentes de IA actuales pueden comparar productos, buscar vuelos, recomendar hoteles o encontrar ofertas.
El siguiente paso consiste en permitirles terminar el trabajo.
Un usuario podría decir a su agente que encuentre un vuelo a Londres por menos de 200 euros, reserve un hotel próximo a una determinada dirección y pague ambas cosas si se cumplen ciertas condiciones.
El agente buscaría.
Compararía.
Decidiría.
Y ejecutaría las transacciones.
Es lo que la industria empieza a denominar agentic commerce.
Reuters explica que la iniciativa de Visa, Mastercard y Ant International aparece precisamente cuando la industria de pagos se prepara para esa transición desde agentes que realizan recomendaciones hacia agentes capaces de completar compras en representación del consumidor.
El problema no es pagar
Desde el punto de vista tecnológico, permitir que un programa envíe una orden de pago no resulta especialmente complejo.
La dificultad está en demostrar quién está detrás.
Imaginemos que una tienda recibe una orden de compra por 2.000 euros.
La solicitud no procede directamente del cliente.
Procede de un agente de IA.
El comercio necesita saber varias cosas.
¿Es un agente legítimo?
¿Quién lo autorizó?
¿Tiene permiso para realizar esa compra?
¿Hasta qué importe?
¿Puede utilizar ese medio de pago?
¿Ha sido manipulado?
¿Quién responde si algo sale mal?
La economía de agentes necesita resolver estas preguntas antes de poder escalar.
Know Your Agent quiere convertirse en el pasaporte de la IA
El framework KYA pretende proporcionar una capa común de confianza.
La idea es que redes de tarjetas, wallets digitales, plataformas de agentes y marketplaces puedan reconocer agentes de IA verificados entre diferentes ecosistemas.
Cada participante seguirá manteniendo sus propios procesos de aprobación y gestión de riesgos.
Pero existiría un lenguaje compartido para identificar al agente.
Es una pieza aparentemente técnica que puede resultar fundamental.
Internet permitió que cualquier dispositivo pudiera comunicarse con otro mediante estándares comunes.
La economía de agentes necesitará algo parecido.
Pero además tendrá que saber qué máquinas están autorizadas para mover dinero.
Visa, Mastercard y Ant ya tenían piezas del puzzle
Las tres compañías no parten desde cero.
Visa ha desarrollado Trusted Agent Protocol.
Mastercard trabaja con Verifiable Intent.
Ant International dispone de Agentic Mobile Protocol.
El nuevo esfuerzo intenta crear interoperabilidad entre esas arquitecturas.
Eso puede evitar uno de los principales riesgos de una tecnología emergente.
La fragmentación.
Si cada plataforma crea su propia identidad para agentes, los comercios y proveedores de pagos tendrían que integrar multitud de sistemas diferentes.
Un estándar interoperable podría reducir ese coste y acelerar el despliegue de nuevos servicios.
La identidad será tan importante como el dinero
Durante décadas, la infraestructura de pagos se concentró en verificar tarjetas, cuentas y personas.
La inteligencia artificial introduce un nuevo actor.
El agente.
Y puede obligar a crear una nueva cadena de identidad.
Persona.
Agente autorizado.
Comercio.
Proveedor de pagos.
Banco.
Cada transacción tendrá que mantener la relación entre esos participantes.
El sistema no solamente deberá demostrar que existe dinero suficiente.
También que la inteligencia artificial tenía permiso para gastarlo.
Las reglas pueden estar dentro del mandato
Esto abre posibilidades interesantes.
Un usuario podría autorizar a su agente con límites muy específicos.
Comprar únicamente vuelos.
Máximo 300 euros.
Nunca utilizar determinada compañía.
No realizar pagos fuera de Europa.
Solicitar confirmación para operaciones superiores a 100 euros.
La inteligencia artificial podría actuar autónomamente dentro de esas reglas.
La autorización deja así de ser simplemente un botón de «aceptar».
Puede convertirse en una política programable.
El fraude también tendrá agentes
Existe, naturalmente, otra cara.
Si agentes legítimos pueden realizar compras automáticamente, los sistemas fraudulentos también intentarán hacerlo.
Suplantación.
Manipulación de instrucciones.
Agentes falsos.
Credenciales robadas.
Transacciones no autorizadas.
El comercio agentivo obliga por ello a trasladar buena parte de la seguridad desde la interacción humana hacia la identidad criptográfica y los sistemas automatizados de gestión de riesgo.
El framework KYA pretende proporcionar precisamente mayor visibilidad sobre ese riesgo a las redes participantes.
Los pagos pueden dejar de comenzar en una tienda
Este cambio puede tener una consecuencia especialmente importante para el comercio electrónico.
Actualmente, el proceso suele empezar en el comercio.
El consumidor entra en Amazon, una aerolínea, una tienda o un marketplace.
Busca.
Compara.
Compra.
Con agentes de IA, el proceso puede empezar en otro lugar.
En la conversación con el asistente.
El usuario explica lo que necesita.
Y el agente recorre posteriormente los comercios para encontrarlo.
Eso modifica quién controla la relación con el consumidor.
Y puede alterar profundamente el valor de buscadores, marketplaces, publicidad y plataformas de comercio electrónico.
El botón comprar podría desaparecer
Si esta arquitectura funciona, incluso la interfaz tradicional del ecommerce podría cambiar.
No sería necesario visitar diez webs para comparar diez productos.
El agente podría consultar las diez.
Tampoco sería imprescindible rellenar repetidamente formularios de pago.
El agente dispondría de credenciales verificadas y permisos previamente definidos.
La experiencia podría reducirse a una instrucción.
«Encuentra la mejor opción y cómprala.»
En ese escenario, el botón comprar deja de ser necesariamente una acción humana.
Se convierte en una llamada entre máquinas.
La batalla por controlar el comercio agentivo acaba de comenzar
Las grandes compañías tecnológicas y financieras ya están posicionándose.
Redes de tarjetas.
Bancos.
Wallets.
Plataformas de IA.
Marketplaces.
Proveedores de identidad.
Todos pueden convertirse en piezas de esta nueva infraestructura.
Visa y Mastercard cuentan con una ventaja evidente.
Ya conectan miles de millones de credenciales de pago con millones de comercios.
Pero la economía agentiva también puede abrir espacio para nuevos protocolos y modelos de pago.
Stablecoins.
Wallets programables.
Pagos instantáneos.
Dinero tokenizado.
Precisamente por eso la convergencia entre inteligencia artificial y fintech puede resultar mucho más profunda que añadir un chatbot a una aplicación bancaria.
Singapur quiere ayudar a construir las reglas
La colaboración se desarrollará también mediante BuildFin.ai, una plataforma impulsada por la Monetary Authority of Singapore que reúne instituciones financieras, empresas tecnológicas e investigadores para desarrollar soluciones de IA aplicadas a los servicios financieros.
La participación regulatoria resulta especialmente relevante.
Un agente que recomienda una película puede equivocarse sin grandes consecuencias.
Un agente autorizado para gastar dinero necesita estándares muy diferentes.
Identidad.
Consentimiento.
Trazabilidad.
Responsabilidad.
Seguridad.
Y mecanismos claros para resolver disputas.
La próxima cuenta bancaria puede tener dos usuarios
Hasta ahora pensamos en nuestras cuentas y tarjetas como instrumentos utilizados por personas.
La IA puede cambiar esa relación.
El usuario seguirá siendo propietario del dinero.
Pero parte de su actividad económica podría delegarse en software.
Un agente podrá buscar.
Negociar.
Reservar.
Renovar suscripciones.
Gestionar facturas.
Y eventualmente pagar.
Eso convierte la autorización financiera en uno de los grandes problemas tecnológicos de la próxima década.
Porque la pregunta ya no será simplemente quién eres.
Será también qué inteligencia artificial tiene permiso para actuar como tú.
Visa, Mastercard y Ant International están intentando construir una respuesta.
Y si el comercio agentivo termina desarrollándose como espera la industria, Know Your Agent podría convertirse en algo tan cotidiano como hoy lo es identificar una tarjeta.
La revolución de los pagos con inteligencia artificial no llegará cuando una IA pueda recomendar qué comprar. Llegará cuando tenga identidad, autorización y confianza suficientes para comprarlo por nosotros.
Información sobre la iniciativa Know Your Agent

