Una nueva era financiera está por llegar con las stablecoins regionales

Una nueva era financiera está por llegar con las stablecoins regionales

El mundo está cambiando vertiginosamente hacia una nueva era que podría redefinir el panorama financiero global, con la llegada de las stablecoins regionales. Y es que, la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (SECMCA) ha puesto sobre la mesa una propuesta audaz y visionaria: la creación de una stablecoin regional.

Esta iniciativa, respaldada por un exhaustivo estudio liderado por el economista jefe de la SECMCA, Jorge Madrigal Badilla, no es meramente una exploración teórica, sino una hoja de ruta pragmática hacia una mayor estabilidad monetaria, una integración financiera más profunda y, en última instancia, un crecimiento económico sostenido para Centroamérica y la República Dominicana.

El estudio de Madrigal y su equipo profundiza en la viabilidad y los potenciales beneficios de una moneda digital estable denominada “peso centroamericano ($CA)”, anclada a una cesta de monedas o a un activo de reserva común.

Esta stablecoin estaría diseñada específicamente para las necesidades de los países miembros del Consejo Monetario Centroamericano: Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, y la República Dominicana.

La propuesta surge en un contexto global donde la digitalización de las finanzas avanza a pasos agigantados y las economías regionales de países en desarrollo, buscan mecanismos para mitigar los shocks externos y optimizar sus interacciones comerciales.

Básicamente, el corazón del estudio de Madrigal reside en la identificación de los desafíos persistentes que enfrentan las economías centroamericanas y dominicanas, particularmente la volatilidad cambiaria.

Las fluctuaciones entre las monedas locales a menudo actúan como un lastre para el comercio intrarregional, incrementando los costos de transacción, generando incertidumbre para los inversores y comerciantes, y erosionando los márgenes de ganancia.

Al proponer una stablecoin regional, el estudio plantea una solución directa a este problema. Una moneda digital con un valor estable eliminaría la necesidad de múltiples conversiones de divisas en transacciones transfronterizas, simplificando los procesos y reduciendo significativamente los costos asociados a las operaciones cambiarias.

Pero los alcances del estudio van más allá de la mera reducción de la volatilidad, ya que Madrigal y su equipo analizan cómo una stablecoin regional podría fomentar la integración financiera al ofrecer un medio de intercambio común y eficiente.

Según el estudio, la stablecoin propuesta facilitaría la armonización de los sistemas de pago y la interconexión de los mercados financieros de la región, un paso crucial hacia una verdadera unión económica.

También, podría impulsar el comercio intrarregional, gracias a que las transacciones serán más baratas, rápidas y predecibles, por lo que las empresas de la región se verían incentivadas a comerciar más entre sí, fortaleciendo las cadenas de suministro locales y regionales y reduciendo la dependencia de mercados externos.

Igualmente, serviría para promover la inclusión financiera en la región. El estudio señala que las monedas digitales en general tienen el potencial de alcanzar a poblaciones no bancarizadas o sub-bancarizadas, ofreciéndoles acceso a servicios financieros básicos como pagos, remesas y ahorros de manera más eficiente y a menor costo que los sistemas tradicionales.

Es por ello que el estudio explora cómo una stablecoin regional podría ser un vehículo para democratizar el acceso a las finanzas. Asimismo, sería capaz de mejorar la eficiencia de las remesas en la región, las cuales son una fuente vital de ingresos para muchas familias.

De allí que, una stablecoin podría ofrecer un canal más rápido y económico para el envío y recepción de fondos, beneficiando directamente a millones de personas, mientras de igual forma, fortalece la resiliencia macroeconómica de Centroamérica y República Dominicana.

En concreto, esta stablecoin al reducir la exposición a la volatilidad de divisas extranjeras y fomentar el comercio interno, las economías de la región podrían volverse más resilientes frente a shocks externos, construyendo una base más sólida para el crecimiento a largo plazo.

El estudio de Madrigal y su equipo, observa las ventajas de una stablecoin regional se extienden más allá de las fronteras de Centroamérica y la República Dominicana, beneficiando también a los países que mantienen estrechas relaciones comerciales con la región.

El Consejo Monetario Centroamericano (CMCA) es un órgano del Subsistema de Integración Económica del Sistema de Integración Centroamericana creado el 25 de febrero de 1964, con carácter de consejo sectorial de ministros y con autonomía funcional en el ejercicio de sus competencias para proponer y ejecutar las acciones necesarias para lograr la coordinación, armonización, convergencia o unificación de las políticas monetaria, cambiaria, crediticia y financiera de los estados miembros.

Para las economías pertenecientes a la CMCA, los beneficios de esta stablecoin son multifacéticos, ya que brindará mayor predictibilidad para la inversión, a costos de transacción reducidos, facilitando inclusive el turismo, mediante la simplificación de los pagos para los turistas que visitan la región y promoviendo la innovación financiera en la región.

Por otro lado, para los socios comerciales fuera de la región, una stablecoin centroamericana también presentaría ventajas claras, en vista que el comercio con estos países sería más sencillo y menos arriesgado desde el punto de vista cambiario.

Las empresas internacionales que operan en la región o que comercian con ella se beneficiarían de la predictibilidad y la eficiencia en los pagos, lo que podría traducirse en un aumento del volumen comercial y una mayor facilidad para hacer negocios. Esto posicionaría a Centroamérica y la República Dominicana como un socio comercial más atractivo y fiable en el escenario global.

Uno de los aspectos más intrigantes de la propuesta de Madrigal Badilla es su potencial impacto en el Sistema de Interconexión de Pagos (SIPA), que está operado por los bancos centrales de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana.

El SIPA es una infraestructura crucial que facilita los pagos de bajo valor entre estos países, permitiendo transferencias de fondos rápidas y eficientes. Pero, la introducción de una stablecoin regional no buscaría reemplazar el SIPA, sino más bien potenciarlo y transformarlo.

En la actualidad, el SIPA procesa transacciones en las monedas locales de cada país, lo que todavía implica el riesgo cambiario para los participantes y requiere la gestión de saldos en diversas divisas por parte de los bancos centrales.

Con una stablecoin regional, el SIPA podría evolucionar hacia un sistema donde las transacciones se liquiden directamente en esta moneda digital estable, lo que tendría varias implicaciones que irían desde la eliminación del riesgo cambiario en SIPA, la mayor eficiencia operativa y la reducción de la necesidad de cuentas corresponsales hasta un abanico potencial para nuevos servicios.

Una stablecoin regional, permitiría a los bancos centrales que operan el SIPA explorar la integración de nuevas funcionalidades y servicios basados en la stablecoin, como pagos instantáneos o programables, abriendo nuevas avenidas para la innovación financiera.

Sin embargo, no todo es tan sencillo, ya que su implementación en el marco del SIPA requeriría una estrecha coordinación y consenso entre los bancos centrales de la región. Se necesitaría establecer un marco regulatorio común para la stablecoin, definir su gobernanza y asegurar la infraestructura tecnológica necesaria para su emisión, gestión y operación dentro del sistema.

De hecho, la interoperabilidad con los sistemas de pagos existentes sería clave para una transición fluida, por lo que esto significaría un escenario técnico desafiante aunque prometedor para la región.

Esta iniciativa no solo refleja una comprensión profunda de los desafíos económicos de la región, sino también una visión progresista que abraza la innovación tecnológica para construir un futuro financiero más resiliente y próspero para todos.

El mundo observará con atención cómo esta audaz propuesta se materializa, sentando quizás un precedente para otras regiones en busca de soluciones similares en la era de las finanzas digitales.

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