El frente unido de Silicon Valley y Wall Street pide celeridad al Congreso estadounidense

El frente unido de Silicon Valley y Wall Street pide celeridad al Congreso estadounidense

Las oficinas del Capitolio se han convertido en el escenario de una guerra de trincheras donde se define el futuro tecnológico y financiero de las próximas décadas, esta vez el detonante ha sido una carta abierta, fechada el martes, dirigida a los líderes del Senado John Thune y Charles Schumer.

Firmada por más de 60 de los directores ejecutivos, fundadores y socios gestores más influyentes del ecosistema de las criptomonedas y el capital de riesgo, la misiva representa una demostración de fuerza sin precedentes ante los crecientes intentos de desmantelar las protecciones legales para los desarrolladores de software dentro de la Ley CLARITY.

El documento surge en un momento crítico en que las probabilidades de aprobación de la Ley CLARITY en los mercados de predicción como Polymarket han caído abruptamente al 48%, un descenso que refleja la intensa presión ejercida por el sector bancario tradicional y ciertas facciones de la seguridad nacional, quienes buscan reescribir partes esenciales del texto bajo la premisa de combatir el financiamiento ilícito.

Sin embargo, la industria cripto ha respondido con un mensaje unificado, que sostiene que debilitar la protección de quienes escriben código abierto no fortalece la seguridad del país; por el contrario, destruye la innovación y empuja el talento fuera de las fronteras estadounidenses.

El eje central sobre el cual pivota toda la resistencia de la industria es la Sección 604 de la Ley CLARITY, que incorpora formalmente las disposiciones de la Blockchain Regulatory Certainty Act (BRCA, «por sus siglas en inglés»).

Esta sección propuesta busca resolver un problema técnico fundamental que ha plagado a la regulación financiera desde la aparición de las redes descentralizadas, la definición de un intermediario financiero.

La Sección 604 de la BRCA establece una línea clara y categórica para los desarrolladores de software y proveedores de servicios de criptomonedas que no controlan los activos digitales de los usuarios.

En términos sencillos, dictamina que si un programador diseña, actualiza o contribuye a un protocolo de código abierto (como un contrato inteligente en una red DeFi o el núcleo de la red Bitcoin) sin tener la capacidad física o legal de mover, congelar o custodiar los fondos de los usuarios, dicho programador no puede ser clasificado como un “transmisor de dinero” ni estar sujeto a las estrictas regulaciones de la Ley de Secreto Bancario (BSA, «por sus siglas en inglés»).

La Casa Blanca y ciertos sectores del aparato de seguridad argumentan que eximir a estos actores crea un punto ciego para el rastreo de capitales delictivos, mientras que para los líderes del sector tecnológico, la postura oficialista demuestra una profunda incomprensión de la arquitectura descentralizada.

Exigir que un desarrollador independiente aplique políticas de “Conozca a su Cliente” (KYC) sobre un protocolo autónomo es técnicamente imposible, tal y como señala la coalición de firmas en la carta: “Los límites claros no debilitan la aplicación de la ley; la fortalecen al distinguir las actividades lícitas de las conductas ilegales”.

Para comprender el blindaje legal que busca la industria, no basta con analizar la BRCA de forma aislada, ya que el verdadero valor de la Ley CLARITY radica en la interconexión estratégica de sus componentes, específicamente entre la Sección 601 y la Sección 207 de la Digital Commodity Intermediaries Act (DCIA, «por sus siglas en inglés») del Comité de Agricultura del Senado.

Las secciones 601 (CLARITY), 207 (DCIA) y la 604 (BRCA) operan como una tríada de certidumbre. Mientras que la Sección 604 (BRCA) aborda el ámbito penal y el lavado de dinero, las Secciones 601 y 207 resuelven la añeja disputa jurisdiccional entre la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, «por sus siglas en inglés») y la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos (CFTC, «por sus siglas en inglés»).

La conexión real entre ellas es que de nada sirve que la Sección 604 exima a un desarrollador de las normativas de la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN, «por sus siglas en inglés») si la SEC (bajo la Sección 601) o la CFTC (bajo la Sección 207) aún pueden demandarlo argumentando que el código que publicó constituye un valor no registrado o un corretaje ilegal de contratos de futuros.

Al entrelazar estas disposiciones, el marco legislativo establece un puerto seguro integral, que permita que los desarrolladores puedan codificar, auditar y desplegar herramientas de software descentralizado con la certeza absoluta de qué leyes aplican y, fundamentalmente, cuáles no.

La lista de firmantes de la misiva es un catálogo del peso pesado de la economía digital contemporánea, ya que están representantes desde la infraestructura institucional representada por Mike Belshe (BitGo) y Nathan McCauley (Anchorage Digital).

Hasta los pilares del corretaje minorista y la gestión de activos como Brian Armstrong (Coinbase), Hunter Horsley (Bitwise) y Arjun Sethi (Kraken), el mensaje al liderazgo del Senado es de una cohesión absoluta.

Es particularmente significativa es la inclusión de figuras clave del capital de riesgo, como Chris Dixon (a16z crypto) y Matt Huang (Paradigm), acompañados por los creadores de las redes y protocolos más grandes del mundo, como Anatoly Yakovenko y Lily Liu de Solana, Hayden Adams de Uniswap, y el Dr. Emin Gün Sirer de Ava Labs.

Sin duda esta alineación demuestra que el conflicto ha dejado de ser una mera disputa de unos pocos actores del ecosistema para convertirse en una defensa corporativa y tecnológica de carácter nacional.

El sector privado ha dejado claro que la eliminación o dilución del lenguaje de la BRCA en las negociaciones a puerta cerrada paralizaría la inversión en el país, ya que la innovación en sistemas abiertos no puede prosperar bajo la amenaza constante de la responsabilidad penal por el uso malicioso que terceros den al código fuente abierto.

La presión ejercida sobre los líderes Thune y Schumer es el último gran esfuerzo de la industria cripto para consolidar un marco legal predecible en suelo estadounidense, porque al defender la complementariedad entre la BRCA, la Sección 601 y la Sección 207 de la DCIA, el sector tecnológico busca evitar que el purismo de la seguridad nacional y los intereses de la banca tradicional cierren las puertas a la arquitectura financiera del futuro.

La pelota está ahora en la cancha del pleno del Senado, donde se decidirá si Estados Unidos sigue siendo el faro del desarrollo de software global o si cede definitivamente ese liderazgo a otras jurisdicciones.

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