Luego que la devastadora pandemia global del COVID-19 hiciese cambios en la rutina normal de los países alrededor del mundo, la economía en general sufrió un fuerte impacto, que se reflejó en enormes caídas del producto interno bruto (PIB) de todos los países.

Una sociedad globalizada que dependía del consumo y trading de mercancías en gran parte, no pudo soportar el cierre de empresas, la ola de consecutivas cuarentenas que impedían a las personas salir de sus casas a comprar y la drástica caída del consumo, lo cual derivó en millones de empleos perdidos en todo el mundo.

Sólo en Estados Unidos el desempleo deja más de 40 millones de personas desempleadas, un total del 13% de la fuerza de trabajo de ese país luego de la recuperación de mayo, pues en abril ese dato llegó a 14,7%.

Algunos analistas en ese país, proyectan que la tasa nacional de desempleo podría superar el 20 por ciento en los próximos meses si no se activa rápidamente otro plan de estímulo a la economía. De hecho, en los Estados Unidos para sobrellevar el impacto de la pandemia, el gobierno federal y el Senado han aprobado un enorme plan de ayudas directas a las familias y préstamos blandos a empresas de 2,2 billones de dólares, el cual tiene una nueva etapa que está en estudio para su aprobación por parte del congreso de los Estados Unidos. Además, vocero de la Casa Blanca informó a una cadena televisiva de ese país, que viene otro plan de ayuda que está en manos del presidente Donald Trump, de $1 billón de dólares más para reducir los efectos del coronavirus, con lo cual es posible que el plan de ayuda total sobrepase cualquier cifra manejada hasta ahora.

Mientras que en Europa una encuesta reciente de la European Foundation for the Improvement of Living and Working Conditions o EuroFound, una agencia tripartita de la UE que facilita información y asesoramiento sobre política social y laboral, concluyó que el 28% de los europeos que fueron consultados, dijeron que habían perdido sus trabajos temporal o definitivamente desde el comienzo de la crisis, lo cual se suma a que algunas estimaciones sitúan que el nivel de desempleo en Europa podría casi duplicarse hacia finales de año, poniendo en peligro hasta 59 millones de puestos de trabajo en la región.

Sólo en España, se estima que el 19% de la población activa estará sin trabajo este año, lo cual se puede ver reflejado en el impacto que está sufriendo el turismo y el comercio en el país, de los cuales la hostelería es la que más ha sido afectada por la crisis del SARS-CoV-2 y donde más desempleos se han producido.

Por otro lado, en Europa, países como Reino Unido todavía están sufriendo un fuerte embate de la pandemia del COVID-19, ya que se encuentran en una fase de agudización de la crisis, lo cual por supuesto incide directamente en el estado de la economía de ese país, cuyas cifras de desempleo ya están el 4%, aunque los expertos pronostican que llegará a 10% para finales de año en ese país, unas cifras que todavía están muy por debajo de Estados Unidos.

El gobierno de Reino Unido, ha promovido algunos programas sociales para mitigar el impacto de la crisis, en medio de una situación económica cada vez más apremiante, con una tasa de desempleo que mes tras mes va en aumento, por lo que el ministro de Hacienda de ese país, Rishi Sunak ha advirtió el pasado de mes de mayo que la economía del Reino Unido podría estar enfrentando «una severa recesión como nunca antes se había visto».

Esta crisis también ha golpeado la puerta de Alemania y Francia, las dos principales economías de la eurozona, quien han propuesto un plan de rescate millonario a través de subvenciones y ayudas para paliar la situación ocasionada por el coronavirus en la región. Una decisión que fue aplaudida por el Banco Central Europeo (BCE), aunque con el voto no satisfactorio de países como Finlandia, Austria y Países Bajos quienes mantienen su posición de priorizar los créditos antes que las subvenciones.

En tal sentido, el BCE ofreció «hacer lo necesario» para ayudar a las naciones con problemas de liquidez a superar la crisis, con importantes inyecciones de dinero a sus economías, incluyendo un ambicioso esquema de 750.000 millones de euros para comprar bonos.

Estos planes, también incluyen acciones para una transición de la región Euro hacia una economía «verde» y digital, cuyos principales objetivos sean llevar a cabo reformas que permitan mejorar el bienestar social, luchar por la equidad en la sociedad, combatir la escasez y disminuir las amenazas al medio ambiente, además de hacer un uso eficiente de los recursos, disminuir drásticamente las emisiones de carbono y aumentar la responsabilidad social, junto a una mayor participación de proyectos que impulsen la investigación y la innovación en variadas ramas que sirvan a la economía comunitaria de la zona.

No obstante, aunque las estimaciones de gobiernos y organismos en todo el mundo, van de la mano con los deseos de los pequeños y grandes empresarios así como de millones de trabajadores que todavía guardan la esperanza de volver a algún tipo de normalidad lo más pronto posible, por ahora no muestran señales que podrán hacer en caso que un rebrote de la enfermedad se manifieste en las fronteras de sus países y cómo afrontarían esta situación.

Por ahora, algunas autoridades prevén que es posible que haya rebrotes de la pandemia en lugares focalizados o incluso en países que hayan levantado las medidas de cuarentena antes de tiempo, pero esto es algo que sólo el tiempo lo dirá.

En opinión del presidente de Banco Mundial, David Malpass, la recuperación económica global, estará dificultada por la escasez de recursos, por lo que la economía global enfrentará pérdidas «abismales».

De hecho, para Malpass, las estimaciones iniciales del daño a la economía global, calculados en 5 billones de dólares, es mucho mayor que eso, advirtiendo que es probable que la recesión global llevará a 60 millones de personas a la pobreza extrema en todo el mundo, por lo que está más que claro que la recuperación de la economía es algo que llevará tiempo.

Algunos académicos, calculan la recuperación entre 2 y 3 años para reabsorber el 75% de los empleos perdidos globalmente, y hasta 6 años para una normalización económica, pero sin que existan nuevos rebrotes o mutaciones del coronavirus que retrasen los planes de recuperación.

Artículo cortesía de:

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