El pasado viernes no fue un día cualquiera en los rascacielos del distrito financiero de Xicheng, en Pekín, ya que mientras el mundo cripto aún intentaba digerir los restos de la volatilidad del invierno en los mercados, el Banco Popular de China (PBOC, «por sus siglas en inglés»), junto con otras siete agencias gubernamentales, lanzó un dardo envenenado sobre el ecosistema digital.
El PBOC, realizó la publicación de una regulación conocida internamente como el Documento No. 42, titulado “Aviso sobre la mayor prevención y el manejo de riesgos relacionados con las monedas virtuales”, donde se muestra cómo hasta la fecha, China ha oficializado su postura más agresiva y técnicamente precisa contra los activos digitales, las stablecoins y la tokenización.
Este documento, no es una copia del veto de 2021, ya que si aquel fue un martillazo contra el minado de Bitcoin y el comercio de criptomonedas dentro de China, el Documento No. 42 es un bisturí que disecciona las nuevas fronteras de la Web3, incluyendo las stablecoins y la tokenización de activos del mundo real (RWA, «por sus siglas en inglés»).
Durante cinco años, el sector operó bajo el paraguas del Anuncio 924, cuya enunciado y contexto era vago; ya que hablaba de “monedas virtuales” como un bloque monolítico, pero los tiempos han cambiado y el Documento No. 42 deroga formalmente la normativa anterior y establece un marco donde la ambigüedad ya no tiene lugar.
Por primera vez, el Estado chino define legalmente la RWA como la actividad de convertir derechos de propiedad o de ingresos en tokens mediante tecnología de registro distribuido, por lo que al definirlo, lo captura para el estado y evidentemente, también lo regula.

Y por ello, la conclusión de las autoridades chinas al respecto es tajante, al enfatizar que cualquier proyecto RWA realizado dentro de las fronteras chinas por entidades privadas es, de facto, ilegal, solo se permiten proyectos este tipo por parte del estado.
Lo más sorprendente de esta nueva ofensiva es la sofisticación del aparato estatal, en vista que Pekín ha abandonado la idea de un comité único de supervisión para implementar un Sistema de Doble Vía.
La primera considerada como la Vía Monetaria (Liderada por el PBOC), estaría encargada de vigilar las monedas virtuales y, específicamente, las stablecoins. Asimismo, en el texto del documento se indica que ninguna entidad, nacional o extranjera, puede emitir una stablecoin vinculada al Renminbi (RMB) -también conocido como yuan chino-, sin autorización.
De allí, que algunos especulen que esto es una guerra abierta por la soberanía del dinero frente a alternativas privadas que emiten monedas estables en dólares estadounidenses (USD) como Tether (USD₮) o la moneda de Circle el USDC (USDC), por lo que les prohíbe la emisión de stablecoins basadas en el yuan.
La segunda vía, es la Vía de Valores (Liderada por la CSRC, «por sus siglas en inglés»), donde la Comisión Reguladora de Valores de China asume el mando sobre los RWA que sean implementados dentro de las fronteras chinas.
Al mover los activos tokenizados bajo la jurisdicción de la CSRC, China está indicando que considera que los tokens RWA no son simples “juguetes tecnológicos”, son instrumentos financieros de pleno derecho y serán tratados con la misma severidad que una acción en la Bolsa de Shanghái.
Esto abre la paradoja del “Offshore”, que parece ser el único resquicio o ventana entreabierta que dejó esta regulación. Y es que, a pesar del tono prohibitivo, el Documento No. 42 esconde una sofisticación estratégica, en la cual no se prohíbe la tokenización por completo, sino que la estatiza, esto a juicio de una interpretación realizada por un abogado de Web3 en el medio chino Odaily.
A través de las directrices de apoyo de la CSRC (el Anuncio No. 1 de 2026), China ha establecido un pasillo legal para que las empresas nacionales utilicen activos locales para financiarse en el extranjero mediante tokens de seguridad.
Sin embargo, este camino es una carrera de obstáculos que requiere un informe de presentación ante la CSRC, el cumplimiento de una “Lista Negativa” estricta y una transparencia total sobre los flujos de caja.
Es, en esencia, la creación de un “RWA de Estado”, ya que China quiere los beneficios de la eficiencia de la blockchain y la liquidez global, pero solo si el Partido tiene las llaves del nodo central y conoce la identidad de cada inversor.

El alcance del Documento No. 42 se extiende a los “facilitadores”, como Bufetes de abogados, empresas de software y consultoras tecnológicas, las cuales ahora están bajo aviso al momento de prestar servicios para la emisión de tokens no autorizados se considera una cooperación en actividades financieras ilegales.
Incluso la minería, que muchos creían ya erradicada, ha recibido un nuevo golpe, ya que en el Artículo 9 del documento prohíbe explícitamente a los fabricantes de hardware ofrecer servicios de venta o mantenimiento dentro del país.
Esto ha sido considerado por muchos, como un intento de asfixiar cualquier rescoldo de la industria que alguna vez dominó el 70% del hashrate global. Aunque, de todo esto se puede decir que el e-CNY (yuan digital) ha sido el gran beneficiario.
Prácticamente, detrás de esta ofensiva está el allanamiento para el e-CNY, que imperará en China tras ilegalizar las stablecoins privadas y restringir los RWA a infraestructuras estatales, que no es más que la forma en que el PBOC está despejando la maleza para que su propia moneda digital brille.
Con la reciente introducción de intereses para los saldos en e-CNY, China busca que su moneda soberana sea la única opción viable para la economía digital transfronteriza y que otras opciones no tengan cabida en las transacciones comerciales de su país, bajo el argumento del Blanqueo de Capitales, fraudes y otros delitos.
De hecho, la regulación establecida en el Documento No. 42, indica que “las monedas virtuales actualmente no cumplen eficazmente los requisitos de identificación de clientes ni la lucha contra el blanqueo de capitales, lo que supone el riesgo de ser utilizadas para actividades ilegales como el blanqueo de capitales, el fraude en la recaudación de fondos y las transferencias transfronterizas ilegales”.
También señala que “las monedas virtuales se basan en la tecnología blockchain y permiten transacciones entre pares, trascendiendo el concepto físico de “fronteras nacionales”. Esto hace que los riesgos relacionados sean altamente susceptibles a la transmisión transfronteriza, lo que lleva a las organizaciones financieras internacionales y a los bancos centrales a adoptar, en general, una actitud cautelosa”.
Además de explicar que “las monedas estables vinculadas a las monedas fiduciarias cumplen eficazmente algunas de las funciones de las monedas fiduciarias en circulación, lo cual es una cuestión de soberanía monetaria”, por lo que señala que “sin el consentimiento de los departamentos pertinentes, de conformidad con las leyes y regulaciones, ninguna entidad o individuo, nacional o extranjero, podrá emitir monedas estables vinculadas al renminbi en el extranjero”.

En consecuencia, el Documento No. 42 marca el inicio de una era de “soberanía digital absoluta”. China ha dejado de intentar ignorar la tecnología blockchain para pasar a dominarla bajo sus propios términos.
Por su parte, los inversores y desarrolladores de Web3, en el territorio del dragón, saben que el código no es ley; la ley es el código, por lo que ahora la pregunta que queda en el aire en las calles de Pekín no es si la tecnología sobrevivirá, sino quién podrá permitirse jugar bajo estas nuevas y estrictas reglas de compromiso.
Por ahora, solo el Estado parece tener el asiento asegurado en la mesa, queda por ver las reacciones desde los mercados de Hong Kong (Región Administrativa Especial – SAR) luego que China continental (Mainland) se cerrara aún más a las criptomonedas.

