La pregunta que sobrevuela cada grupo de Telegram, cada foro de gobernanza y cada mesa de redacción cripto con una mezcla de morbo y resignación: ¿Se está muriendo DeFi? Resuena cada vez con más fuerza y aunque mucho se debata sobre este tema, evidentemente la respuesta corta es no, pero con matices.
Para ser objetivos, la respuesta real, y mucho más incómoda, es que simplemente lo que está muriendo es “el modelo de negocio artificial” que sostuvo a gran parte de la industria durante años, a través del crecimiento subsidiado por tokens de gobernanza.
En las últimas semanas, varias noticias del sector han golpeado con fuerza a todo el ecosistema DeFi. Hemos sido testigos desde exploits y ciberataques (luego que Septiembre cerrara con 766 millones de dólares perdidos en hacks), catalogado el peor mes del año, hasta de anuncios de cierre de algunos protocolos, lo que muestra una crisis del sector.
Es por ello, que indudablemente, que observar tres cierres de alto perfil en protocolos DeFi que tuvieron gran impacto en el pasado, en apenas siete días no es una simple anomalía estadística, sino que claramente es una tendencia.
This is the final tweet in this thread. Be wary of accounts attempting to impersonate Blast. The official twitter is @BLAST.
— Blast (@blast) October 2, 2026
Estos tres cierres comienzan con Blast apagando su red Layer 2, la red Balancer viendo a sus usuarios votar masivamente (99,2%) a favor de su cierre, y luego Abracadabra proponiendo retirar el respaldo de su stablecoin MIM a unos paupérrimos 4 centavos por dólar dejando en el camino una enorme pérdida de valor.
Key dates: -> October 16th: last day for partners to ask for specific V3 pools to stay live until November 30th -> October 30th: pools move to withdrawals only where the contracts allow it, and bug bounty coverage ends -> November 30th: the V3 Vault is paused -> End of May 2027: the first treasury distribution round opens
— Balancer (@Balancer) September 29, 2026
Básicamente, esto es el síntoma de una enfermedad crónica que lleva más de 40 protocolos colapsados en lo que va del 2026, incluyendo nombres de algunos pesos pesados como Everclear, ZeroLend, Polynomial y Angle.
De allí que para algunos, la ilusión del Total Value Locked (TVL) y la bicicleta de los tokens DeFi, ya se ha esfumado. Y es que, durante el pico de la euforia especulativa, la regla no escrita en las finanzas descentralizadas era simple pero insostenible, comenzar a regalar gobernanza para comprar atención.
El mecanismo funcionaba como una rueda de la fortuna financiera. Un protocolo emitía un token nativo de la nada, lo repartía masivamente entre los usuarios que depositaran capital “creando el codiciado valor total bloqueado o TVL” y, a medida que los incentivos atraían más liquidez, la capitalización de mercado del token subía.
Ese aumento en el precio del token hacía que los retornos proyectados mediante el porcentaje de rendimiento anual o Annual percentage yield (APY) se dispararan aún más, atrayendo más capital y elevando artificialmente el valor del protocolo de forma exponencial.
Bajo este escenario, los inversores de riesgo, los fondos de capital de riesgo o Venture Capital (VCs) y los fundadores celebraban métricas millonarias de TVL que no reflejaban adopción orgánica, sino una renta temporal pagada con emisión inflacionaria.
En otras palabras, nadie, absolutamente nadie se preguntaba de dónde salían los ingresos reales porque el precio del token subía y tapaba cualquier agujero estructural y esto, comenzó a debilitar a los proyectos DeFi que carecían de una utilidad atractiva para los usuarios.
Como era de esperarse, las bicicletas financieras eventualmente se detienen cuando se acaban los nuevos compradores y cuando los subsidios de tokens cayeron y los rendimientos artificiales se evaporaron, el capital golondrina migró buscando la siguiente ilusión.
Sin ingresos por comisiones reales que sustentaran la operación y con una gobernanza diluida, los protocolos descubrieron que administrar un gigante tecnológico cuesta dinero real, no puntos virtuales, porque sostener una infraestructura y empleados tienen un costo.
De allí, que ahora podemos entender mejor las cuatro formas en que muere un protocolo DeFi, ya que lo fascinante y a la vez frío de la tecnología descentralizada es la forma en que se despide de sus usuarios.

Como todos sabemos, el fin para una empresa tradicional comienza cuando se declara en quiebra o bancarrota, entra en concurso de acreedores y se apagan los servidores, pero en DeFi, la muerte adopta matices dignos de la ciencia ficción.
Primero la muerte puede comenzar con que un día vemos una infraestructura huérfana, es decir se cae el sitio Web corporativo, pero los contratos inteligentes siguen vivos, operando con normalidad haciendo su trabajo. Allí podemos ver los pools viejos que continúan corriendo en la blockchain sin dueño, operando como software autónomo que nadie cuida ni actualiza.
Otra forma de morir es cuando observamos que existe el botón de “Solo retiros”, ya que en algunos casos los propios desarrolladores o las DAOs intervienen para pausar los contratos y ponerlos en modo de rescate, permitiendo que los usuarios salven lo que puedan antes de apagar la luz.
También es posible que la muerte cripto llegue tras el apagón de la Chain, es decir, cuando la red base (como una Layer 2) decide no producir más bloques, arrastrando a toda la aplicación con ella, obligando a los usuarios a rescatar sus fondos de emergencia mediante contratos complejos en la capa principal (Ethereum).
Y por último, podemos ver a una de las muertes más singulares, mediante los protocolos “Zombis” que están totalmente funcionales. En otras palabras, el código funciona a la perfección y no tiene bugs, pero lo que hay adentro no vale nada, ya que el sistema opera tal como fue programado, solo que el respaldo de sus activos colapsó a fracciones de centavo.
La gran lección de esta purga es que el software en la blockchain y los protocolos creados literalmente pueden ser inmortales, pero las empresas y los productos que dependen de estos no tienen garantizada la existencia eterna.
Aunque el código inmutable sobrevive en la red, ejecutando matemáticas frías sin importar si hay usuarios o si el token vale cero, el producto comercial como tal —el que requiere usuarios activos, ingresos por comisiones reales y una propuesta de valor más allá de la especulación— está muriendo a velocidad récord o ya ha muerto.
Es por ello, que muchos analistas señalan que lo que estamos presenciando no es el fin de las finanzas descentralizadas, sino su doloroso y necesario baño de realidad ante la infinidad de protocolos DeFi creados en los últimos años.
El mercado actual, que por ahora está sumido en su propia crisis ya no subvenciona infraestructuras vacías ni acepta espejismos de TVL inflado. Así que, los proyectos que logren sobrevivir a esta gran limpieza serán aquellos capaces de generar valor orgánico real, eficiencia de costos y utilidad genuina, enterrando para siempre la época dorada de los tokens regalados.

