La ex CEO de Notbank by CryptoMarket inicia una nueva etapa como cofundadora y CLO de una infraestructura regulada en El Salvador que debuta con cerca de 500 millones de dólares en proyectos y compromisos de emisión
Latinoamérica tiene empresas, proyectos inmobiliarios, infraestructuras y oportunidades de inversión que necesitan financiación.
El capital internacional busca activos capaces de proporcionar nuevas fuentes de rentabilidad y diversificación.
Entre ambos extremos continúa existiendo una barrera considerable.
HATOR quiere utilizar la tokenización para intentar reducirla.
Fernanda Juppet, una de las figuras más reconocidas del ecosistema latinoamericano de activos digitales, inicia una nueva etapa profesional como cofundadora y Chief Legal Officer de HATOR, un grupo tecnológico y financiero que pretende construir infraestructura para conectar activos de la economía real latinoamericana con inversores locales e internacionales.
El proyecto llega después de que Juppet dejara la dirección ejecutiva de Notbank by CryptoMarket y pasara a formar parte de su directorio, manteniendo su vinculación con la compañía mientras desarrolla nuevas iniciativas relacionadas con regulación, mercados financieros y activos digitales.
Pero el dato que permite entender la dimensión de su nuevo proyecto está en El Salvador.
HATOR Securities acaba de iniciar su actividad con cerca de 500 millones de dólares en proyectos y compromisos de emisión procedentes de diferentes países latinoamericanos.
500 millones que todavía tienen que convertirse en emisiones
La cifra necesita una precisión importante.
HATOR no ha tokenizado ni emitido ya activos por valor de 500 millones de dólares.
Se trata de un pipeline formado por proyectos y compromisos potenciales de emisión relacionados con deuda, proyectos inmobiliarios, participaciones de capital, financiación empresarial y flujos futuros.
Cada operación deberá atravesar sus correspondientes procesos jurídicos, financieros, de due diligence y autorización regulatoria antes de poder materializarse.
La propia HATOR establece además que la disponibilidad de cada emisión dependerá de su estructuración, autorización regulatoria y de la elegibilidad del inversor en cada jurisdicción.
La diferencia es fundamental.
El pipeline permite medir el volumen de negocio que HATOR está intentando estructurar, pero no debe confundirse con capital ya captado ni con activos que estén actualmente disponibles para negociación.
Una infraestructura regulada desde El Salvador
La elección de El Salvador tampoco parece accidental.
HATOR S.A.S. de C.V. aparece registrada oficialmente ante la Comisión Nacional de Activos Digitales (CNAD) con el número PSAD-0091 desde el 10 de julio de 2026.
El alcance de la autorización es amplio.
La CNAD recoge entre sus actividades autorizadas el intercambio de activos digitales, operación de plataformas de negociación, evaluación de riesgo y precio de emisiones, colocación de activos digitales, estructuración y administración de productos de inversión, custodia, transferencia y ejecución de órdenes.
HATOR figura además en los registros oficiales correspondientes a estructuradores y comercializadores de emisiones.
Esto permite que el proyecto vaya considerablemente más allá de crear tokens representativos de activos.
La intención es construir parte de la infraestructura necesaria para originarlos, estructurarlos, emitirlos, distribuirlos, negociarlos y liquidarlos.
HATOR lo resume de una manera bastante clara en su propia presentación:
“No somos solo una plataforma de tokenización.”
Su objetivo es conectar emisores, activos, tecnología, regulación, inversores y liquidez dentro de una misma infraestructura de mercado.
HATOR Tech construye los raíles y HATOR Securities el mercado
El grupo está dividido en dos áreas complementarias.
HATOR Tech desarrolla la infraestructura tecnológica para que bancos, fintech, fondos, empresas y otras instituciones financieras puedan incorporar servicios relacionados con activos digitales.
HATOR Securities, por su parte, pretende construir el mercado regulado desde el que puedan estructurarse, emitirse, distribuirse y negociarse oportunidades de inversión tokenizadas originadas en Latinoamérica. La diferencia es interesante.
Una capa proporciona la tecnología.
La otra intenta proporcionar el mercado.
Y alrededor de ambas aparece el elemento que históricamente ha supuesto uno de los mayores obstáculos para la tokenización de activos del mundo real: la estructura jurídica que conecta el token con los derechos económicos que representa.
Ahí es precisamente donde entra Fernanda Juppet.
El papel de Fernanda Juppet
Juppet es abogada y ha desarrollado buena parte de su trayectoria profesional en la intersección entre regulación financiera, compliance y activos digitales.
Dentro de HATOR asume el cargo de Chief Legal Officer y participa directamente en el desarrollo institucional y jurídico de la compañía.
Durante el lanzamiento oficial de HATOR Securities en San Salvador estuvo al frente de la apertura institucional y presentó la visión regulatoria sobre la que pretende construirse la plataforma.
También participó en la presentación del denominado HATOR Institutional Pipeline, donde se explicaron los procesos de selección, debida diligencia y estructuración jurídica que deben superar los proyectos antes de acceder al mercado.
Su papel resulta especialmente relevante porque tokenizar un activo financiero requiere bastante más que representarlo técnicamente mediante blockchain.
Hay que determinar quién posee el activo subyacente, qué derecho adquiere el inversor, qué obligaciones asume el emisor, qué jurisdicción resulta aplicable, cómo se realiza la distribución y qué ocurre cuando ese instrumento cambia de propietario.
La blockchain puede mover el token. La estructura jurídica tiene que conseguir que ese token represente realmente un derecho exigible.
Un equipo procedente de regulación, tecnología y banca
Juppet comparte el proyecto con Rocío Álvarez-Ossorio, fundadora y CEO de HATOR, y Pablo Da Rold, especializado en innovación financiera y procedente de Banco Bci.
Da Rold ha explicado públicamente que su trabajo en HATOR estará centrado en el desarrollo comercial y en construir infraestructura para que los activos digitales puedan convertirse en nuevos raíles financieros para Latinoamérica.
Álvarez-Ossorio, por su parte, procede del ecosistema de tokenización y anteriormente estuvo vinculada a Token City. La combinación busca reunir experiencia en mercados, regulación, tecnología y estructuración financiera.
No es un detalle menor.
Uno de los problemas históricos de muchos proyectos RWA ha sido precisamente construir primero la tecnología y buscar después el activo, la regulación o los inversores.
HATOR intenta recorrer el camino contrario: partir de oportunidades económicas reales y construir alrededor de ellas la estructura financiera y tecnológica necesaria.
¿Por qué El Salvador?
El Salvador ofrece actualmente uno de los marcos específicos sobre activos digitales más desarrollados de Latinoamérica.
La Ley de Emisión de Activos Digitales, aprobada en 2023, estableció un marco para la emisión, oferta y transferencia de activos digitales y creó una autoridad especializada, la CNAD, para supervisar el mercado.
HATOR opera dentro de ese marco.
Pero estar registrado como proveedor no significa disponer de una autorización automática para cualquier activo que quiera colocar en el mercado.
La propia compañía señala que cada emisión pública necesita una autorización individual, además de la intervención correspondiente de un certificador, y recuerda expresamente que el registro ante la CNAD no constituye un respaldo regulatorio a ninguna inversión concreta.
Esta distinción será especialmente importante si los casi 500 millones de dólares actualmente en el pipeline comienzan a convertirse en emisiones efectivas.
El verdadero problema que intenta resolver la tokenización
Detrás de HATOR aparece una cuestión bastante más amplia.
Latinoamérica dispone de empresas y activos que necesitan capital, pero acceder a inversores internacionales puede resultar costoso, lento y jurídicamente complejo.
Al mismo tiempo, determinados inversores internacionales encuentran dificultades para acceder a oportunidades regionales mediante infraestructuras financieras tradicionales.
La tokenización promete reducir parte de esas fricciones.
Un activo puede estructurarse jurídicamente, representarse digitalmente y distribuirse mediante una infraestructura capaz de facilitar posteriormente su transferencia y liquidación.
Eso no elimina el riesgo del activo.
Tampoco sustituye la regulación.
Ni convierte automáticamente un proyecto poco líquido en un mercado líquido.
Pero puede modificar la infraestructura utilizada para emitir, distribuir y negociar determinados instrumentos financieros.
Y esa diferencia puede ser considerable.
De tokenizar activos a construir mercados
Quizá este sea el aspecto más interesante de HATOR.
La primera etapa del mercado RWA estuvo dominada por una pregunta:
¿Qué podemos tokenizar?
Inmuebles, deuda, fondos, materias primas, derechos económicos y prácticamente cualquier activo susceptible de representación digital comenzaron a utilizarse como ejemplos.
La siguiente etapa plantea una pregunta bastante más difícil:
¿Dónde se negocian esos activos, bajo qué reglas y cómo llega hasta ellos el capital?
HATOR intenta situarse precisamente ahí.
No solamente creando el token, sino construyendo la infraestructura regulatoria, tecnológica y financiera que existe alrededor de él.
El lanzamiento en El Salvador supone el primer paso público de esa estrategia.
Ahora llegará la parte realmente importante: comprobar cuántos de los cerca de 500 millones de dólares en proyectos y compromisos de emisión consiguen superar los procesos de estructuración y autorización hasta convertirse en instrumentos efectivamente emitidos.
Si eso ocurre, la historia dejará de ser únicamente la de una nueva plataforma de tokenización.
Será también una prueba de si blockchain puede convertirse en una nueva puerta de entrada del capital internacional hacia la economía real latinoamericana.

