La transformación de los pagos digitales en Latinoamérica está entrando en una nueva etapa. Aceptar una tarjeta, una transferencia o un medio de pago local ya no es suficiente. Las empresas buscan infraestructuras capaces de gestionar recurrencia, conciliación, tesorería y expansión internacional con una complejidad cada vez menor.
En este escenario opera Rebill, compañía de infraestructura de pagos que asegura haber triplicado desde enero su volumen procesado en Colombia, uno de sus mercados más activos en la región. La empresa acaba de reforzar además su presencia en el país con la apertura de una oficina en Bogotá y trabaja en nuevas soluciones de débito automático directamente desde cuentas bancarias.
Territorio Bitcoin conversa con Francisco Andrés León, de Rebill y anteriormente CEO de PayU para Latinoamérica, sobre la evolución de los pagos en la región, el papel que están adquiriendo las stablecoins en las liquidaciones internacionales, los casos de uso reales de blockchain y el impacto que puede tener la inteligencia artificial en la futura automatización de la infraestructura financiera.
Rebill asegura haber triplicado desde enero su volumen de pagos procesado en Colombia. ¿Qué factores explican este crecimiento y qué tipo de empresas están impulsando principalmente la adopción?
La diferencia está en cómo nos posicionamos. En Colombia hay muchos proveedores de pagos. Lo que nos diferencia es que nos identificamos como aliados que ayudan a las compañías a crecer sus ventas y mejorar sus flujos de dinero. Eso es lo que hacemos nosotros.
Las compañías que más rápido están creciendo con Rebill son las de servicios digitales: educación online, asistencias al viajero, aseguradoras, plataformas de inteligencia artificial, SaaS y streaming. Son verticales que ya tienen una alta adopción en el país y que necesitan algo más que aceptar un pago. Necesitan predecibilidad en sus ingresos, recurrencia y un motor que las ayude a vender más.
Colombia tiene todo para crecer: una población grande, un ecosistema fintech dinámico y una adopción digital que no para. Eso crea el espacio. Pero lo que triplicó nuestro volumen no fue el mercado, sino el posicionamiento: no vendemos procesamiento, vendemos crecimiento.
La compañía ha anunciado la apertura de oficinas en Colombia y prepara un servicio de débito automático directamente desde cuentas bancarias. ¿Por qué han decidido reforzar ahora su presencia local y cómo funcionará esta nueva solución?
Bogotá es nuestra cuarta oficina después de Miami, Montevideo y Buenos Aires. Colombia se convirtió en uno de nuestros mercados más activos y necesitábamos estar más cerca, tanto desde el punto de vista comercial como operativo.
El débito automático desde cuentas bancarias es un paso importante en nuestra visión de Rebill como infraestructura financiera. Lo que estamos construyendo es la capacidad de generar suscripciones y cobros recurrentes no solo con tarjeta de crédito, sino directamente desde cuentas bancarias en la mayoría de las instituciones financieras del país, con todos los controles de seguridad.
El impacto es directo. Para el usuario, significa que ya no tiene que acordarse de pagar: el cobro se ejecuta de forma recurrente. Para la empresa, se eliminan procesos manuales de cobranza que hoy consumen recursos y desvían la atención del negocio. Lo que antes era un coste operativo se convierte en un flujo automatizado.
En Latinoamérica conviven tarjetas, transferencias, efectivo, billeteras digitales y sistemas locales como PSE, Nequi, PIX, Yape o SPEI. ¿Cómo se construye una infraestructura regional que integre métodos tan diferentes sin aumentar la complejidad para las empresas?
La complejidad la resolvemos nosotros. Esa es nuestra razón de existir.
Lo que un comercio quiere es vender en Colombia, México, Brasil o Argentina con los medios de pago que utiliza la gente en cada país. No quiere firmar un contrato distinto en cada mercado ni integrar una tecnología diferente por país. Rebill le da acceso a todo eso con una sola integración y un solo contrato.
Hay que separar dos cosas. Por un lado están los rieles, que son los medios de pago locales: PSE, PIX, SPEI, tarjetas o billeteras. Cuantos más tengamos conectados, mejor. Por otro, está cómo los ponemos a disposición del comercio para que activarlos sea fácil y no se convierta en un proyecto de seis meses.
Ahí es donde está el valor. Conectar un medio de pago es un problema técnico. Hacer que un comercio pueda vender en seis países sin complejidad es un problema de infraestructura. Ese es el que resolvemos.
Antes de incorporarse a Rebill, fue CEO de PayU para Latinoamérica. ¿Qué aprendizajes de aquella etapa aplica ahora y qué ha cambiado en el ecosistema regional de pagos desde entonces?
En 2017 o 2018, los pagos digitales eran un nice to have. Hoy son el negocio. Eso cambió todo.
Mi etapa como CEO de PayU tuvo dos momentos. La pandemia, que aceleró el canal digital de golpe, y lo que vino después: la confirmación de que esos canales no eran temporales. Crecieron y se quedaron. Estuvimos en más de 11 mercados, procesando los volúmenes más grandes de la región.
De ahí traigo dos aprendizajes que aplico todos los días en Rebill. El primero es que no basta con darle acceso al medio de pago a un comercio. Antes el problema era que no había acceso. Hoy hay acceso. La pregunta ahora es cómo convertir eso en un acelerador de ventas. El comercio que solo tiene un botón de pago no crece. El que tiene inteligencia detrás de ese botón, sí.
El segundo es que los pagos son la punta de la pirámide. Debajo hay un mundo de infraestructura financiera y tesorería que la mayoría de las compañías todavía resuelve de forma manual. Ahí es donde están los problemas reales y donde compañías como Rebill estamos empujando los cambios más grandes.
Las stablecoins están ganando presencia en los pagos internacionales y la tesorería empresarial. ¿Qué utilidad real podrían tener en Latinoamérica y qué barreras impiden todavía su adopción generalizada?
Las stablecoins ya son parte del flujo real de tesorería de muchas compañías. No estamos hablando de una promesa, estamos hablando de liquidaciones internacionales que hoy se hacen con stablecoins porque son más rápidas y más baratas que los rieles tradicionales.
Los grandes jugadores ya se movieron: bancos internacionales, corporaciones y compañías de pagos. El peso de las stablecoins en los flujos de capital internacional creció de forma acelerada en los últimos dos años. Lo que vino del mundo cripto se convirtió en infraestructura financiera.
Las barreras son regulatorias, no tecnológicas. Estados Unidos acaba de avanzar en su marco regulatorio para stablecoins. Brasil hizo cambios hace un par de meses respecto al uso de cripto en liquidaciones internacionales. Cada mercado va a su ritmo, pero la dirección es clara.
Los gaps de regulación a veces frenan y a veces aceleran la adopción. Lo que ya no existe es la duda sobre si estos rieles van a funcionar. Funcionan. La discusión ahora es cómo se regulan.
La incorporación de blockchain suele presentarse como una forma de reducir costes y tiempos de liquidación. Desde su experiencia, ¿en qué procesos aporta una mejora tangible y en cuáles continúa siendo una solución innecesaria?
Blockchain resuelve un problema concreto: eliminar capas que no aportan valor en la cadena de pagos. Hay muchos costes ocultos en infraestructuras que acumularon intermediarios, burocracia y procesos que encarecen la operación sin mejorarla. La descentralización los elimina.
El caso de uso que ya funciona es claro: stablecoins para liquidaciones internacionales. Desde el punto de vista de costes, es más barato. Desde el punto de vista de los tiempos, es más rápido. Eso ya no es teoría. Está pasando.
Donde blockchain todavía no encontró su lugar es en el pago masivo del consumidor final. No hay adopción real en el punto de venta. Llevamos varios años hablando de pagar con cripto en el supermercado y sigue sin llegar.
El caso de uso sigue siendo más de back office, liquidación y tesorería que de consumo. Puede cambiar, pero hoy la realidad es esa. La tecnología funciona. El tema es para qué la usas. En liquidación internacional ya probó su valor. En pagos al consumidor, todavía no.
¿Qué papel desempeñan la inteligencia artificial y el análisis de datos en la detección de operaciones fraudulentas, la reducción de pagos rechazados y la optimización de los cobros?
Yo empecé mi carrera en departamentos de riesgo, construyendo modelos para predecir fraude y el impago de créditos. Después de 20 años en esto, el objetivo sigue siendo el mismo: pronosticar. Lo que cambió es la capacidad de hacerlo.
Antes construías un modelo con 15 o 20 variables y esperabas que la tasa de acierto fuera aceptable. Hoy la inteligencia artificial te permite utilizar miles de variables, procesar la información en tiempo real y probar escenarios de una forma que antes era imposible. La probabilidad de equivocarte baja de manera considerable.
Eso se traduce en tres cosas concretas. Mejor detección de fraude, porque los modelos identifican patrones que un analista humano no puede ver. Menos pagos rechazados, porque el sistema aprende cuándo y cómo lanzar un cobro para maximizar la aprobación. Y una mejor optimización de la recurrencia, porque puede decidir el momento exacto para reintentar un pago fallido.
Lo que estamos viendo es que la inteligencia artificial no solo previene pérdidas. Genera ingresos. Un modelo que optimiza cuándo cobrar y cuándo reintentar puede mover la aguja de conversión de un comercio de forma muy concreta.
Mirando hacia 2030, ¿cómo imagina el sistema de pagos latinoamericano y qué tecnologías cree que habrán transformado realmente la manera en que empresas y consumidores mueven su dinero?
Ni siquiera hay que pensar en 2030. En un par de años ya deberíamos estar hablando de infraestructura financiera autónoma.
El procesamiento de un pago se va a volver commodity. Aceptar una tarjeta o un PIX va a ser tan básico que no va a diferenciar a nadie. Lo que va a diferenciar es todo lo que pasa después del pago: la liquidación, la conciliación, la tesorería o la expansión a nuevos mercados. Eso hoy sigue siendo manual, complejo y caro para la mayoría de las compañías.
Lo que viene es que la inteligencia artificial empiece a manejar esos flujos de forma autónoma. Que una compañía pueda expandirse a un nuevo país sin montar un equipo de tesorería local. Que la conciliación no sea un proceso de Excel de tres días. Que la decisión de cuándo liquidar, en qué moneda y por qué riel sea automática.
En Rebill usamos inteligencia artificial en todo lo que hacemos. Y lo que vemos es que el mundo va hacia un lugar donde la complejidad deja de ser aceptable. Durante años el ecosistema de pagos operó con complejidad técnica, operativa y regulatoria como si fuera inevitable. Ya no lo es.
La tecnología tiene que resolverla, y las compañías que lo hagan primero son las que van a capturar el mercado.

