Rusia endurece la legislación de las criptomonedas al convertirlas en propiedad incautable

En el intrincado ecosistema financiero de Eurasia hubo cambios, porque el presidente ruso, Vladimir Putin ha estampado su firma en un paquete de reformas que elimina cualquier rastro de ambigüedad legal sobre los activos digitales en Rusia.

Lo que comenzó como un refugio para aquellos que buscaban evadir la volatilidad del rublo o las garras de las sanciones occidentales, se ha transformado desde la semana pasada, por decreto oficial, en una extensión de la soberanía estatal.

La nueva legislación, cuyo documento oficial fue ratificado por la Duma Estatal y el Consejo de la Federación a mediados de febrero de 2026, introduce un cambio semántico con implicaciones jurídicas importantes, ya que ahora las criptomonedas son ahora oficialmente “propiedad intangible.

Durante años, Rusia operó en una conveniente “zona gris”, en la cual, mientras el Banco Central de Rusia (CBR, «por sus siglas en inglés») abogaba por prohibiciones totales, el Ministerio de Finanzas veía en el Bitcoin (BTC) una herramienta útil para el comercio transfronterizo en tiempos de guerra.

Sin embargo, el vacío legal presentaba un problema para el Ministerio del Interior y los fiscales, puesto que no existía un protocolo robusto para confiscar activos que no estuvieran físicamente en territorio nacional o que no fueran reconocidos como “bienes” por el Código Penal.

Con la firma de este nuevo decreto (específicamente las modificaciones a la Ley N.º 115-FZ sobre el blanqueo de capitales), ese problema se ha disuelto, ya que al clasificar estos activos como propiedad intangible, el Estado ruso ha creado el puente jurídico necesario para que los tribunales ordenen la incautación y transferencia de los activos digitales en ese país.

En consecuencia, los saldos de billeteras de Bitcoin, Ethereum (ETH) y otras monedas digitales en billeteras al dictarse una medida de incautación, pueden ser controladas y confiscadas por el gobierno en casos de delitos financieros, evasión de impuestos o “financiación de actividades extremistas.

Aunque, se debe aclarar que la nueva legislación rusa, firmada el pasado 20 de febrero de 2026, crea un escenario de “ganadores y perdedores” dependiendo de la ubicación y el rol del usuario dentro del ecosistema.

Para el ciudadano ruso promedio o el inversor extranjero bajo su jurisdicción, situado en Moscú, San Petersburgo u otra ciudad, el panorama ha cambiado radicalmente, debido a que el artículo 7 de la citada ley impone ahora una carga de responsabilidad masiva sobre los intermediarios y agregadores de pagos.

Esto a su vez, conllevará al fin del anonimato obligando a las plataformas que operan en Rusia a realizar una identificación exhaustiva de cada usuario, por lo que si un agregador de pagos no puede verificar la identidad o el origen lícito de los fondos, la ley le otorga el poder —y la obligación— de rechazar la transacción y congelar los activos de manera unilateral.

Del mismo modo, hay límites impuestos al pequeño inversor, porque paralelamente, se estima que el umbral de inversión para los “no calificados” se situará en unos 300.000 rublos anuales (aproximadamente 4.000 dólares). Superar esta cifra sin una certificación financiera atraerá automáticamente el escrutinio del Servicio Federal de Impuestos (FNS, «por sus siglas en inglés»).

Algunos ven esta medida como una especie, de “Corralito” Cripto, porque la legislación busca canalizar todo el comercio minorista a través de brokers nacionales debidamente licenciados para operar dentro de Rusia.

De allí que, aquellos ciudadanos que sigan operando en plataformas offshore (extranjeras) se encontrarán con que mover esos fondos de vuelta al sistema bancario ruso será prácticamente imposible hacerlo sin activar una alerta de “lavado de dinero.

Algunos inversores rusos advierten que esto no ha sido por casualidad, ya que las autoridades financieras en Rusia llevaban tiempo anunciando que tarde o temprano sucedería, por lo que en un escenario donde el país utiliza las criptomonedas para eludir el bloqueo del sistema SWIFT, el control interno se vuelve vital para evitar la fuga de capitales.

Pero, el impacto en la minería de Bitcoin es, quizás, el punto donde esta ley se vuelve más “física”, ya que Rusia es una de las superpotencias mineras del mundo gracias a la energía barata y el clima gélido de Siberia.

Los mineros situados en regiones como Irkutsk o Krasnoyarsk, donde el frío natural ahorra millones rublos en refrigeración, la ley es un arma de doble filo, porque se exige un Registro Obligatorio, para no permitir la minería “invisible”.

De hecho, para operar, los mineros deben registrarse ante el Ministerio de Desarrollo Digital, pero la Venta Forzosa que está en la nueva normativa sugiere que el minero no podrá acumular Bitcoin indefinidamente de forma privada.

Su obligación es declarar cada moneda minada como propiedad intangible y, en muchos casos, venderla a través de las plataformas nacionales para obtener rublos y pagar impuestos, estando sujetos al Riesgo de Confiscación.

Y es que, al ser ahorapropiedad” bajo el Código Penal, si un minero es acusado de usar electricidad de forma ilegal o no reportar sus ingresos correctamente, el Estado puede confiscar directamente su inventario digital sin necesidad de que el minero entregue las claves privadas voluntariamente (mediante presión legal sobre los pools de minería locales).

Sin embargo, esta nueva ley del Kremlin parece tener un propósito dual, por un lado impulsa el uso de los activos digitales para fortalecer la economía externa de Rusia, pero al mismo tiempo, por el otro, advierte a los ciudadanos que no pueden usarla para ocultar riqueza frente al Estado ruso y usarla en su beneficio dentro del país.

Los críticos argumentan que esta ley literalmente es una “represión” disfrazada de regulación, que busca asfixiar la libertad financiera que el Bitcoin prometía. No obstante, el gobierno defiende estas medidas como una protección necesaria para los ciudadanos frente a estafas piramidales y la volatilidad, integrando los activos digitales al marco tradicional del mercado de valores.

La ley entrará en vigor apenas diez días después de su publicación oficial, aunque las empresas tienen un margen de 180 días para adaptar sus sistemas de reporte al Rosfinmonitoring, el todopoderoso órgano ejecutivo federal responsable de combatir el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo; de desarrollar e implementar políticas estatales.

El gobierno prevé que para julio de 2027, el ecosistema cripto en Rusia esté totalmente centralizado, operando bajo un sistema de “lista blanca” donde cada Satoshi tendrá un nombre y un apellido vinculado en los registros estatales.

En última instancia, Rusia se alinea con la tendencia global de regulación, pero con un sello distintivo, que destaca (como era de esperarse) en un enfoque punitivo y centralizado que no busca fomentar la innovación descentralizada, sino domar a la tecnología para que sirva a los intereses del Estado.

Advertencia "La inversión en criptoactivos no está regulada, puede no ser adecuada para inversores minoristas y perderse la totalidad del importe invertido"