El ecosistema de los activos digitales en Estados Unidos ha vivido bajo una densa niebla de incertidumbre jurídica durante casi una década, pero esta semana, el barómetro regulatorio en Washington ha marcado un giro histórico.
Bajo el liderazgo de Paul S. Atkins, como presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unido (SEC, «por sus siglas en inglés»), la agencia ha dado un paso que muchos consideraban imposible hace apenas un par de años atrás, que no es más que la presentación formal ante la Casa Blanca de un marco interpretativo que busca, de una vez por todas, definir las reglas del juego para las criptomonedas.
El documento presentado en la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios (OIRA, «por sus siglas en inglés») bajo el número de identificación RIN: 3235-AN56, Titulado “Interpretación de la Comisión sobre la aplicación de las Leyes Federales de Valores a ciertos tipos de criptoactivos”, representa el acta de defunción de la era de la “regulación mediante litigio” y el nacimiento de una era de “regulación mediante claridad”.
El cambio de tono se hizo evidente durante la reciente conferencia ETHDenver, que se celebró del pasado 18 al 21 de febrero, donde Atkins, acompañado por la comisionada Hester Peirce (conocida en el sector como “Crypto Mom”), ofrecieron un discurso titulado “Number Go Down and Other Schadenfreude”, en español (Números bajos y otras alegrías ajenas).
Este discurso, mostró un despliegue de franqueza inusual para un regulador. De hecho, Atkins bromeó sobre el “vibe coding” y el uso de lenguajes de programación antiguos, pero el mensaje de fondo fue bastante serio “la SEC ya no está interesada en castigar la innovación, sino en integrarla”.
Atkins heredó una agencia que se percibía como hostil hacia el sector cripto y su respuesta ha sido el lanzamiento del “Proyecto Crypto”, como una iniciativa conjunta con la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC, «por sus siglas en inglés»), ahora liderada por Michael Selig.
Esta armonización de estas agencias, busca eliminar las disputas jurisdiccionales que mantenían a las empresas en un limbo legal, sin saber si sus activos eran valores (bajo la SEC) o materias primas (bajo la CFTC).
El corazón de la propuesta enviada a la Casa Blanca es la creación de una Taxonomía de Tokens. Recordemos que históricamente, la SEC utilizaba el “Test de Howey” de 1946 para determinar si un activo era un valor. El problema es que Howey fue diseñado para parcelas de cítricos, no para protocolos descentralizados de liquidez o redes de infraestructura física (DePIN).
La nueva interpretación de la SEC, que es dirigida por Atkins ahora busca definir no solo cuándo un criptoactivo constituye un contrato de inversión, sino que además y quizás esto es —lo más importante— cuándo deja de serlo.
Este concepto de “descentralización suficiente” permitiría que proyectos que nacen como valores (para recaudar fondos) puedan evolucionar hacia activos no financieros a medida que la red se vuelve autónoma.
Desde el punto de vista de los inversores, esto significa que el estatus legal de un token podría cambiar a lo largo de su ciclo de vida, eliminando el miedo a sanciones retroactivas, que antes eran la norma no escrita bajo la administración anterior.
Atkins, hizo especial énfasis en la Exención de Innovación, que se trata de un sandbox regulatorio que permitiría el comercio limitado de valores tokenizados en plataformas novedosas, incluyendo protocolos de Finanzas Descentralizadas (DeFi).
El presidente de la SEC, dijo: “Una exención por innovación para facilitar el comercio limitado de ciertos valores tokenizados en plataformas novedosas con miras a desarrollar un marco regulatorio a largo plazo; Una propuesta de reglamentación para establecer vías de sentido común para que las personas recauden capital en relación con la venta de criptoactivos…”
Y más adelante, agregó: “Lamento repetir una frase a menudo ridiculizada de la administración anterior, pero ‘Vengan y hablen con nosotros’. No nos inclinaremos a favor de ningún activo o tecnología en particular, ni nos convertiremos en sus portavoces, pero queremos que nuestros mercados estén abiertos a quienes ofrecen nuevos productos y servicios”.
“Nuestro reglamento no debe ser un obstáculo para la innovación, sino que debe promover nuestros objetivos de proteger a los inversores, facilitar la formación de capital y fomentar mercados justos, ordenados y eficientes”, afirmó Atkins en Denver.
Lo que se sabe, es que bajo este modelo, los creadores de mercado automatizados (AMM, «por sus siglas en inglés») podrían operar con activos regulados siempre que cumplan con requisitos de “lista blanca” (KYC/AML) integrados en el código mediante contratos inteligentes.

Esto no solo legitima al DeFi, sino que invita a las instituciones financieras tradicionales (TradFi) a mover activos del mundo real (RWA, «por sus siglas en inglés»), como bonos y acciones, hacia la cadena de bloques para aprovechar la liquidación instantánea.
Otro pilar de esta nueva administración es la defensa de la privacidad financiera. Mientras que las administraciones anteriores veían la anonimidad como una amenaza, la dupla Atkins-Peirce la ve como un derecho.
En su discurso, Peirce impulsó el uso de Zero-Knowledge Proofs (ZKP) —pruebas de conocimiento cero— para cumplir con la Ley de Secreto Bancario sin exponer los datos personales de los ciudadanos, por lo que este enfoque sugiere que el futuro de la regulación estadounidense no será la vigilancia masiva, sino el cumplimiento programable y privado.
A pesar del optimismo, el camino no está libre de baches, porque la Ley CLARITY, que busca establecer el marco legal definitivo para las criptomonedas, sigue estancada en el Senado, detenida por el principal punto de fricción: “el rendimiento” de las stablecoins.
El hecho, es que los bancos que pertenecen al TradFi temen que, si las stablecoins de pago pueden ofrecer intereses como una cuenta de ahorro, perderán sus depósitos ante empresas como Ripple o Coinbase, en un abrir y cerrar de ojos.
Atkins ha sido claro al indicar que mientras el Congreso debate, la SEC actuará. La propuesta enviada a la OIRA el pasado martes sirve como un “puente” regulatorio. Si la Casa Blanca da el visto bueno este mes, la SEC podría empezar a emitir cartas de “No Acción” y exenciones antes de que termine abril, independientemente de lo que ocurra en el Capitolio.
Para el mercado cripto, las implicaciones son profundas, ya que la propuesta de Atkins busca transformar el Schadenfreude (término alemán para la alegría por el fracaso ajeno tras las caídas de precios) en Freudenfreude (la alegría por el éxito mutuo).
Obviamente, al reducir el riesgo regulatorio, se espera una entrada masiva de capital institucional que hasta ahora permanecía al margen por miedo a represalias legales, por lo que seríamos testigos, del desmantelamiento de barreras como la polémica SAB 121 (que dificultaba a los bancos custodiar cripto) y la modernización de los agentes de transferencia para que la blockchain sea el registro oficial de propiedad en EEUU.
La SEC de Paul Atkins está intentando algo sin precedentes que es regular una tecnología del siglo XXI con una mentalidad de libertad de mercado, en lugar de control estatal. Si la interpretación RIN: 3235-AN56 es aprobada por la administración en las próximas semanas, Estados Unidos podría recuperar el terreno perdido frente a jurisdicciones como Europa o Asia.
El mensaje final de Atkins, para los desarrolladores en ETHDenver fue simple: “Ponte manos a la obra y trabaja para construir cosas que importen. Así es como transformas la Schadenfreude en Freudenfreude: la sensación de felicidad que sentimos cuando otros triunfan. Un poco de chocolate negro y Coca-Cola Light también podrían ayudar, pero no te excedas con Celsius y Zyn”.

