Cómo un celular incautado en Florida desmanteló un imperio de R$ 10.000 millones

Cómo un celular incautado en Florida desmanteló un imperio de R$ 10.000 millones

El lavado de dinero moderno es un monstruo de varias cabezas, ya que por un lado, una cantidad indeterminada de fondos puede estar transitando a la velocidad de la luz mediante conexiones de fibra óptica a través de redes blockchain, cruzando fronteras en segundos mediante billeteras digitales invisibles para los reguladores.

Pero por el otro, sigue oliendo al sudor de los transportistas que cargan mochilas llenas de billetes en efectivo y al aroma penetrante de cargamentos de ajo contrabandeado desde las fronteras de Mendoza, entre Argentina y Brasil.

Esta dualidad quedó al descubierto tras el lanzamiento de la “Operação Exchange” por parte de la Policía Federal de Brasil, en un operativo, que movilizó a más de 50 agentes federales en el estado de São Paulo, que ejecutaron 13 órdenes de registro y 11 detenciones temporales, logrando un histórico embargo judicial de bienes y criptoactivos por un valor de 10.400 millones de reales.

La investigación ha expuesto cómo una sofisticada red de “lavadores a sueldo” conectó de forma directa al crimen organizado de América Latina con los mercados financieros de Estados Unidos y Europa.

Sin embargo, todo gran imperio criminal suele desmoronarse por el eslabón menos pensado y muestra de esto, es que en octubre de 2023, un control rutinario en el aeropuerto de Fort Lauderdale, Florida, selló el destino de la organización brasileña.

Agentes de Investigaciones de Seguridad Nacional de Estados Unidos (HSI, «por sus siglas en inglés») interceptaron a Ygor Fokin Saviolli y le confiscaron su teléfono celular pero lo que parecía una inspección fronteriza ordinaria se convirtió en una mina de oro para la inteligencia financiera, de acuerdo con el medio brasileño O Globo.

El dispositivo albergaba un archivo fotográfico y videográfico de fajos de billetes, comprobantes de depósitos masivos y miles de conversaciones cifradas que indudablemente se convirtieron en material del interés para las autoridades estadounidenses, porque según el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ, «por sus siglas en inglés»), se encontró “una sofisticada organización de lavado de dinero que operaba en todo Estados Unidos y abarcaba varios países”.

Saviolli, utilizando el alias “Boa Sorte”, coordinaba la recaudación de millones de dólares en efectivo generados por el narcotráfico internacional en ciudades como Houston, Chicago, Los Ángeles y Atlanta.

El mecanismo de repatriación era puramente digital, haciendo que el dinero físico estadounidense se convirtiera rápidamente en criptoactivos para ser transferidos de vuelta a Brasil, eludiendo los reportes bancarios tradicionales.

De acuerdo a cifras del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, este canal permitió lavar más de 30 millones de dólares. Tras compartir estos hallazgos con la Policía Federal de Brasil en 2024, la justicia brasileña otorgó acceso total al contenido del dispositivo en enero de 2025, desatando la tormenta en São Paulo.

En el corazón de la estructura en Brasil operaba Victor Henrique de Oliveira Shimada, alias “Bryan Williams”, que no era un miembro tradicional del Primeiro Comando da Capital (PCC, «por sus siglas en portugués»), sino un operador financiero externo de cuello blanco que vendía su infraestructura de lavado al mejor postor.

Para procesar los miles de millones de reales que inundaban el sistema, la red diseñó un entramado de empresas fantasma, entre las cuales el caso más alarmante fue el de Hi Quality Importação e Distribuição.

Esta compañía que no registraba un solo empleado en su nómina, logró aparecer en 645 comunicaciones automáticas del Consejo de Control de Actividades Financieras (Coaf) por transacciones sospechosas que sumaron la astronómica cifra de 29.300 millones de reales brasileños.

Para burlar los sistemas de monitoreo pericial, los implicados hablaban en un estricto código comercial, por lo que en sus chats, el dinero en efectivo era “vivo” o “papel”; los dólares se denominaban “azul”; y los cargamentos de estupefacientes se camuflaban bajo la palabra “iPhone”.

Sin embargo, el ala internacional requería métodos más rudimentarios, de manera que Stella Stefanie Nunes Henrique de Oliveira, prima de Shimada y administradora financiera del grupo, coordinaba el envío de divisas a Lisboa, Portugal, a través de la empresa Avenidas Flutuantes.

Para confirmar la recepción de los fondos en Europa sin dejar rastro en redes, el grupo implementó un sistema de validación analógica, en la que fotografiaban billetes de dos reales con el valor de la transacción y la fecha escritos a mano, usándolos como un recibo físico inviolable.

La versatilidad de Shimada como lavador profesional trascendía el narcotráfico, ya que la investigación pericial reveló que el grupo aprovechó una vulnerabilidad en el procesador de pagos de KMV, a través del programa de fidelidad de Grupo Ultra.

En un solo fin de semana, lanzaron 18.000 solicitudes fraccionadas contra el Banco Votorantim (BV) mediante el sistema de transferencias instantáneas Pix, logrando ejecutar 6.736 de ellas, desviando 206 millones de reales brasileños.

De ese total, 35 millones de reales brasileños fueron a parar directamente a las arcas de Victory Trading, la principal firma de Shimada, fondos que se convirtieron de inmediato a cripto para blindarlos contra la reversión bancaria.

De hecho, cuando los canales digitales se saturaban, la organización recurría a los bienes físicos tangibles, por lo que la Policía Federal brasileña interceptó operaciones de contrabando de ajo y cebolla desde Mendoza, Argentina, coordinadas entre Shimada y el proveedor Diego Lameiro Diz, quien manejaba una red de 17 empresas fantasma del sector alimentario para blanquear capitales simulando operaciones de comercio exterior legítimas.

A pesar del éxito de las redadas, que lograron detener a Stella de Oliveira, al empresario cafetalero João Gilberto Codognotto y al logístico Paulo Roberto “Urso”, la operación dejó un sabor amargo en la Policía Federal, porque las órdenes de captura estaban listas desde junio de 2026, pero la policía brasileña retrasó el golpe para dar tiempo a los investigadores de localizar el paradero exacto de Shimada.

El miércoles 1 de julio, la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC, «por sus siglas en inglés») sancionó de manera unilateral a Shimada, su prima y sus empresas asociadas, exponiendo públicamente sus nexos con el terrorismo y el PCC.

Esta acción alertó de inmediato al líder de la red, obligando a la Policía Federal a lanzar las redadas de emergencia el viernes 3 de julio, por lo que gracias a este cortocircuito de coordinación internacional, Victor Shimada logró escapar del cerco y hoy es considerado un prófugo internacional.

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