Durante la última década, el debate sobre la tecnología blockchain osciló entre la utopía de los entusiastas y el escepticismo de los reguladores, pero al iniciar este 2026, el ruido ha sido reemplazado por una realidad contundente, el creciente uso y adopción se está disparando cada vez más a medida que la tokenización comienza a extenderse.
Las recientes declaraciones de Changpeng Zhao (CZ), fundador de Binance, durante el Foro Económico Mundial en Davos, más que una predicción, se han convertido en la confirmación de que los Estado-Nación han decidido finalmente absorber la tecnología que por años intentaron ignorar.
CZ señaló que prácticamente la fase de los criptointercambios y las stablecoins —que él mismo ayudó a cimentar— fue solo el prólogo para lo que viene, porque según Zhao, más de una docena de gobiernos están actualmente en negociaciones para tokenizar activos nacionales.
Esta revelación marca el inicio de la “Tercera Ola de Adopción”, donde la blockchain deja de ser un ecosistema paralelo para convertirse en la infraestructura misma de la soberanía económica a nivel mundial, por lo que para los gobiernos, la motivación no es ideológica, sino pragmática porque brinda “liquidez y control”.
Concretamente, al transformar activos del mundo real (RWA, «por sus siglas en inglés») como reservas de petróleo, oro, bienes raíces públicos o bonos soberanos en tokens digitales, los Estados pueden fragmentar su riqueza y ofrecerla directamente al mercado global sin pasar por las costosas y lentas aduanas de los bancos de inversión tradicionales.
Como ejemplo de ello, tenemos el Caso de Pakistán, que ha colocado la primera ficha del Dominó. Y es que, el anuncio del Ministerio de Finanzas de Pakistán sobre la tokenización de 2.000 millones de dólares en deuda soberana es el ejemplo perfecto de esta nueva era.
Históricamente, la deuda de un país era un activo reservado para grandes fondos de pensiones o instituciones financieras en transacciones opacas, algo que parece tener sus días contados porque ahora mismo, bajo el modelo que CZ describe, esa deuda se convierte en un simple “código”.

Este código hace posible que un ciudadano en cualquier parte del mundo, o un pequeño ahorrador local, pueda adquirir una fracción de un bono estatal desde su teléfono móvil un domingo por la tarde.
Esta democratización del capital permite a los países capturar liquidez de manera inmediata, inyectando fondos en infraestructura y desarrollo interno sin depender de los ciclos de los mercados de crédito tradicionales.
Obviamente, lo que hace que las palabras de Zhao sean música para los oídos de los gobiernos, es que coinciden con el despertar de los gigantes de Nueva York. Vale recordar, que el pasado 19 de enero, la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE, «por sus siglas en inglés») sacudió el tablero al confirmar el desarrollo de su propia plataforma de valores tokenizados.
La integración del motor de emparejamiento Pillar con la liquidación on-chain 24/7 es la respuesta definitiva de Wall Street a la eficiencia de las criptomonedas, pero el movimiento maestro provino de la DTCC (Depository Trust and Clearing Corporation).
Al recibir la carta de “no acción” por parte de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, «por sus siglas en inglés»), para proceder con un programa de tokenización de bonos del Tesoro de Estados Unidos y acciones del Russell 1000, se ha eliminado la última barrera legal.
Para finales de este 2026, la infraestructura financiera de la mayor potencia del mundo operará en blockchains aprobadas, garantizando que un activo tokenizado tenga exactamente las mismas protecciones legales que un título papel de hace cincuenta años. Como señaló la DTCC, ya no se trata de elegir entre seguridad o innovación; se trata de fusionarlas.
CZ también puso sobre la mesa un concepto fascinante que está por llegar, “los pagos invisibles”. En este escenario, la complejidad de la blockchain se oculta bajo una capa de usuario sencilla. El ciudadano común transacciona en su moneda local, pero por debajo, las redes cripto y las stablecoins ejecutan la liquidación instantánea de esos fondos.
Este avance es lo que permite que el oro tokenizado haya crecido un 177% interanual, alcanzando niveles de negociación comparables a los fondos de inversión en oro más grandes del mundo, porque el inversor ya no quiere “el certificado” del oro; quiere la capacidad de mover el valor de ese oro a la velocidad de la luz para comprar otros activos o liquidar deudas en tiempo real.

La tokenización liderada por el Estado sitúa esta tecnología en una categoría diferente a los esfuerzos privados anteriores, ya que cuando un gobierno tokeniza su petróleo o sus tierras, no solo está buscando eficiencia técnica; está reclamando el beneficio financiero directo de sus activos.
De esta manera, se está eliminando al intermediario privado que tradicionalmente capturaba la mayor parte del valor en el mercado secundario. En Europa, el Régimen Piloto DLT de la Unión Europea y el nombramiento de funcionarios dedicados en el Reino Unido para la infraestructura blockchain sugieren que Occidente no quiere quedarse atrás en esta carrera por la liquidez digital.
Curiosamente estamos ante el nacimiento de un mercado que nunca dormirá, haciendo que la visión de CZ en Davos y los movimientos estratégicos de la NYSE y la DTCC pinten un panorama donde el capital ya no tiene fronteras, ni día en los calendarios y ni siquiera horarios.
El 2026 será recordado como el año en que la propiedad se volvió líquida, básicamente el año en que la riqueza de las naciones se fragmentó en billones de tokens seguros, transparentes y accesibles.
Como bien sugiere el actual clima financiero, la pregunta ya no es si los activos nacionales se tokenizarán, sino qué país será el próximo en poner su soberanía en la cadena de bloques para no quedar fuera de la nueva economía global. Estamos en una era en la que Wall Street ya no espera al futuro; lo está programando.

