Colombia acelera los pagos desde cuentas bancarias y abre una nueva batalla por los cobros recurrentes

Colombia acelera los pagos desde cuentas bancarias y abre una nueva batalla por los cobros recurrentes

PSE concentró el 57,2% del valor del comercio electrónico colombiano en 2025 mientras las transferencias inmediatas crecieron un 152%.

Con Bre-B ya en funcionamiento, fintech y proveedores de pagos buscan resolver el siguiente problema: automatizar cobros, recuperar pagos fallidos y conciliar operaciones.

Colombia está experimentando una transformación de sus sistemas de pago que empieza a cambiar no solo la manera en la que los consumidores compran, sino también la infraestructura que necesitan las empresas para cobrar.

Durante 2025 se realizaron 684,6 millones de compras online, un 19,9% más que el año anterior, por un valor de 145,4 billones de pesos colombianos, según los datos de la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico.

El crecimiento continuó durante 2026. En el primer trimestre, el número de transacciones digitales aumentó hasta un 22,2% interanual.

Pero detrás de estas cifras aparece un cambio posiblemente más importante: la cuenta bancaria está adquiriendo un papel central como instrumento de pago digital.

PSE representó durante 2025 el 57,2% del valor de las ventas online y el 46,5% del número de transacciones registradas en el comercio electrónico colombiano.

El dato no significa que más de la mitad de las suscripciones o pagos recurrentes se realicen mediante débito bancario. La estadística corresponde al conjunto del comercio electrónico. Sí demuestra, sin embargo, hasta qué punto pagar directamente desde una cuenta forma parte ya de los hábitos digitales de los consumidores colombianos.

Y eso está abriendo una nueva competición entre bancos, fintech, adquirentes y proveedores de infraestructura de pagos.

De realizar una transferencia a construir un sistema de pagos

El cambio no se limita a PSE.

Las transferencias inmediatas aumentaron durante 2025 un 152% en número de operaciones y un 164% en valor, según el Reporte de la Infraestructura Financiera e Instrumentos de Pago 2026 del Banco de la República.

Su volumen llegó a equivaler a 2,5 veces el de las transferencias interbancarias tradicionales.

Al mismo tiempo, Colombia ha puesto en marcha Bre-B, su sistema interoperable de pagos inmediatos, cuya operación masiva comenzó en octubre de 2025.

La infraestructura permite realizar pagos entre entidades participantes y pretende reducir una de las fricciones históricas del sistema: que enviar dinero entre distintas instituciones resulte tan sencillo como hacerlo dentro de una misma entidad.

Sin embargo, poder mover dinero inmediatamente entre dos cuentas solo resuelve una parte del problema.

Para una empresa que cobra todos los meses por un servicio, necesita gestionar suscripciones o vende en diferentes mercados, aparecen otras preguntas: cómo obtener y administrar las autorizaciones de cobro, qué hacer cuando una operación falla, cuándo intentar nuevamente el cargo y cómo conciliar posteriormente cientos o miles de operaciones.

Ahí empieza una segunda competición alrededor de los pagos.

El siguiente paso son los cobros recurrentes

Una transferencia inmediata, un pago mediante PSE y un débito automático autorizado previamente no son exactamente el mismo producto.

Cada uno resuelve una necesidad diferente.

La primera facilita el movimiento prácticamente instantáneo de dinero. PSE permite realizar pagos online directamente desde cuentas bancarias. Los débitos automáticos, por su parte, resultan especialmente relevantes cuando existe una relación periódica entre una empresa y su cliente.

Streaming, software como servicio, educación online, seguros o determinadas plataformas digitales dependen precisamente de esa continuidad.

Conseguir la primera venta no garantiza la segunda.

Una tarjeta que caduca, un saldo insuficiente, un instrumento de pago que cambia o una operación rechazada pueden interrumpir automáticamente una relación comercial que el cliente quizá quería mantener.

Por eso, una parte creciente de la innovación en pagos se está desplazando desde cómo aceptar una transacción hacia cómo mantener funcionando el ciclo completo del cobro.

Rebill prepara débitos automáticos desde cuentas bancarias

Es precisamente en esa capa donde quiere posicionarse Rebill, plataforma de infraestructura de pagos que actualmente opera en seis mercados de América.

La compañía asegura que el volumen de pagos que procesa en Colombia se ha triplicado desde enero de 2026.

Conviene poner el dato en contexto: ese crecimiento corresponde exclusivamente a la actividad colombiana de Rebill y no representa una estimación sobre la evolución del conjunto del mercado nacional.

La empresa ha abierto una oficina en Bogotá, se ha incorporado a Colombia Fintech y está preparando una solución para realizar débitos automáticos desde cuentas bancarias, que complementaría los cobros que actualmente puede gestionar mediante otros instrumentos.

La funcionalidad todavía está en desarrollo y la compañía no ha anunciado una fecha concreta para su disponibilidad.

Tampoco ha comunicado que esos futuros débitos recurrentes vayan a utilizar Bre-B como infraestructura.

La distinción es importante. Ambos fenómenos reflejan el creciente protagonismo de las cuentas bancarias en los pagos digitales colombianos, pero no deben interpretarse como una misma tecnología o producto.

América Latina sigue siendo varios mercados de pagos

La complejidad aumenta cuando una empresa quiere vender simultáneamente en diferentes países latinoamericanos.

Las monedas, infraestructuras bancarias, sistemas de transferencias y métodos preferidos por los consumidores continúan siendo fundamentalmente locales.

“América Latina puede verse como un solo mercado desde afuera, pero en pagos sigue siendo profundamente local. Cada país tiene su propia infraestructura, sus métodos preferidos y dinámicas distintas”, explica Francisco Andrés León, cofundador y director de estrategia de Rebill y ex CEO de PayU para América Latina y Bamboo Payment Systems.

La estrategia de compañías como Rebill consiste precisamente en situarse entre esas infraestructuras locales y las empresas que necesitan cobrar en varios mercados.

En lugar de que un comercio tenga que desarrollar individualmente una integración para cada país y cada sistema de pago, estos proveedores intentan crear una capa común desde la que administrar las distintas conexiones.

Rebill asegura que actualmente procesa pagos para más de 150 empresas en el conjunto de los mercados donde opera. La cifra corresponde a su cartera regional y no exclusivamente a Colombia.

Entre los sectores que, según la compañía, están creciendo con mayor rapidez dentro de su negocio colombiano aparecen educación online, seguros y asistencia al viajero, plataformas de inteligencia artificial, software como servicio y streaming.

Todos comparten una característica: buena parte de su negocio depende de cobrar repetidamente al mismo cliente.

Cobrar es solo una parte del problema

El auge de las suscripciones ha convertido además la gestión posterior al pago en una infraestructura cada vez más relevante.

Cuando una operación falla, una empresa tiene que decidir si vuelve a intentar el cobro y cuándo hacerlo. Cuando finalmente recibe el dinero, necesita relacionar la transacción con una factura, una suscripción y un cliente concreto.

Multiplicado por miles de operaciones, lo que parece una cuestión administrativa puede convertirse en un problema tecnológico considerable.

Rebill plantea abordar esa parte mediante un motor de suscripciones, reintentos de cobro, recuperación de operaciones fallidas y conciliación desde una misma infraestructura.

La batalla, por tanto, ya no consiste únicamente en conseguir que aparezcan más métodos de pago en la pantalla final de una tienda.

Consiste en conseguir que funcionen durante toda la relación con el cliente.

El pago empieza a convertirse en infraestructura invisible

La evolución colombiana refleja una tendencia más amplia en los pagos digitales.

Primero fue necesario permitir comprar por internet. Después llegaron más tarjetas, wallets, transferencias y sistemas de pago locales. Ahora la competencia empieza a desplazarse hacia una capa menos visible: hacer que todos esos instrumentos funcionen conjuntamente sin que el comercio tenga que gestionar su complejidad.

Colombia constituye un escenario especialmente interesante para observar esa evolución.

El comercio electrónico continúa aumentando, PSE ya representa más de la mitad de su valor y las transferencias inmediatas están creciendo a triple dígito. A ello se suma ahora Bre-B como infraestructura interoperable.

La siguiente batalla probablemente no será únicamente conseguir que el dinero pueda moverse más rápido.

Será conseguir que una empresa pueda cobrarlo cuando corresponde, recuperar una operación cuando falla y saber exactamente qué ha recibido sin convertir cada nuevo medio de pago en una nueva carga administrativa.

Para los consumidores, todo ese engranaje debería resultar prácticamente invisible.

Para las empresas que están construyendo la infraestructura, en cambio, es precisamente ahí donde empieza el negocio.

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