El ratio stock-to-flow de Bitcoin se sitúa alrededor de 120 frente a aproximadamente 59 para el oro, según un estudio de crypto4me. La diferencia se produjo tras el halving de 2024, aunque los autores advierten de que una mayor escasez no implica necesariamente un precio superior.
Bitcoin y oro llevan años compartiendo una misma comparación. Ambos presentan una oferta limitada, son utilizados como reserva de valor por determinados inversores y su escasez constituye uno de los argumentos centrales para explicar su atractivo monetario.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre ambos. La escasez del oro depende de la naturaleza y de la capacidad para extraer nuevas reservas, mientras que la de Bitcoin está determinada por código.
Un estudio elaborado por crypto4me intenta cuantificar esa diferencia utilizando el ratio stock-to-flow (S2F) y sitúa el punto de inflexión en 2024, cuando el último halving redujo nuevamente a la mitad la emisión de nuevos bitcoins.
Según la investigación, Bitcoin presenta actualmente un ratio stock-to-flow cercano a 120, aproximadamente el doble del registrado por el oro, situado alrededor de 59 a partir de los datos utilizados por los autores procedentes del World Gold Council y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
La conclusión requiere, sin embargo, una precisión importante: esto no significa que Bitcoin sea dos veces más valioso que el oro, ni permite anticipar cuál será su precio futuro.
Lo que refleja el indicador es algo mucho más concreto: cuánto aumenta cada año la oferta existente de ambos activos.
Qué significa realmente un stock-to-flow de 120
El concepto stock-to-flow compara dos magnitudes relativamente sencillas.
El stock representa toda la cantidad existente de un determinado activo, mientras que el flow corresponde a la nueva oferta incorporada durante un periodo, normalmente un año.
Cuanto mayor sea la relación entre ambas cantidades, más difícil resulta incrementar significativamente la oferta existente mediante nueva producción.
Un ratio de 59 implica, de forma simplificada, que al ritmo actual de producción serían necesarios aproximadamente 59 años para producir una cantidad equivalente al stock existente.
En Bitcoin, esa relación ha cambiado radicalmente como consecuencia de los halvings.
La red está diseñada para reducir aproximadamente cada cuatro años la recompensa que reciben los mineros por incorporar nuevos bloques a la blockchain. El último de estos acontecimientos se produjo en abril de 2024 y redujo la recompensa de 6,25 BTC a 3,125 BTC por bloque.
La cantidad de nuevos bitcoins que entra en circulación disminuyó así aproximadamente a la mitad de un día para otro.
Y el stock-to-flow respondió matemáticamente a esa reducción.
2024 marcó el cruce con el oro
Según el estudio “Escasez: algoritmo frente a reservas naturales”, elaborado por crypto4me con motivo del Bitcoin Infinity Day, antes del halving de 2024 Bitcoin y oro presentaban ratios relativamente próximos, alrededor de 60.
El halving cambió esa relación.
Al reducirse a la mitad la nueva emisión de BTC mientras continuaba creciendo el número de bitcoins ya existentes, el indicador se habría situado alrededor de 120.
El resultado es que, medida exclusivamente mediante stock-to-flow, la nueva oferta de Bitcoin tiene actualmente aproximadamente el doble de dificultad para incrementar proporcionalmente el stock existente que la del oro.
Esta diferencia permite observar dos modelos de escasez radicalmente distintos.
En el caso del oro, la nueva oferta depende de factores como los descubrimientos de yacimientos, el precio del metal, los costes de explotación o los avances tecnológicos en minería.
Bitcoin funciona de otra manera.
Su política de emisión está definida de antemano y establece una reducción progresiva de la nueva oferta hasta aproximarse al límite máximo de 21 millones de BTC.
Si las reglas actuales de la red se mantienen, el próximo halving previsto alrededor de 2028 volverá a reducir la emisión por bloque, esta vez de 3,125 a aproximadamente 1,5625 BTC.
Escasez programada frente a escasez natural
Esta diferencia constituye probablemente la parte más interesante de la comparación.
Nadie sabe con exactitud cuánto oro queda por descubrir ni cómo evolucionará la tecnología utilizada para extraerlo durante las próximas décadas.
Con Bitcoin, en cambio, puede conocerse con elevada precisión cuál será su nueva emisión futura bajo las reglas actuales del protocolo.
Es lo que permite hablar de escasez programada.
Pero que la oferta sea predecible no significa que el valor también pueda predecirse.
Y ahí el propio estudio introduce una advertencia especialmente relevante.
“Que un activo sea más difícil de inflar no significa necesariamente que valga más o que sea más seguro”.
El stock-to-flow no permite predecir el precio de Bitcoin
El stock-to-flow alcanzó una considerable popularidad dentro del ecosistema cripto después de que comenzara a utilizarse no solo para medir la escasez de Bitcoin, sino también para intentar proyectar su precio.
Ese salto entre ambas ideas es problemático.
La oferta constituye únicamente una parte de la formación del precio. La demanda, la liquidez, las condiciones macroeconómicas, la regulación, el comportamiento de los inversores y la percepción del riesgo también influyen sobre la cotización.
El propio estudio de crypto4me reconoce esta limitación y recuerda que los modelos de valoración de Bitcoin construidos a partir del stock-to-flow dejaron de ofrecer resultados fiables después de 2021.
La evolución posterior del mercado demostró que una reducción predecible de la oferta no produce automáticamente una trayectoria igualmente predecible del precio.
Bitcoin puede tener un stock-to-flow superior al del oro y continuar experimentando una volatilidad considerablemente mayor.
21 millones frente al infinito
La publicación del estudio coincide con el Bitcoin Infinity Day, una celebración informal de la comunidad Bitcoin que tiene lugar cada 21 de agosto.
La fecha juega precisamente con una de las características fundamentales del protocolo: 21/8 puede representarse como 21 millones dividido entre infinito, simbolizando una oferta máxima limitada frente a un posible crecimiento de la demanda.
Más allá de la efeméride, la comparación con el oro permite observar una de las propiedades monetarias más singulares de Bitcoin.
Por primera vez existe un activo digital cuya emisión futura puede anticiparse con una precisión difícil de reproducir en una materia prima física.
El stock-to-flow permite medir una parte de esa característica, pero no responde a la pregunta que más interesa a los mercados: cuánto debería valer.
La conclusión del estudio resulta por ello más interesante cuando se mantiene dentro de sus límites.
Bitcoin ha superado al oro en una métrica concreta de escasez de nueva oferta.
Eso no garantiza rentabilidad, no elimina su volatilidad y tampoco convierte automáticamente a Bitcoin en una reserva de valor superior al oro.
Lo que sí demuestra es la enorme diferencia entre ambos modelos de oferta: mientras uno depende de las reservas naturales y de nuestra capacidad para encontrarlas y extraerlas, el otro sigue un calendario monetario conocido de antemano y diseñado para reducir progresivamente la creación de nuevas unidades hasta alcanzar un máximo de 21 millones.

