En el volátil mundo de los activos digitales, -algo que ha sido demostrado una vez más en los últimos días- donde las fortunas se hacen y se deshacen en ciclos de 24 horas, las proyecciones a largo plazo suelen tomarse con escepticismo.
Sin embargo, cuando uno de los gigantes de la banca británica como el Standard Chartered, publica un informe de 40 páginas detallando por qué una criptomoneda que hoy lucha por regresar a los 100 dólares podría valer 2.000 en cuatro años, el mercado se detiene a escuchar.
Geoff Kendrick, jefe de investigación de activos digitales del banco, ha lanzado una bomba informativa sobre el futuro de Solana (SOL), porque a pesar de la reciente corrección que ha visto al activo caer un 60% desde sus máximos de septiembre, Kendrick sostiene que los cimientos de la red nunca han sido más sólidos.
La tesis que propone Kendrick y su equipo está apostando a un cambio de paradigma en Solana, que está llevando a esta criptomoneda a dejar de ser el “casino de las memecoins” para convertirse en la columna vertebral de la economía global de micropagos.
Y es que en retrospectiva, durante gran parte de 2023, 2024 y 2025, Solana fue criticada por ser una red dominada por el comercio especulativo de tokens sin valor intrínseco, algo que el propio informe de Standard Chartered admite, cuando señala que incluso en 2025, casi la mitad de las comisiones del protocolo provenían del frenesí de las memecoins.
Sin embargo, los datos de los últimos seis meses cuentan una historia diferente, para Kendrick que señala un cambio estructural en los flujos comerciales dentro de esta red, al señal que están viendo una migración masiva de la liquidez desde los pares de tokens meme hacia los pares SOL-stablecoin.
De hecho, Solana ya procesa un volumen de stablecoins que, en términos de frecuencia de transacciones, supera significativamente al de Ethereum (ETH). Ahora, todos se preguntan cuál será ¿La razón? Y la respuesta es más sencilla de lo que parece, el costo.
Mientras que Ethereum sigue siendo la red de elección para transacciones de gran volumen (la “capa de liquidación institucional”), Solana se ha posicionado como la única red capaz de manejar transacciones de céntimos sin que las comisiones destruyan la viabilidad económica del envío.

El informe del Standard Chartered destaca una pieza clave en el rompecabezas, que no es otra que el protocolo x402, el cual fue desarrollado bajo la influencia de Coinbase. x402 es un estándar abierto que permite a agentes de Inteligencia Artificial y servicios web realizar micropagos automáticos por uso.
Kendrick, afirma que en un mundo donde la IA necesita comprar datos o potencia de cómputo en ráfagas de micro-segundos, pagar 0,30 centavos de dólar de comisión por una transacción de 0.06 centavos de dólar es casi imposible hacerlo en Ethereum y mucho menos en Bitcoin.
En consecuencia, las tarifas de Solana, que a menudo son inferiores a un centavo, son el único riel que hace que esta nueva economía sea posible y sostenible, porque esta capacidad de “monetizar el clic” —pagar por leer un solo artículo, por un minuto de streaming o por una consulta de IA— es lo que Standard Chartered denomina el “PIB de la red”.
Si Solana logra capturar incluso el 10% del mercado global de micropagos para 2030, la valoración de este activo digital alcanzando los 2.000 dólares por cada token SOL deja de parecer una fantasía para convertirse en una cuestión de matemáticas.
Pero ojo, que no todo es optimismo desenfrenado, porque el banco ha ajustado su objetivo para finales de 2026, reduciéndolo de 310 dólares a 250 dólares y esta cautela responde a la actual resaca del mercado cripto, que ha visto a SOL desplomarse por debajo de los 100 dólares en las últimas semanas.
Según Kendrick, el mercado necesita tiempo para digerir la transición tecnológica y para que el interés institucional se materialice completamente. Sin embargo, una vez superado este “valle de desilusión”, la trayectoria proyectada es vertical: 2027: 400 dólares, 2028: 700 dólares, 2029: 1.200 dólares y en 2030: 2.000 dólares.
Otro pilar del informe es la creciente adopción institucional, que se ha disparado desde octubre de 2025, cuando el ETF de Bitwise (BSOL) absorbió el 78% de todos los flujos netos hacia productos cotizados de Solana, lo que indica que, mientras los inversores minoristas huyen por miedo a la volatilidad, las manos fuertes están acumulando Solana, en previsión que su precio aumente en el futuro próximo.
Actualmente, las tesorerías corporativas de activos digitales poseen cerca del 3% de todo el suministro de SOL, una cifra que Standard Chartered espera que se triplique en los próximos tres años a medida que Solana demuestre su estabilidad y utilidad más allá del trading.

Ahora bien, toca pensar en frío todo este escenario maravilloso planteado por Kendrick, porque es responsable señalar, que el camino hacia los 2.000 dólares está plagado de minas terrestres, ya que la competencia de las L2 está alcanzando un nuevo nivel.
Y es que, Ethereum no se ha quedado de brazos cruzados, ya que sus capas secundarias (Layer 2) están bajando costos, por lo que, aunque Kendrick argumenta que la arquitectura monolítica de Solana sigue ofreciendo una latencia superior para aplicaciones de alta frecuencia, esto pudiera cambiar en el futuro con alguna nueva actualización del protocolo de Ethereum.
Otro factor clave es la Fiabilidad, porque en el caso de Solana su red debe demostrar que los apagones que sufrió en años anteriores son cosa del pasado y es verdad que la llegada de Firedancer, el nuevo cliente de validación, promete elevar la capacidad a un millón de transacciones por segundo, pero su ejecución técnica para llegar a ese nivel debe ser impecable.
Por otro lado, la Regulación también juega un papel clave, porque cualquier endurecimiento de las leyes sobre stablecoins en Estados Unidos, por una falta de acuerdos en el Congreso o por un cambio de administración, podría asfixiar el caso de uso principal que Standard Chartered defiende.
Estos peligros son importantes y no deben ser desestimados frente al “Salto de Fe” planteado en el informe de Standard Chartered para febrero de 2026. No obstante, por primera vez, un banco de importancia sistémica como este, no está valorando a Solana por su capacidad de generar “hype” o memes, sino por su capacidad de reemplazar la infraestructura de pagos tradicional.
Para los inversores que hoy ven a SOL en 97,69 dólares con temor, según datos de CoinGecko al momento de redactar esta nota, Kendrick ofrece una perspectiva de 180 grados, tras el desplome actual no es el fin de Solana, sino el punto de entrada para la mayor transformación en la historia de los pagos digitales.
Si el banco tiene razón, la Solana de 2030 no será una criptomoneda más del ecosistema, porque será la red sobre la que fluye el dinero de la Internet del futuro.

