Estados Unidos sigue avanzando en la redefinición del panorama financiero local, gracias a la integración de las criptomonedas en el sistema bancario tradicional.
Este lunes, la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC, «por sus siglas en inglés»), la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC, «por sus siglas en inglés») y la Reserva Federal de los Estados Unidos, conocida como la Fed, han dado luz verde a la banca para custodiar criptoactivos de sus clientes.
Esta decisión era clave y desde hace semanas muchos la esperaban. Ahora los bancos comerciales estadounidenses, tienen el camino libre para custodiar activos digitales de sus clientes, aunque este paso adelante viene con una clara advertencia: la autorización está supeditada a un riguroso cumplimiento de estrictas reglas de protección y gestión de riesgos.
En una declaración conjunta que emitieron estas agencias federales de regulación bancaria, “sobre las consideraciones de gestión de riesgos para la custodia de criptoactivos”, aclararon la participación de los bancos en actividades relacionadas con activos digitales, destacando “las posibles consideraciones de gestión de riesgos para los bancos en relación con la custodia de criptoactivos en nombre de sus clientes”.
Para ello, se analizaron “los principios de gestión de riesgos existentes que se aplican a la custodia de criptoactivos y recuerda a los bancos que brindan o están considerando brindar custodia de dichos activos que deben hacerlo de manera segura y sólida y en cumplimiento con las leyes y regulaciones aplicables”.
Esta decisión, que se venía gestando desde hace tiempo y que ha sido un punto de debate constante en los círculos financieros y tecnológicos, representa un hito significativo en el sector financiero de ese país que hasta ahora se había negado a esta posibilidad.

En concreto, estos cambios impactan la economía e inversiones de los estadounidenses en general, más allá de la novedad de las Bóvedas Bancarias de la banca utilizadas para resguardar criptoactivos.
En las calles de Estados Unidos, muchos ciudadanos no pueden dar crédito a la posibilidad de que sus criptomonedas, ya sean Bitcoin (BTC), Ethereum (ETH) u otras, puedan ser resguardadas por la misma institución bancaria donde guardan sus ahorros o gestionan sus hipotecas.
Lo que hasta hace poco era un escenario futurista, a partir de ahora se convierte en una realidad palpable. Esta nueva directriz no solo legitima un poco más el espacio de los activos digitales, sino que también busca brindar un mayor nivel de seguridad y confianza a los inversionistas que han incursionado en este volátil pero lucrativo mercado.
Vale recordar que históricamente, la custodia de criptoactivos ha sido un asunto complejo, ya que por lo general, los inversionistas a menudo han tenido que recurrir a plataformas de intercambio especializadas, a carteras digitales (conocidas como wallets) o incluso a dispositivos físicos (hardwallets) para resguardar sus monedas.
Si bien estas opciones ofrecen autonomía, también conllevan riesgos inherentes, como la vulnerabilidad a ataques cibernéticos, el riesgo de perder las claves de acceso o incluso el hardwallet, así como también la complejidad para usuarios menos experimentados, por lo que la entrada de los bancos en este juego introduce una capa de institucionalidad y regulación que podría mitigar algunos de estos desafíos.
Las agencias reguladoras, lideradas por la OCC, la FDIC y la Fed, no han actuado a la ligera. Este movimiento se produce después de años de estudio, consulta y un análisis profundo de los riesgos asociados con los criptoactivos, pero también en la era de un gobierno pro criptomonedas como el actual.
El mensaje de las agencias es claro: la participación es bienvenida, pero no a cualquier costo. Se exige a los bancos que cumplan con una serie de requisitos y directrices que buscan salvaguardar la solidez del sistema financiero y proteger a los consumidores.
Entre los puntos clave que se enfatizan, destacan que los bancos no pueden simplemente saltar al mundo cripto sin más, ya que deben adherirse a todas las leyes y regulaciones existentes, incluyendo, pero no limitándose a, la Ley de Secreto Bancario (BSA, «por sus siglas en inglés»), las normativas contra el lavado de dinero (AML, «por sus siglas en inglés») y el financiamiento del terrorismo (CFT, «por sus siglas en inglés»).
Esto significa que la misma rigurosidad que se aplica a las transacciones tradicionales y al resguardo de dinero fiduciario se extenderá al ámbito de los criptoactivos. También los bancos deben demostrar una capacidad robusta para identificar, medir, monitorear y controlar todos los tipos de riesgos asociados con la custodia de criptoactivos.
Esto incluye riesgos financieros (como la volatilidad de los precios), riesgos operativos (fallas tecnológicas, ciberseguridad), riesgos legales (cambios en las leyes) y riesgos de cumplimiento. Se espera que los bancos tengan políticas y procedimientos claros para mitigar estos peligros.

Asimismo se exige que la infraestructura tecnológica y los procesos internos de los bancos sean obligatoriamente impecables, por lo que deben mantener una solidez operativa que garantice la integridad y la seguridad de los criptoactivos bajo su custodia.
Esto implica sistemas robustos de ciberseguridad, planes de contingencia para interrupciones y una capacidad probada para manejar grandes volúmenes de transacciones. Del mismo modo se exige que antes de brindar estos servicios a los clientes, los bancos deben realizar evaluaciones de riesgo exhaustivas.
Dicha medida, va más allá de un simple análisis superficial; por lo que se requiere una inmersión profunda en las particularidades de los criptoactivos, incluyendo cómo se generan y almacenan las claves criptográficas (que no se entregarán a los clientes), la seguridad de las carteras digitales y la autenticación de los clientes.
Por último, las agencias reguladoras del sistema bancario, apuntaron a la supervisión interna como punto fundamental. De allí que, los bancos deben contar con programas de auditoría sólidos que evalúen continuamente la efectividad de sus controles y procesos relacionados con la custodia de criptoactivos, asegurándose que se detecten y corrijan rápidamente cualquier deficiencia.
De cara a los estadounidenses, esta medida brinda mayor confianza y seguridad en el ecosistema de los activos digitales, ya que por regla general, los bancos están sujetos a un escrutinio regulatorio considerable, lo que podría infundir una mayor confianza en el mercado de criptoactivos en los usuarios que todavía no han accedido al ecosistema.
Esto se traducirá en un aumento de la adopción más generalizada de los activos digitales, pero además, impulsará la innovación responsable en el espacio financiero sin comprometer la estabilidad.
Y por supuesto, la entrada de los bancos en el negocio de la custodia de criptomonedas, traerá nuevas oportunidades pero también nuevos riesgos al sistema, más allá de la volatilidad de las criptomonedas, porque los ciberdelincuentes ahora pondrán su mirada en los bancos para tratar de robar sus activos digitales bajo resguardo.
No obstante, esto es una tendencia global, ya está funcionando en la Unión Europea (UE), en Asia, específicamente en Hong Kong, donde la custodia de activos es posible e incluso en algunas entidades del Medio Oriente, por lo que pocas regiones en el mundo todavía no han dado el paso hacia la entrada de la banca en los servicios de custodia de criptomonedas.
¿Cree usted que esta medida acelerará la adopción de las criptomonedas en la vida cotidiana de los estadounidenses? ¿Confiaría usted sus criptoactivos a su banco tradicional? En Territorio Bitcoin, nos gustaría saber su opinión.

