En el corazón de Gangnam, el distrito que simboliza la opulencia y el avance tecnológico de Corea del Sur, una serie de errores de “principiante” ha dejado al descubierto una grieta alarmante en el sistema judicial y tributario del país.
Lo que comenzó como una operación rutinaria para combatir el crimen y la evasión fiscal se ha transformado en un escándalo nacional que combina sobornos, negligencia procedimental y un desconocimiento técnico tan profundo que raya en lo cómico, que ha dejado como resultado. varios millones de dólares en activos digitales esfumados ante los ojos de las autoridades.
El primer acto de este Kdrama criptográfico ocurrió en la Estación de Policía de Gangnam, cuando en 2021, en medio del auge de los activos digitales, los oficiales lograron un golpe importante, tras la incautación de 22 Bitcoins vinculados a un hackeo empresarial, de acuerdo a un reporte del medio Chosun.com.
Al precio actual de marzo de 2026, esos activos representan más de 1.4 millones de dólares, sin embargo, la custodia de este botín no siguió los protocolos de “billetera fría” exigidos por la Agencia Nacional de Policía, lo que terminó en un hurto en las narices de los oficiales.
En lugar de transferir los fondos a un dispositivo hardware propiedad del Estado y resguardar la frase semilla en una caja fuerte independiente, los oficiales permitieron que un tercero —una empresa externa que colaboraba en la investigación— mantuviera la custodia de los activos.
Lo más inaudito es que la policía ni siquiera solicitó la frase mnemónica (las 12 o 24 palabras clave) para mantener el control de la dirección, sino que creyó que únicamente con mantener el dispositivo asegurado, los fondos también estarían allí.
Obviamente, la negligencia no fue solo técnica, sino moral, ya que investigaciones recientes de la Agencia de Policía Provincial del Norte de Gyeonggi sugieren que el descuido fue deliberado, por lo que un oficial del equipo original de investigación fue acusado de aceptar sobornos de la empresa custodia a cambio de favores procesales.

En la investigación se determinó que en 2022, aprovechando este vacío de control, los fondos fueron drenados después de que la firma entregara las claves secretas a un individuo identificado por los medios de ese país como “Jeong”.
El robo permaneció oculto durante casi cuatro años, hasta que una auditoría cruzada de la Fiscalía de Gwangju —que buscaba otros 320 Bitcoins desaparecidos— destapó el agujero negro en Gangnam.
Mientras la policía intentaba explicar cómo perdió los fondos de un Wallet de hardware, el Servicio Nacional de Impuestos (NTS, «por sus siglas en inglés») protagonizaba un error aún más flagrante. En un intento por demostrar su eficacia en la lucha contra los evasores fiscales de alto patrimonio, el NTS publicó un comunicado de prensa celebrando la incautación de 8.100 millones de wones en activos.
Para “ilustrar” el éxito, incluyeron fotografías del operativo en la casa de un deudor identificado como sólo “C”. En las imágenes, destinadas a ser un trofeo de guerra contra la evasión, se mostraba un dispositivo Ledger (una billetera de hardware) junto a un trozo de papel donde el investigado había escrito su frase semilla, sin ningún tipo de difuminado o censura.
Esta impericia en el manejo de pruebas relacionadas con activos digitales, divulgó las palabras que daban acceso total a la fortuna ya que estaban expuestas para cualquier ciudadano con conexión a internet.
La respuesta del ecosistema cripto fue inmediata. En menos de dos horas, un actor desconocido —apodado por la prensa local como el “Hacker del Comunicado”— utilizó las palabras mnemónicas para restaurar la billetera en su propio software.
El botín: 4 millones de tokens Pre-Retogeum ($PRTG), valorados nominalmente en 4.8 millones de dólares. El atacante fondeó la cuenta con una pequeña cantidad de Ethereum para pagar las comisiones de red (gas fees) y vació las cuentas en tres transacciones meticulosas.
No obstante, el clímax de esta historia es aún más risible porque roza lo absurdo. Y es que, el ladrón de los tokens PRTG, tras haber burlado al Servicio Nacional de Impuestos en tiempo real, se topó con una barrera que no pudo hackear, el mercado.
Aunque en el papel era millonario, los tokens PRTG resultaron ser activos “zombis” con un volumen de transacciones diario de apenas 332 dólares. Intentar vender 4.8 millones de dólares en un mercado con esa liquidez habría desplomado el precio a cero instantáneamente, dejando al hacker con apenas unos pocos dólares reales y un rastro criminal imborrable en la blockchain.
Aproximadamente 20 horas después del robo, quizás por frustración o por temor a la inevitable persecución tecnológica, el atacante devolvió la totalidad de los tokens a las billeteras originales, permitiendo que el NTS recuperara los fondos por pura suerte y no por competencia técnica. Aunque, el daño a la reputación institucional ya es de alguna forma irreparable.

Estos incidentes han reabierto el debate sobre la formación tecnológica y de criptomonedas de los funcionarios públicos en Corea del Sur, en Asia, Europa y Latinoamérica, la cual si no es adecuada, puede derivar en más casos similares.
El profesor Cho Jae-woo de la Universidad Hansung, que declaró para el Periódico empresarial Maeil de Corea del Sur que divulgó inicialmente esta noticia: “Revelar la clave mnemotécnica más importante en un comunicado de prensa para que todo el país la vea es como anunciar que abren sus billeteras y se llevan su dinero”.
“La falta de comprensión básica de las autoridades fiscales sobre los activos virtuales ha desperdiciado la oportunidad de recuperar miles de millones de wones de los fondos del tesoro nacional”, agregó el profesor Cho, para señalar que tratar una frase semilla como si fuera una simple prueba física —como un vaso con huellas o un arma incautada— es un error conceptual básico.
La paradoja de estos eventos es más que evidente porque Corea del Sur es uno de los países con mayor adopción de criptomonedas y tecnología robótica del mundo. Sin embargo, sus instituciones parecen atrapadas en el “siglo XX” en cuanto al manejo de pruebas digitales o que se encuentren asociadas a una blockchain.
Si bien, las instituciones financieras de ese país; son lo suficientemente modernas para establecer un mercado cripto plenamente regulado, así como también para confiscar activos digitales, parece que también son lo suficientemente arcaicas para no saber cómo guardarlos.
El escándalo de Gangnam y el descuido del NTS han forzado un cambio de política inmediato, haciendo que el gobierno surcoreano haya anunciado que, a partir de ahora, todas las criptomonedas confiscadas deberán ser gestionadas por Proveedores de Servicios de Activos Virtuales (VASP) certificados, eliminando la responsabilidad de la custodia física de manos de policías y fiscales que, claramente, no están preparados esta responsabilidad.
Mientras Bitcoin al momento de redactar esta nota se mantiene en los 65.189,12 dólares, recuperándose levemente tras su caída, hasta los 63.176,93 dólares el sábado 28 de febrero luego que se desataran los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán por su reticencia a llegar a un acuerdo sin armas nucleares, se puede decir que eventos como los sucedidos en Corea del Sur, sirven como un recordatorio para inversores e instituciones de la importancia de las frases semilla.
En la cadena de bloques el eslabón que siempre termina siendo el más vulnerables, es el error humano, que puede facilitar el robo de activos digitales sin mayores esfuerzos. Para los oficiales de Gangnam, la lección ha llegado tarde y con cargos criminales de por medio.
Pero sin duda, para el resto del mundo, es una advertencia de que la “educación cripto” de todas las personas que pueden tener bajo su control activos digitales en posesión del estado, es muy importante para evitar situaciones similares en otras jurisdicciones.

