El BIS afirma que la alta inflación impulsa el uso de las stablecoins en los países EMDE

El BIS afirma que la alta inflación impulsa el uso de las stablecoins en los países EMDE

De acuerdo con un paper de investigación publicado por el Banco de Pagos Internacionales (BIS, «por sus siglas en inglés») a principios de mes, millones de ciudadanos en Oriente Medio y Latinoamérica al hacer un uso generalizado de las stablecoins podrían causar un impacto significativo en el sistema monetario y financiero internacional, especialmente en las economías emergentes y en desarrollo (EMDE, «por sus siglas en inglés»).

El BIS Paper No. 170, publicado el 5 de mayo de 2026, titulado “The impact of stablecoins on the international monetary and financial system”, realizado por Iñaki Aldasoro, Jon Frost and Hiro Ito, señala que en países como Líbano, Irán, Argentina y Venezuela, sus ciudadanos están llevando a cabo, una adopción de nicho, debido a la crisis cambiaria o la alta inflación.

El informe dice que: “en estos países las stablecoins siguen siendo principalmente instrumentos para el comercio en cadena dentro del ecosistema cripto, con una penetración limitada en las transacciones de la economía real”.

“Si bien los residentes de algunas economías con alta inflación utilizan las stablecoins como reserva de valor en el extranjero, su adopción generalizada para pagos cotidianos no se materializa. La confianza pública se ve afectada periódicamente por ciberataques de alto perfil, desvinculaciones temporales de las monedas o corridas bancarias contra los principales emisores”.

Y agrega que esto se debe a que “Persiste la incertidumbre regulatoria” por lo que “la adopción individual es escasa y los comerciantes tradicionales siguen reacios a aceptar stablecoins debido a las cargas de cumplimiento y la preocupación por la volatilidad de los precios en las plataformas de entrada y salida”.

El informe del BIS, concluye que el uso de estas stablecoins “se concentra en los exchanges de criptomonedas, los protocolos de finanzas descentralizadas y los corredores de remesas específicos donde la banca corresponsal es particularmente costosa o poco confiable.

De allí que la adopción en las EMDE “sigue siendo muy desigual, siendo especiales, las economías que experimentan crisis cambiarias agudas o alta inflación (por ejemplo, Venezuela, Líbano, Irán, Argentina), surgen focos de acaparamiento de dólares y stablecoins, pero los pagos minoristas cotidianos siguen denominándose en moneda nacional”.

Los investigadores del Departamento Monetario y Económico del BIS, señalan que “las implicaciones para la soberanía monetaria y la estabilidad financiera en este escenario son, en consecuencia, limitadas” y que “las medidas de gestión de flujos de capital experimentan cierta fuga a través de transferencias entre pares en la cadena de bloques, pero los volúmenes siguen siendo pequeños en relación con los flujos generales de la balanza de pagos”.

En estos países pertenecientes a la EMDE, sus “bancos centrales conservan una influencia significativa en su política monetaria, ya que la dolarización de depósitos y préstamos se produce, en su caso, a través de canales tradicionales en lugar de mediante stablecoins”.

La conclusión es tajante para los bancos centrales de la región, porque estos países, que aparecen citados explícitamente, son aquellos donde este fenómeno ya no es teoría sino una realidad observable en los flujos transfronterizos de Tether (USD₮) y USDC (USDC).

Para el BIS en contextos de alta inflación y volatilidad cambiaria, las stablecoins ofrecen a los ciudadanos acceso a valor en dólares digitales sin necesidad de una cuenta bancaria en moneda extranjera, sin horarios y con la posibilidad de autocustodia que ningún depósito bancario puede ofrecer.

El resultado empírico es contundente, mostrando que los incrementos en flujos de stablecoins hacia estos países se asocian con depreciación posterior de la moneda local, desviaciones de la paridad cubierta de tasas de interés y brechas crecientes entre el tipo de cambio implícito en las stablecoins y el tipo oficial.

En el caso de economías como las de Argentina y Venezuela, con su larga historia de controles cambiarios y mercados paralelos, el patrón resulta familiar en su forma pero novedoso en su escala y velocidad, porque la adopción de stablecoins permite a los ciudadanos de esos países dolarizarse de manera más rápida y eficiente, evitando los trámites y limitaciones impuestas por las autoridades monetarias.

Lo que distingue a esta nueva forma de dolarización de las anteriores no es solo la tecnología sino la velocidad y la opacidad con que opera, porque la dolarización tradicional avanzaba a través del sistema bancario, dejando rastros visibles en los registros de depósitos en moneda extranjera y en las estadísticas de balanza de pagos.

La dolarización vía stablecoins se mueve en cadenas de bloques mediante transacciones seudónimas que escapan a los indicadores tradicionales de monitoreo. Los bancos centrales, señala el BIS, enfrentan el riesgo de descubrir que una parte significativa de los ahorros privados ya migró al dólar digital antes de que sus instrumentos estadísticos lo detecten.

En estos escenarios, la política monetaria pierde tracción porque una proporción creciente de los ahorros ocurre fuera del alcance del banco central, intermediada por emisores privados que invierten sus reservas en letras del Tesoro de Estados Unidos en lugar de sostener el crédito doméstico, una dinámica que complica la capacidad de los bancos centrales para implementar medidas efectivas de control monetario y fiscal.

Indudablemente, la dolarización digital plantea riesgos importantes para la soberanía monetaria en las EMDE debido a la rápida sustitución de divisas, lo que podría generar ganancias de eficiencia preservando la autonomía política, pero requiere una capacidad regulatoria considerable y además, todo dependerá de los patrones de adopción, las respuestas regulatorias y la interacción con otras formas de dinero digital.

De hecho, la conclusión más dura del paper es también la más relevante para la región, porque los países más vulnerables a esta dolarización digital son precisamente los menos equipados para responder a las crisis de alta inflación y la volatilidad cambiaria.

Esto hace que las stablecoins sean más atractivas con las mismas condiciones que debilitan la capacidad institucional para regularlas, por lo que el BIS describe este riesgo como una trampa de subordinación financiera digital -una dinámica autorreforzante donde la fragilidad macroeconómica acelera la adopción de stablecoins, y esa adopción profundiza la fragilidad al erosionar la soberanía monetaria que le quedaba al banco central.

Para los ciudadanos de a pie en Buenos Aires o Caracas, la lógica es simple, proteger el poder adquisitivo hoy pero para sus bancos centrales, las consecuencias se acumulan en silencio porque la dolarización digital representa un desafío significativo que requiere una respuesta coordinada y proactiva para evitar una erosión aún mayor de la estabilidad económica y la soberanía monetaria.

Al final del día, el informe del BIS peca de la prudencia típica de los reguladores globales, pero lee el panorama correctamente en el fondo al advertir que el dólar digital privado encontró el canal perfecto para colarse en los países estables e inestables por igual.

Así que sí, el fenómeno de “dolarización pasiva” que pavimenta el camino a la adopción total es, económicamente, el camino que el agua ya está tomando.

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