Londres y Washington sellan un pacto para unificar mercados y blindar las stablecoins

Londres y Washington sellan un pacto para unificar mercados y blindar las stablecoins

La reconfiguración del orden financiero global ha dado un paso de gigante esta semana, ya que el martes, el Tesoro de Su Majestad del Reino Unido, que es el ministerio de economía y finanzas del gobierno de ese país y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos revelaron formalmente las recomendaciones iniciales del Grupo de Trabajo Transatlántico para los Mercados del Futuro (TTMF, «por sus siglas en inglés»).

Este foro bilateral, gestado en septiembre de 2025 bajo la batuta de la canciller británica Rachel Reeves y el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent, ofrece por primera vez una respuesta coordinada e institucional ante el avance de la tecnología de registro distribuido (DLT, «por sus siglas en inglés») “también llamado Blockchain”, los activos tokenizados y la proliferación de las monedas estables en la infraestructura de pagos internacional.

El anuncio, que viene respaldado por una contundente “Declaración conjunta sobre las stablecoins”, que no busca simplemente parchear la regulación existente, sino que su objetivo es crear un canal de comunicación directo entre las dos plazas financieras más influyentes del planeta —Londres y Nueva York— para evitar la fragmentación regulatoria, facilitar el flujo de capitales transfronterizos y establecer estándares que el sector privado pueda implementar a escala global.

La tokenización de activos reales (RWA, «por sus siglas en inglés») y de instrumentos financieros tradicionales se han convertido en 2026 en una prioridad de Estado, por lo que en la Recomendación 1, el TTMF establece un plazo de un año para poner en marcha un grupo de trabajo en colaboración con el sector privado.

El objetivo será diseñar pilotos reales para la transferencia transfronteriza de activos tokenizados, definiendo estándares técnicos aplicables al ecosistema transatlántico. Quizás el punto más rupturista del informe se encuentra en la Recomendación 2.

 


Y es que, los reguladores de primer nivel de ambas potencias —el Banco de Inglaterra, la Autoridad de Conducta Financiera (FCA, «por sus siglas en inglés»), la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, «por sus siglas en inglés») y la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos (CFTC, «por sus siglas en inglés»)— han recibido el encargo directo de evaluar la firmeza jurídica de la liquidación en transacciones con valores tokenizados.

Además, se abre formalmente la puerta a un caso de uso largamente demandado por el capital institucional, la elegibilidad de las stablecoins y de los fondos monetarios tokenizados (MMFs, «por sus siglas en inglés») como garantía de margen en las contrapartes centrales (CCPs, «por sus siglas en inglés»).

De consolidarse, este paso integraría de lleno los activos criptográficos en el corazón del engranaje diario de la liquidez financiera global. De hecho, la declaración conjunta que acompaña al informe del TTMF traza una línea roja muy clara respecto a lo que se considerará una moneda estable segura.

Ambos gobiernos coinciden en que estas herramientas tienen un potencial extraordinario para modernizar los pagos transfronterizos y abaratar los costes de transacción, pero solo si están “bien reguladas”.

Para lograrlo, el decálogo transatlántico impone que las stablecoins con funciones de pago deben estar respaldadas al menos en una proporción de uno a uno (1:1) por activos líquidos de alta calidad, definidos de forma estricta por los reguladores locales.

Los reguladores han querido enviar un mensaje de calma a los operadores comerciales de la industria de las criptomonedas porque la declaración afirma de manera explícita que las medidas de reserva y liquidez deben evitar la “fragmentación innecesaria” y no imponer exigencias de capital desproporcionadas al riesgo real.

Se busca proteger la viabilidad comercial de las empresas emisoras y mantener barreras de entrada bajas que no asfixien la competencia. De igual manera, se consagra el derecho de estos emisores a mantener un acceso justo y basado en riesgos a servicios bancarios básicos, una de las grandes batallas históricas del sector.

Asimismo, el pacto aborda con crudeza el escenario de un colapso empresarial por lo que en caso de insolvencia o quiebra del emisor, la legislación de ambos países deberá garantizar que los tenedores de las monedas estables tengan un derecho legal directo y prioritario sobre las reservas segregadas de la firma, situándose por delante de otros acreedores.

Sin duda, que esta protección se coordinará de manera transfronteriza para evitar el caos jurisdiccional que caracterizó a quiebras pasadas del sector cripto, por lo que el documento del TTMF reconoce que el sector financiero no se divide en compartimentos estancos.

Por ello, de la Recomendación 6 a la 10, el enfoque se desplaza hacia la reducción de las fricciones físicas y operativas en los mercados de capitales convencionales. En este sentido, el personal de la SEC y de la FCA trabajará conjuntamente para facilitar la captación transatlántica de capital, analizando los cuellos de botella burocráticos.

Un punto técnico pero crucial para las corporaciones británicas es la Recomendación 7, que tras el documento conceptual de la SEC sobre los Emisores Privados Extranjeros (FPI, «por sus siglas en inglés») publicado en junio de 2025, el regulador estadounidense se compromete formalmente a escuchar la opinión de la FCA para evaluar cómo las sólidas normas de divulgación y gobernanza corporativa del Reino Unido pueden verse reflejadas positivamente en el tratamiento que reciben las empresas británicas en Wall Street.

Por último, el acuerdo consolida la colaboración entre la FCA y la CFTC sobre las plataformas de ejecución de swaps (SEFs, «por sus siglas en inglés»), ya que las autoridades pretenden transformar la actual exención temporal de las plataformas británicas en una determinación de cumplimiento sustitutivo (substituted compliance) de carácter permanente antes de que expire el plazo actual, otorgando estabilidad jurídica a largo plazo para las operaciones de derivados transfronterizos.

La coordinación estrecha de las dos mayores jurisdicciones financieras del mundo plantea un escenario de gran trascendencia porque históricamente, las divergencias normativas entre Washington y Londres han permitido el arbitraje regulatorio, donde las firmas buscaban refugio en la jurisdicción más laxa.

Al unificar criterios sobre stablecoins, tokenización, custodia segregada y garantías, el Reino Unido y los Estados Unidos están sentando las bases de un estándar internacional de facto, por lo que cualquier jurisdicción que pretenda competir en los mercados del futuro tendrá que alinearse con los principios de solidez, neutralidad tecnológica y respaldo estricto acordados en este pacto transatlántico.

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