Garlinghouse dice que las próximas dos semanas definirán el futuro cripto en EEUU

Garlinghouse dice que las próximas dos semanas definirán el futuro cripto en EEUU

En el corazón financiero de Miami, donde el optimismo del mercado suele ser tan intenso como el sol de Florida, una advertencia ha logrado enfriar el ánimo de los asistentes al evento Consensus 2026, que se celebró esta semana en dicha ciudad, desde el 05 hasta el 07 de mayo.

En dicha cita, Brad Garlinghouse, CEO de Ripple y una de las figuras más curtidas en las batallas legales contra Washington, no utilizó rodeos al señalar que el sector de los activos digitales se enfrenta a una ventana de oportunidad de apenas 14 días.

Para Garlinghouse, si el Comité Bancario del Senado no actúa ahora sobre la Ley de Claridad (Clarity Act), el progreso regulatorio de Estados Unidos podría entrar en un estado de hibernación inducida por el ciclo electoral.

La advertencia de Garlinghouse no es un arrebato de pesimismo, sino una lectura pragmática del calendario legislativo, con las elecciones de mitad de mandato (midterms) asomando en el horizonte de noviembre, el Congreso de los Estados Unidos está a punto de entrar en su fase de parálisis estacional.

Históricamente, a medida que se acercan los comicios, la voluntad de los legisladores para debatir temas técnicamente complejos y políticamente divisivos se reduce a cero, ya que por lo general, estos debates podrían convertirse en un resultado desfavorable para su reelección.

Si no sucede en las próximas dos semanas, la probabilidad disminuye drásticamente”, afirmó Garlinghouse, por lo que algunos analistas, consideran que el CEO de Ripple está en lo cierto, porque una vez que los senadores se enfoquen plenamente en la recaudación de fondos y en los mítines en sus estados de origen, la arquitectura legal que el sector reclama quedará relegada al fondo del cajón.

Para la industria, esto no solo significa esperar otro año, sino arriesgarse a que la composición de las cámaras cambie y el proceso deba reiniciarse desde cero en 2027, lo cual sería un atraso increíble para uno de los proyectos de leyes más esperados desde 2025.

Ciertamente, el contexto actual es radicalmente distinto al de hace dos años porque bajo la administración de Paul Atkins en la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, «por sus siglas en inglés»), el enfoque de “regulación mediante la demanda” que caracterizó la gestión de Gary Gensler ha sido desmantelado.

Atkins ha sustituido los litigios agresivos contra las empresas del sector de las criptomonedas por un sistema de consultas técnicas y periodos de gracia que han permitido que Bitcoin hoy por hoy consolide su posición por encima de los 80.000 dólares a pesar de la situación geopolítica en Medio Oriente.

Sin embargo, Garlinghouse sabe que esta paz es frágil, ya que la actual política de la SEC es administrativa, no estatutaria. Es decir, depende de la buena voluntad y la visión del comisionado de turno y de la política partidista de quien esté al frente de la Casa Blanca.

Sin la aprobación de la Clarity Act, cualquier cambio de signo político en el Ejecutivo podría traer de vuelta la “época del garrote” retrocediendo en todo lo que se ha avanzado con la administración actual.

La ley busca, precisamente, quitarle esa discrecionalidad a la agencia y codificar en piedra que la mayoría de los activos digitales no son valores (securities), sino una nueva clase de activos con reglas claras y predecibles.

El gran obstáculo en el Comité Bancario del Senado ha sido, durante meses, el tratamiento de las stablecoins y sus mecanismos de recompensa, porque el sector bancario tradicional ha presionado para que cualquier entidad que emita estos activos sea regulada como un banco comercial, una exigencia que muchos consideran el fin de la innovación en las finanzas descentralizadas (DeFi).

No obstante, ha surgido un rayo de esperanza tras el reciente acuerdo bipartidista entre las senadoras Angela Alsobrooks (D-MD) y Thom Tillis (R-NC) que parece haber encontrado un punto medio al permitir que emisores no bancarios operen bajo una supervisión federal estricta pero adaptada, resolviendo el conflicto sobre cómo se distribuyen los rendimientos.

Este consenso es el que Garlinghouse insta a votar de inmediato porque este ímpetu del acuerdo logrado, es el combustible que la Clarity Act necesita para llegar al pleno del Senado antes de que el ruido electoral ahogue la razón técnica.

Resulta paradójico que, mientras Garlinghouse lanza estas advertencias, el mercado parece estar en plena efervescencia, con el precio de Bitcoin y el renovado interés institucional sugieren que el sector siente que ha ganado la partida.

Pero para Ripple y otras empresas que construyen infraestructura de pagos globales, el precio es secundario frente a la certidumbre jurídica, porque como se recordará, Ripple ha pasado años y millones de dólares en tribunales defendiendo “que XRP no es un valor”.

Aunque la jueza Torres les dio la razón en puntos fundamentales, la victoria sigue siendo judicial y, por tanto, sujeta a apelaciones o interpretaciones variables, algo que con la Clarity Act aprobada, daría la validación definitiva a dicho razonamiento de “que XRP no es un valor”.

Eso aporta claridad a XRP, pero para que la industria avance realmente, necesitamos que otros activos digitales tengan el mismo grado de certeza”, subrayó el ejecutivo de Ripple. De allí que las palabras de advertencia de Garlinghouse, sean una señal evidente de que Estados Unidos se encuentra en una encrucijada.

Por un lado, tiene la oportunidad de consolidar su liderazgo financiero integrando los activos digitales en su marco legal de manera coherente. Pero por el otro, corre el riesgo de caer en la complacencia por el buen momento del mercado y permitir que la ventana legislativa se cierre.

Es por eso que las semanas del 11 y el 18 de mayo serán recordadas como el momento en que Estados Unidos decidió ser el arquitecto del sistema financiero del siglo XXI o simplemente un espectador que permitió que la política interna frenara el progreso tecnológico.

Como advirtió Garlinghouse, el tiempo no es oro; en el mundo de la regulación cripto, el tiempo es soberanía tecnológica. Y se está agotando.

Advertencia "La inversión en criptoactivos no está regulada, puede no ser adecuada para inversores minoristas y perderse la totalidad del importe invertido"