El 2026 comienza con buenas noticias para el mundo cripto, porque durante años, las sedes centrales de las “Big Four” —PwC, Deloitte, KPMG y EY— en Manhattan y la City de Londres mantuvieron una distancia prudencial, casi gélida, con el ecosistema de las criptomonedas, lo que está cambiando definitivamente.
Para los gigantes de la auditoría y la consultoría, los clientes del sector cripto era un “campo de minas” reputacional y legal, sin embargo, en un reciente informe de Financial Times, la cautela ha dado paso a una carrera por el dominio de la tesorería digital.
Lo que se sabe, es que el catalizador de este cambio ha sido el giro estratégico de la Administración estadounidense y la promulgación de la Ley GENIUS el año pasado, haciendo que lo que antes era un activo bajo sospecha, hoy se esté convirtiendo en el pilar de una nueva arquitectura financiera que promete redefinir la economía global para la década de 2030.
Atrás quedó la era de la incertidumbre regulatoria, que obligaba a las empresas de criptomonedas a quedar fuera de la mayoría de los marcos de control de los directores financieros, los balances y las decisiones de asignación de capital.
A medida de las stablecoins y la tokenización de activos, se asientan en el sistema financiero tradicional (TradFi), PwC ha comenzado a expandir su negocio hacia las empresas de activos digitales.
De hecho, la tokenización de activos es el proceso por el cual, se convierten los derechos sobre un activo real (físico o financiero) en tokens digitales únicos y fraccionables que se almacenan en una blockchain, lo que promete junto a las stablecoins transformar las bases para una economía global más estable, más descentralizada, equitativa y altamente líquida.
La tokenización de activos, permite gestionar la propiedad estos activos, intercambiarlos y resguardarlos de forma fraccionada, segura y eficiente, democratizando la inversión y aumentando la liquidez de activos tradicionalmente poco líquidos como inmuebles o arte.
Paul Griggs, CEO de PwC en Estados Unidos, ha sido contundente: “la firma ha pasado de la observación a la acción. PwC tiene que estar en ese ecosistema”, afirmó recientemente, subrayando que la tokenización ya no es un experimento de nicho, sino una evolución inevitable.

La Ley GENIUS, promulgada en julio pasado por el presidente Donald J. Trump, ha sido el “pegamento” que faltaba para unir Wall Street con la Web3, al facilitar por primera vez un marco regulatorio real para los tokens vinculados al dólar (stablecoins) y permitir que los bancos lancen sus propios activos digitales.
De esta manera, Washington ha eliminado el mayor obstáculo que existía para las “Big Four”: la incertidumbre. Bajo la nueva dirección de Paul Atkins en la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos (SEC, «por sus siglas en inglés»), la prioridad ya no es la persecución, sino la integración mediante normas claras.
Este cambio de clima ha provocado que empresas de primera línea, desde multinacionales de logística hasta mineras de Bitcoin como Mara Holdings (ahora cliente de PwC), busquen desesperadamente el sello de aprobación de las grandes auditoras para dar legitimidad a sus balances.
Mientras en Estados Unidos, la Ley GENIUS marca el ritmo, en el Viejo Continente el reglamento MiCA (Markets in Crypto-Assets) ha alcanzado su plena madurez en este 2026. De hecho, en España se ha posicionado como el laboratorio europeo de esta integración.
Tan sólo observar cómo entidades financieras como BBVA y Santander han dejado de ver a las criptomonedas como competidores para verlas como socios de infraestructura, que han calado desde hace tiempo dentro de las preferencias de los usuarios bancarizados, es una señal más de cambio.
Cruzando el Atlántico, en Latinoamérica, el fenómeno es aún más pragmático. Con la inflación acechando en varias economías de la región, el uso de stablecoins para remesas y pagos transfronterizos, e incluso para compras cotidianas ha forzado a los bancos tradicionales a acelerar su digitalización.
De allí que el mensaje institucional para el sector financiero de las “Big Four”, es muy simple, aquellos bancos que no ofrezcan custodia de activos digitales para 2027, perderán la relación con la próxima generación de clientes corporativos, los cuales están acostumbrados a ver los activos digitales y a usarlos.
Si el trienio 2026-2028 es el de la “institucionalización”, la década de 2030 será la de la “invisibilidad”. Para entonces, las predicciones de firmas como Boston Consulting Group y Citi sugieren que el 10% del PIB mundial se moverá a través de activos tokenizados, una cifra que casi se pierde de vista.
Estamos hablando de un mercado de entre 10 y 16 billones de dólares donde no solo habrá criptomonedas, tokens, memecoins y NFT. La verdadera revolución, según los expertos, reside en la tokenización de activos reales (RWA, «por sus siglas en inglés»).

De acuerdo a lo estimado, hacia la década del 2030, es probable que comprar una fracción de un hotel en la Costa del Sol o una participación en una mina de litio en Chile sea tan sencillo como enviar un mensaje de texto, gracias a la infraestructura que PwC, Deloitte y los grandes bancos están construyendo hoy.
En este 2026, el plano de ajustes regulatorios seguirá dominando la puesta a punto del mercado cripto para su expansión. En 2027 – 2028, sería el momento en que llegará la estandarización Contable, con la incorporación de las criptomonedas como un activo ordinario en cualquier balance.
Luego, hacia la década de 2030, está prevista la explosión de la tokenización masiva de activos, que podría cubrir como mínimo 10% del PIB mundial, el cual circularía en las redes blockchain, con apenas entre el 5% y el 10% de todos los activos financieros del mundo tokenizados, incluyendo bienes raíces, bonos gubernamentales y acciones de empresas, así como también créditos privados y materias primas.
La cantidad de usuarios de este ecosistema a nivel global para ese momento se estima en una adopción que superará los 1.000 millones de personas como mínimo, integradas a través de interfaces invisibles (bancos tradicionales usando rieles cripto).
La gran conclusión de este inicio de año es que la típica batalla entre la “banca tradicional” y el “mundo cripto” ha terminado en un empate técnico que beneficia a ambos. Por un lado, los bancos aportan la confianza y el cumplimiento normativo y por el otro, las criptomonedas aportan la eficiencia y la programabilidad del dinero.
Las “Big Four” han entendido que su papel no es solo auditar el pasado, sino diseñar el futuro y en función de ello, están ya trabajando. Como señala Griggs, la firma no se adentra en negocios para los que no está preparada, y el hecho de que estén reforzando sus carteras con expertos en blockchain indica que el “dinero programable” ya es el lenguaje oficial de los negocios.

