Esta es la visión de Vivien Lin, Chief Product Officer de BingX.
El mercado cripto atraviesa una etapa claramente marcada por la prudencia y la desaceleración del apetito por riesgo. Bitcoin continúa moviéndose dentro de una dinámica descendente iniciada tras los máximos de noviembre, reflejando un entorno donde la prioridad parece ser la preservación de capital más que la búsqueda activa de retornos. Más que una capitulación, el comportamiento reciente sugiere un proceso de ajuste ordenado, típico de los períodos de cierre de año, en los que muchos participantes reducen exposición y aseguran ganancias acumuladas.
Este contexto refuerza una idea que se repite a lo largo de los ciclos: el mercado cripto sigue gravitando en torno a Bitcoin como activo de referencia.
La fortaleza de su dominio indica que, incluso en fases de corrección, los inversores continúan viéndolo como el principal termómetro del riesgo cripto y como el punto de entrada o salida frente a los cambios en la liquidez global. Lejos de una narrativa de independencia del resto del sistema financiero, el comportamiento actual confirma la estrecha relación entre cripto, macroeconomía y condiciones monetarias.
Ethereum, por su parte, atraviesa una etapa de consolidación que lo mantiene en un rol más defensivo que protagónico. La red muestra signos de solidez operativa y uso sostenido, pero sin el impulso necesario para liderar un nuevo tramo alcista. La atención creciente sobre soluciones de segunda capa y otras redes alternativas diluye parte del protagonismo de ETH, que hoy parece más enfocado en sostener su base que en marcar tendencia.
Un elemento especialmente revelador del momento actual es la evolución del mercado de stablecoins. Tras un largo período de expansión casi ininterrumpida, la estabilización —e incluso leve contracción— de su oferta sugiere que el mercado ha entrado en una fase de pausa. Históricamente, este comportamiento ha coincidido con etapas de consolidación más amplias, donde el capital adopta una postura defensiva a la espera de mayor claridad. Al mismo tiempo, el avance regulatorio fortalece a los modelos más consolidados y respalda su rol como infraestructura clave para el ecosistema.
En el universo de altcoins y DeFi, el escenario es aún más selectivo. La mayor parte de los proyectos se comporta como un activo de alto beta, amplificando los movimientos del mercado principal y sufriendo especialmente en momentos de contracción de liquidez. En este entorno, solo aquellos segmentos con fundamentos claros —como los activos del mundo real tokenizados, las estrategias de rendimiento más conservadoras o los componentes esenciales de DeFi— logran sostener el interés de los inversores.
En conjunto, el mercado parece transitar una etapa de depuración y rotación estratégica. La narrativa dominante no es la de crecimiento acelerado, sino la de selección, disciplina y enfoque en calidad.
Hasta que no se observe un cambio claro en las condiciones de liquidez o un renovado impulso macroeconómico, el escenario más probable es el de una consolidación prolongada, que podría sentar las bases para un nuevo ciclo más sólido en el año por comenzar.

