En el vertiginoso mundo de las criptomonedas, nunca se deja de producir noticias, unas buenas y otras no tanto, pero es uno de los pocos ecosistemas donde se dice que “el código es ley”, sin embargo, el pasado viernes, la ley que imperó en Seúl fue la de la falibilidad humana y la ley de Murphy, “todo lo que pueda ir mal, irá mal”, lo que sigue siendo una verdad incuestionable.
Y es que, lo que debía ser una modesta campaña de fidelización para 695 usuarios del criptointercambio surcoreano Bithumb, el segundo más grande de ese país, se transformó en lo que analistas ya catalogan como el error operativo más costoso y absurdo en la historia de las finanzas modernas.
Todo comenzó con un evento promocional denominado “Cofre del Tesoro Aleatorio”, que tenía la intención de repartir pequeñas gratificaciones de entre 2.000 y 50.000 wones coreanos (aproximadamente entre 1,40 dólares y 35 dólares) para incentivar el uso de su plataforma.
Sin embargo, en un descuido que desafía cualquier protocolo de control interno, un empleado del equipo de operaciones de Bithumb cometió un error tipográfico fatal al ingresar la unidad de la recompensa, seleccionó “BTC” en lugar de “KRW”.
Como resultado, en cuestión de segundos, las cuentas de los participantes se vieron inundadas con una fortuna inimaginable, ya que en lugar de recibir el equivalente al precio de un café, cada usuario recibió al menos 2.000 Bitcoins.
En total, Bithumb distribuyó por error la astronómica cifra de 620.000 BTC, valorados en ese momento en unos 44.000 millones de dólares, cifra que para ponerla en perspectiva, este error puso en circulación accidental una cantidad de capital superior al Producto Interno Bruto de varios países pequeños.
La reacción de los usuarios fue inmediata, porque al verse repentinamente convertidos en multimillonarios de papel, muchos intentaron liquidar sus posiciones antes de que el sistema detectara la falla.
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Esta presión de venta masiva y artificial provocó un colapso del precio del Bitcoin dentro del ecosistema de Bithumb, mientras en otros criptointercambios globales como Binance o Coinbase el precio se mantenía estable cerca de los 70.000, en Bithumb el par BTC/KRW sufrió un flash crash del 17%, hundiendo su valor hasta los 81,1 millones de wones (unos 56.000 dólares).
Tras este bochornoso incidente, la plataforma tardó aproximadamente 35 minutos en reaccionar, congelando retiros y operaciones para los 695 usuarios afectados, mitigando así la mayor parte del riesgo de pérdida.
De acuerdo con el comunicado oficial 1651924, Bithump logró recuperar el 99,7% de los activos distribuidos (unos 618.212 BTC) pero la “pérdida” de aproximadamente 1.788 BTC —equivalentes a unos 125 millones de dólares que lograron salir del criptointercambio o fueron liquidados rápidamente— representa un agujero financiero que la empresa se comprometió a cubrir con sus propios fondos, asumiendo la responsabilidad.
Obviamente, la magnitud del desastre obligó a Bithumb a lanzar una contraofensiva comunicacional y en otro comunicado de prensa 1651926, la firma anunció la creación del “Grupo de Trabajo para el Alivio de Daños a los Inversores”.
Este comité no solo tiene la misión de rastrear los fondos restantes, sino también de gestionar las reclamaciones de aquellos usuarios legítimos que, víctimas de la volatilidad extrema y el pánico del momento, vendieron sus activos a precios desfavorables.
Bithumb se ha comprometido a compensar la diferencia de precio a estos usuarios, incluyendo un bono adicional del 10% como gesto de buena voluntad. No obstante, el costo reputacional podría ser mucho mayor que el financiero.
En un entorno regulatorio tan estricto como el surcoreano, donde el cumplimiento y la seguridad son pilares sagrados, un error de esta naturaleza es una mancha difícil de borrar. De hecho, la Comisión de Servicios Financieros (FSC, «por sus siglas en inglés») de Corea del Sur no ha tardado en reaccionar.
El incidente ha sido calificado por las autoridades como una prueba clara de las “vulnerabilidades y riesgos” que aún persisten en los mercados de activos virtuales, por lo que se espera que en las próximas semanas se inicie una inspección in situ para evaluar los protocolos de seguridad y los sistemas de control interno de Bithumb.
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Este escándalo llega en el peor momento posible para el criptointercambio, que tiene planes de realizar una Oferta Pública Inicial (IPO, «por sus siglas en inglés») a finales de este 2026, posiblemente en el Nasdaq, ya que la confianza de los inversionistas institucionales se ha visto seriamente comprometida.
Algunos representantes de inversores institucionales de Corea del Sur, ya se han estado haciendo esta pregunta: ¿Cómo puede una empresa que aspira a cotizar en las ligas mayores permitir que un solo error de teclado ponga en riesgo 44.000 millones de dólares?
Aunque Bithumb probablemente sobrevivirá gracias a sus profundas reservas de efectivo y al flujo constante de comisiones que genera el mercado coreano, el suceso deja lecciones amargas, que contempla que la automatización sin supervisión humana de “doble llave” es una receta para el desastre.
Para el usuario común responsable, la moraleja es otra en el ecosistema cripto, los milagros de 2.000 BTC caídos del cielo suelen venir acompañados de una demanda judicial o de una cuenta congelada en menos de una hora, así que conviene dejar eso allí, mientras que los que no son responsables, lo vieron como una oportunidad y trataron de quedarse los 2.000 BTC.
En todo caso, Bithumb aseguró este domingo en el comunicado oficial 1651929, que se habían completado el aseguramiento “de los activos de los clientes a las 22:45 del 7 de febrero de 2026, en relación con el reciente incidente de sobrepago de Bitcoin (BTC), y comenzará a compensar secuencialmente”.
Ya que inmediatamente después del incidente, Bithumb había implementado “medidas para recuperar los activos pagados en exceso y priorizó asegurar la consistencia completa de los activos del cliente, incluidas incluso las discrepancias más pequeñas que puedan ocurrir durante el proceso de recuperación”.
Y explicaron que unos “1788 BTC que ya se había vendido se inyectó con activos de la empresa, lo que garantiza una consistencia del 100% entre los activos depositados por el cliente y los activos mantenidos por el criptointercambio”.
Ahora el “Grupo de Trabajo” designado por los directivos de Bithumb intentan recoger los vidrios rotos, el resto del mundo observa con asombro cómo la tecnología más avanzada del siglo XXI casi fue puesta de rodillas por un simple y mundano “error de dedo”.
