Corea del Sur, una nación que una vez estuvo a la vanguardia de la adopción de criptomonedas en Asia y que luego se replegó en un estricto marco regulatorio tras el devastador colapso de Terraform Labs Pte. Ltd, que dejó cientos de miles de personas al borde de la quiebra en ese país, ha anunciado un cambio de postura que promete redefinir su futuro financiero.
Es por ello, que la semana pasada, de acuerdo a un reporte del medio local Naver, en una decisión histórica, el gobierno ha decidido oficialmente reconocer a las empresas de criptomonedas como “empresas de riesgo”, una designación que les abrirá las puertas a financiación estatal, exenciones fiscales y una credibilidad institucional que durante mucho tiempo les fue negada.
El Ministerio de Pymes y Startups (MSS, «por sus siglas en inglés») ha sido el artífice de esta transformación. Mediante una enmienda al Decreto de Aplicación de la Ley de Empresas de Riesgo, aprobada en una reciente reunión del Gabinete, se ha eliminado la restricción que mantenía a las empresas de comercio y corretaje de activos virtuales fuera del selecto círculo de las startups tecnológicas.
La medida que entrará en vigor este 16 de septiembre de 2025, no solo es una flexibilización de las normas, sino un claro mensaje de que Seúl está lista para dejar atrás la era de la cautela y apostar por un futuro donde la tecnología blockchain y los activos digitales sean pilares de la economía nacional.
Para comprender la magnitud de este cambio, es crucial recordar el contexto que impulsó la postura cautelosa de Corea del Sur. A diferencia de otras naciones que desarrollaron sus marcos regulatorios de forma gradual, el enfoque de Seúl estuvo marcado por un evento traumático, como fue el colapso del ecosistema de Terra-LUNA en 2022.

El proyecto, fundado por el surcoreano Do Kwon (hoy en prisión en EEUU), prometía una stablecoin algorítmica Terra USD ($UST) vinculada al dólar, respaldada por su criptomoneda hermana Luna ($LUNA). Durante su auge, el proyecto gozó de una popularidad masiva en Corea del Sur, atrayendo a miles de pequeños inversores.
Sin embargo, en mayo de 2022, el diseño defectuoso del sistema falló catastróficamente. En cuestión de días, la stablecoin algorítmica $UST perdió su paridad con el dólar, provocando una espiral de muerte en la que drenó el valor de $LUNA se desplomó desde más de 80 dólares a casi cero.
Los inversores coreanos, que habían invertido sus ahorros en un activo que creían seguro, sufrieron pérdidas multimillonarias, un golpe que sacudió la confianza pública en toda la industria cripto.
El incidente de Terra-LUNA no fue solo una crisis financiera; fue un desastre de relaciones públicas para todo el sector. La imagen de las criptomonedas se asoció con el riesgo extremo, la especulación descontrolada y la falta de responsabilidad.
El gobierno, bajo una intensa presión popular, reforzó su vigilancia y endureció su postura, calificando a las empresas de activos virtuales como industrias “restringidas”, a la par de los negocios de juego o los bares.
De hecho, en marzo de 2021 se había introducido un sistema de información para operadores de negocios de activos virtuales y en julio se estableció un sistema de supervisión de las autoridades financieras, que había mejorado la transparencia y la rendición de cuentas en todo el sector, pero de nada sirvió cuando colapsó el mercado.
A pesar de ello, la cautela tras la caída de Terra-LUNA, se convirtió prácticamente en la norma, y la innovación quedó en un segundo plano frente a la necesidad de protección al consumidor, por lo que el mercado fue limitado.
Sin embargo, el mundo de los activos digitales no se detuvo, y Corea del Sur no podía permitirse quedarse atrás. La nueva Ley de Protección de Usuarios de Activos Virtuales, promulgada en julio de 2024, fue el primer paso crucial para reconstruir la confianza.
Esta ley, que entró en vigor en julio del presente año, estableció un marco de protección sólido que incluye la protección de depósitos, la conservación de registros de transacciones y la prohibición de prácticas comerciales desleales, obligando a las empresas a operar con un nuevo nivel de transparencia y responsabilidad.
Con un sistema de supervisión más robusto en su lugar, el gobierno surcoreano ha encontrado la justificación para reevaluar su política. La decisión de levantar las restricciones a las empresas de criptomonedas no es una rendición, sino una respuesta pragmática a la evolución del mercado global y a la creciente madurez de la industria a nivel nacional.
Las críticas del sector, que argumentaban que la categorización de las criptoempresas junto a negocios como los juegos de azar era anacrónica y socavaba la competitividad nacional, finalmente han sido escuchadas.

El impacto de la nueva regulación va mucho más allá de una simple etiqueta. La certificación como “empresa de riesgo” abre una serie de oportunidades que pueden acelerar el crecimiento de estas compañías y atraer una nueva ola de innovación.
Entre los beneficios más significativos se encuentran: 1) acceso a financiación estatal, 2) exenciones fiscales, 3) garantías de crédito y 4) mayor credibilidad institucional. Para el acceso a financiación estatal, las empresas podrán solicitar subvenciones gubernamentales, fondos de investigación y desarrollo (I+D), y otros apoyos económicos que antes les estaban vedados.
Con las exenciones fiscales, las empresas del sector, podrán beneficiarse de deducciones y otros incentivos fiscales que aliviarán la carga financiera, permitiéndoles reinvertir en crecimiento y desarrollo.
Por supuesto, esto brindará garantías de crédito, haciendo que el gobierno surcoreano pueda facilitar la obtención de préstamos y garantías de crédito, permitiendo la expansión de sus operaciones y la adquisición de activos.
Todo ello se traduce en un aumento de la credibilidad institucional, ya que la certificación otorgará un sello de legitimidad que puede atraer a inversores de capital de riesgo y a socios de negocios que antes desconfiaban del sector.
Según otro reporte del medio local Naver, la ministra de Pymes y Startups surcoreana, Han Seong-sook, encapsuló el espíritu de esta reforma en una declaración: “Esta mejora regulatoria es una medida para asegurar el impulso de crecimiento futuro, en línea con la tendencia global de la industria de activos digitales”.
El gobierno, en lugar de frenar el avance tecnológico, ahora se compromete a enfocar sus políticas en crear un “ecosistema transparente y responsable” que facilite la “fluida entrada de capital de riesgo y el crecimiento de nuevas industrias”.
El cambio no solo beneficiará a los intercambios de criptomonedas, sino que se espera que acelere el desarrollo de las industrias clave de “tecnología profunda” que dependen de tecnologías avanzadas como blockchain, contratos inteligentes y ciberseguridad.
Corea del Sur, que ya cuenta con algunas de las empresas de tecnología más importantes del mundo, está preparada para aprovechar su posición y emerger como un líder global en el ecosistema de activos digitales.
Tras la llegada de un gobierno pro criptomonedas en EEUU, no cabe duda que la era de la cautela hacia este sector parece haber terminado, dando paso a una nueva etapa de ambición y liderazgo en la frontera de la economía digital impulsada por los activos digitales.

