Este lunes, en una contundente publicación de blog, firmada por Paul Grewal, el director jurídico de la gigante de las criptomonedas Coinbase, ha lanzado una crítica abierta contra la Ley de Secreto Bancario (BSA, «por sus siglas en inglés») de Estados Unidos, una norma que, según él, está “rota” y necesita una actualización radical.
Grewal argumenta que la ley, diseñada en 1970 para combatir el crimen financiero, se ha quedado irremediablemente atrás en la era digital y que la tecnología, lejos de ser el problema, es la única solución viable.
Grewal expone que la BSA se diseñó para un mundo donde el dinero se movía lentamente, donde los formularios de papel y los procesos de cumplimiento manuales eran la norma, y las transferencias de fondos tardaban días en completarse.
Pero hoy día, es más que evidente que las transacciones son instantáneas, globales y se realizan con la velocidad de un clic. Grewal afirma que los reguladores están intentando “cuadrar el círculo”, forzando una tecnología del siglo XXI en un marco legal del siglo XX.
Y es que básicamente la BSA, es una ley estadounidense que fue promulgada en 1970 para combatir el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, con el objetivo principal de ayudar a las agencias gubernamentales a detectar y prevenir delitos financieros.
Para lograrlo, la BSA exige a las instituciones financieras (como bancos y, más recientemente, empresas de criptomonedas) que cumplan con una serie de requisitos, entre los que se incluyen: 1) Mantener registros detallados de transacciones, 2) Presentar informes de transacciones en efectivo que superen los 10.000 dólares y 3) Reportar actividades sospechosas que puedan indicar lavado de dinero o cualquier otra actividad ilegal.
Estos requisitos están diseñados para crear un rastro de papel (o un rastro digital) que las agencias de la ley, como la Red de Lucha contra los Delitos Financieros (FinCEN, «por sus siglas en inglés»), puedan utilizar para investigar y detener a los delincuentes.
Sin embargo, su utilización en pleno siglo XXI, se puede calificar de arcaica e inefectiva porque los datos de esos informes que se crean a partir del monitoreo de transacciones y que “las instituciones financieras están obligadas a supervisar cada transacción que pasa por sus sistemas para detectar actividades sospechosas y reportarlas al gobierno” son muy numerosas como para un seguimiento efectivo.

Grewal señala: “Esto abarca billones de transacciones, que deben ser revisadas por decenas de miles de personas que trabajan para las instituciones financieras, quienes luego deciden si presentar un informe al gobierno”.
“¿Con qué fin? Solo en Estados Unidos, millones de estos informes inundan anualmente el Departamento del Tesoro y las agencias policiales, pero la gran mayoría ni siquiera se lee. La ineficiencia de este sistema es tan conocida que en 2020 el Congreso aprobó una ley que exige al Secretario del Tesoro modernizar este sistema de presentación de informes; sin embargo, los avances han sido escasos o nulos”.
Esta modernización ocurrió a raíz de la filtración de datos relacionado con la BSA, conocida como los “FinCEN Files”. Esta filtración masiva de documentos ocurrió en 2020 y fue revelada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en colaboración con BuzzFeed News.
La fuga de información consistió en miles de Informes de Actividad Sospechosa (SARs) que las instituciones financieras estaban obligadas a presentar bajo la BSA. La filtración incluyó más de 2.100 Informes de Actividad Sospechosa (SARs) que cubrían transacciones por un valor de más de 2 billones de dólares entre 1999 y 2017.
Los documentos mostraban cómo algunos de los bancos más grandes del mundo, como JPMorgan Chase, Deutsche Bank y HSBC, procesaron transacciones sospechosas para oligarcas rusos, grupos del crimen organizado y otros actores ilícitos nacionales e internacionales, a pesar de las alertas internas.
Los informes fueron supuestamente filtrados por una funcionaria del gobierno llamada Natalie Mayflower Sours Edwards, quien fue acusada y se declaró culpable de conspiración para divulgar información confidencial.
Literalmente, los “FinCEN Files” expusieron las debilidades del sistema de anti lavado de dinero a nivel global, con documentos que no solo revelaron la ineficacia de las regulaciones, sino que también mostraron cómo los bancos a menudo continuaban moviendo dinero para clientes sospechosos incluso después de haber presentado un SAR.
La filtración generó un llamado a una reforma urgente de la BSA y las regulaciones de cumplimiento a nivel mundial pero al día de hoy sólo se han endurecido algunas normas para las personas que no tienen grandes capitales como los actores antes citados.

De allí que, Grewal en su publicación destaca que la tecnología blockchain, lejos de ser un refugio para criminales, es en realidad, una de las herramientas más poderosas que existen para rastrear el dinero de forma eficiente.
Mientras que el efectivo es anónimo, la blockchain registra cada transacción de forma inmutable, creando una huella digital permanente que es verificable de forma pública. Grewal pone énfasis este punto, argumentando que las fuerzas del orden podrían utilizar esta transparencia inherente para seguir el rastro del dinero ilícito de una manera que simplemente no es posible con los sistemas bancarios tradicionales.
El mensaje de Coinbase no es solo una crítica, sino un llamado a la acción. Grewal insta a los legisladores a reconocer que la tecnología Blockchain no es el enemigo, sino un aliado potencial y por lo tanto, propone modernizar las regulaciones de la BSA para que se adapten a la realidad del dinero digital.
La mejor forma de hacerlo es creando un sistema que sea más eficiente en la detección de actividades ilícitas sin ahogar la innovación y protegiendo la identidad de las personas, y por ello Grewal, asegura que existe “una opción mejor y más segura para actualizar algunas de las cuestiones clave de la BSA: las pruebas de conocimiento cero (ZKP)”.
Para el CLO de Coinbase, las ZKP son mejores para resguardar el secreto bancario, porque “utilizan criptografía para que una parte (denominada “probador”) convenza a otra (denominada “verificador”) de la veracidad de una afirmación sin revelar más información de la estrictamente necesaria para demostrarla”.
Grewal explica que “por ejemplo, las ZKP permiten comprobar la información una vez con el proveedor de ZKP y luego usar esa ZKP sin tener que revelar información superflua a otras partes” y aunque “esto puede parecer insignificante” señala que “en casos financieros, usted podría abrir una nueva cuenta con una empresa como Coinbase sin compartir décadas de datos personales”.
Con sólo “usar ZKP para demostrar que no está en ninguna lista de sanciones, que no es menor de edad, etc.”, podría acceder a los servicios sin más. “Y si las autoridades quisieran información detallada sobre el cliente, podrían citar a la empresa que emitió el ZKP”.
Básicamente, Grewal, afirma que “el uso de ZKP en los informes presentados al gobierno también pondría fin a la transmisión incesante de información confidencial de clientes a una red masiva de señuelos”, ya que sólo se compartirían “datos específicos sobre transacciones sin transmitir datos personales de millones de estadounidenses respetuosos de la ley, con el fin de encontrar a un pequeño número de delincuentes”.
La FinCEN del Departamento del Tesoro de Estados Unidos “podría reducir aún más el riesgo y el desperdicio al exigir que, para las transacciones que cumplan ciertos criterios objetivos, se transfieran automáticamente puntos de datos seleccionados sin necesidad de revisión por parte de las instituciones financieras”, pudiendo incluso “utilizar IA para detectar patrones en un conjunto de datos más completo que el que poseería cualquier institución privada”.
La publicación de Grewal es un claro recordatorio de la tensión existente entre la innovación tecnológica y los marcos regulatorios tradicionales. Mientras que los defensores de las criptomonedas ven en la blockchain un avance hacia un sistema financiero más justo y transparente, los reguladores a menudo la ven con recelo.

