A escasas horas de que Israel vote en unas elecciones parlamentarias cruciales, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha lanzado una propuesta económica que ha sacudido la política y el sector financiero del país.
En una entrevista concedida al Canal 10 de televisión según lo informado por el medio The Times of Israel, el mandatario admitió abiertamente que Israel se enfrenta al riesgo real de sufrir restricciones y sanciones bancarias internacionales por parte de países occidentales.
Su solución no es otra que la preparación de un plan de contingencia basado en la tecnología blockchain y las criptomonedas para operar una “economía paralela” de desvío. Cómo era de esperarse, la declaración de Netanyahu ha desencadenado una tormenta política en plena recta final de la campaña electoral.
La iniciativa ha recibido un firme rechazo por parte del Banco de Israel, duras críticas del sector tecnológico y descalificaciones masivas de sus rivales políticos, que han bautizado la propuesta como la “política de BibiCoin”, en alusión al apodo “Bibi” del primer ministro de Israel.
La propuesta de recurrir a los activos digitales no es nueva, porque otros países como Rusia e Irán las han utilizado para evadir las sanciones de occidente pero su uso en Israel, se debe a que el Reino Unido, Francia, Canadá y otros países han anunciado en los últimos meses restricciones comerciales focalizadas en los asentamientos de Cisjordania.

La inquietud en Jerusalén radica en que estas medidas escalen hasta el sistema bancario comercial, amenazando las relaciones con la banca corresponsal extranjera que permite las transacciones financieras globales de Israel.
A este escenario se suma la perspectiva declarada por el propio primer ministro de que la ayuda militar directa de Estados Unidos —actualmente fijada en unos 3.800 millones de dólares anuales hasta septiembre de 2028— llegará inevitablemente a su fin a medio plazo.
De acuerdo a la visión expuesta por Netanyahu, Israel debe prepararse para la autofinanciación de su defensa en un entorno internacional potencialmente hostil, utilizando rieles financieros descentralizados si el acceso al sistema bancario tradicional se ve comprometido.
Sin embargo, la respuesta institucional no tardó en llegar, porque en una intervención inusual durante un periodo preelectoral, el Banco de Israel, que es el banco central de ese país, rechazó de forma categórica la propuesta del Ejecutivo.
La entidad central remarcó que las criptomonedas “no pueden servir para eludir sanciones” y subrayó que la estrategia de la nación debe centrarse en preservar la integración comercial con sus socios globales y prevenir cualquier represalia económica, en lugar de planificar su elusión.
Por su parte, economistas, firmas de inversión y expertos en la industria blockchain han calificado el planteamiento de técnicamente inviable y conceptualmente erróneo, ya que es este ecosistema basa su pilar principal en la transparencia.
Y por ello, señalaron que a diferencia del mito del anonimato, las redes blockchain públicas son libros de contabilidad abiertos e inmutables donde cada transacción es rastreable de principio a fin por cualquier persona, institución gubernamental o estado.
Además, poseen puntos de estrangulamiento, ya que las conversiones masivas de divisas tradicionales a activos digitales (fiat-on-ramps) requieren el concurso de intermediarios centralizados y emisores de stablecoins, entes sometidos a normativas internacionales que regulan y congelan billeteras digitales vinculadas a entidades bajo sanción.
A esto se suma, el riesgo del Silicon Wadi, porque Israel es una economía fuertemente volcada al exterior y dependiente del capital riesgo extranjero, especialmente en su próspero sector tecnológico.
De allí que, los analistas advierten que la sola insinuación de que el Estado planee operar en la penumbra de una economía informal de desvío amenaza con provocar la fuga de capitales y el alejamiento de inversores internacionales.

En el plano político, la propuesta se ha transformado en munición electoral de primera magnitud para los bloques de la oposición que disputan la mayoría en el Knesset y que se medirán en las urnas por los 120 escaños disponibles hoy 27 de octubre.
Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y principal rival de Netanyahu al frente de la formación Yashar!, tildó la ocurrencia de “locura” y advirtió de que la adopción de una “política de BibiCoin” expulsaría del país a las empresas multinacionales.
En una línea similar, líderes como Yair Lapid o Avigdor Liberman (Yisrael Beyteinu) acusaron al primer ministro de resignarse al aislamiento diplomático y comparar el futuro modelo económico israelí con esquemas observados en Irán, Rusia o Venezuela.
Netanyahu, por su parte, reaccionó sosteniendo que mantendrá su criterio por encima de los avisos del banco central si considera que es lo mejor para el país. Para sus partidarios del Likud, el mensaje del mandatario refleja pragmatismo y capacidad de anticipación ante contingencias extremas.
Pero, este mensaje para sus detractores, es evidencia de una disposición peligrosa a aceptar el aislamiento económico con tal de evitar concesiones diplomáticas. No obstante, más allá de la viabilidad técnica de la iniciativa, el debate generado a las puertas de las urnas deja al descubierto la encrucijada estratégica en la que se encuentra el país.
Mientras la oposición defiende la reconstrucción de los puentes diplomáticos para evitar castigos financieros, el plan de contingencia sugerido por el primer ministro sugiere una resignación a la confrontación con los mercados formales.
Con el sector bancario formal oponiéndose, la industria tecnológica en alerta y una masa crítica de economistas advirtiendo contra la medida, la “política de BibiCoin” parece tener un recorrido normativo sumamente complejo.
Algunos analistas del sector cripto a nivel global, no consideran equivocada la línea del Primer Ministro de Israel, ya que esto implicaría un aumento en la adopción y probablemente más impulso a la capitalización de mercado de los activos digitales.
En todo caso, no hay que llamarse a engaños porque todo indica que el bautizado “Bibicoin”, responde más a un cálculo de retórica política en un momento de tensión electoral que a un plan de viabilidad económica capaz de sustentar el futuro financiero de Israel.

