«Blockchain permite demostrar que un crédito de plástico existe, es único y ya ha sido retirado»

La biotecnóloga Miriam Alloza y representante de Corsair Connect explica a Territorio Bitcoin cómo funciona la tokenización de plástico recuperado, qué papel desempeña la auditoría independiente y por qué los RWA medioambientales tendrán que demostrar su impacto para evitar convertirse en una nueva forma de greenwashing

La tokenización de activos del mundo real está comenzando a extenderse mucho más allá de inmuebles, bonos, fondos o materias primas. También puede representar residuos.

Ese es el terreno en el que trabaja Miriam Alloza, biotecnóloga especializada en producción y caracterización de proteínas recombinantes para investigación biomédica en el Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona y, desde 2023, representante comercial de Corsair Connect.

Su perfil conecta dos ámbitos aparentemente alejados: ciencia y economía circular.

Corsair desarrolla un modelo de créditos de plástico tokenizados denominado CSR26. Según explica Alloza, detrás de cada crédito existe plástico recuperado y posteriormente procesado, mientras blockchain proporciona una capa adicional de trazabilidad sobre la emisión y retirada de esos créditos.

La propuesta plantea precisamente una de las grandes cuestiones alrededor de los Real World Assets (RWA): si un token afirma representar algo que existe fuera de blockchain, ¿cómo podemos demostrar que ese activo físico existe realmente?

La respuesta requiere separar dos capas.

Blockchain puede demostrar qué sucede con el token digital. La existencia y procesamiento del plástico necesitan, en cambio, verificación fuera de la cadena.

Corsair utiliza para ello el CPRS (Corsair Plastic Waste Removal Standard), desarrollado junto con Control Union Certifications. La compañía establece que los créditos se emiten una vez verificada la actividad de recuperación y reciclaje.

Hablamos con Miriam Alloza sobre cómo funciona ese proceso, qué aporta realmente blockchain, dónde pueden encajar estos créditos dentro de las estrategias de sostenibilidad empresarial y cómo evitar que la tokenización termine proporcionando una nueva herramienta para el greenwashing.

Tienes un perfil bastante poco habitual: trabajas como biotecnóloga en investigación biomédica y, al mismo tiempo, estás vinculada a un proyecto de economía circular y tokenización. ¿Cómo se cruzan esos dos mundos y qué fue lo que te hizo involucrarte en Corsair Connect?

Siempre he tenido una gran sensibilidad medioambiental y soy muy consciente de la cantidad de plástico que utilizo tanto en mi día a día como en el laboratorio. Así que cuando me presentaron el proyecto, pensé que sería una oportunidad de generar ingresos extra ayudando a limpiar el planeta de plástico.

Cuando hablamos de créditos de plástico tokenizados puede resultar un concepto bastante abstracto. Si tuvieras que explicárselo a alguien que nunca ha oído hablar de RWA, ¿qué representa realmente un CSR26 y qué hay detrás de ese token en el mundo físico?

Detrás de cada CSR26 hay 100 gramos de plástico recogidos del medio ambiente y reciclados, convertidos en materia prima —el aceite pirolítico— para generar nuevo plástico que no provenga directamente del petróleo.

Uno de los grandes debates alrededor de los RWA es precisamente cómo demostrar que el activo que existe en blockchain corresponde realmente con algo que existe fuera de ella. ¿Cómo se garantiza en vuestro caso que detrás de cada crédito existe plástico efectivamente recuperado y reciclado?

Antes de emitir un solo token, alguien de fuera de Corsair tiene que comprobarlo primero. Esa parte la hace Control Union, una certificadora independiente, que revisa cada lote de plástico y confirma que de verdad se ha recuperado y reciclado en aceite pirolítico. Solo entonces se emite el token correspondiente.

Así que lo que hay detrás de cada CSR26 no es una promesa de la empresa, es algo que un tercero ha verificado antes.

Nota de Territorio Bitcoin: el CPRS utilizado por Corsair fue desarrollado por la propia compañía en colaboración con Control Union Certifications. Por tanto, conviene diferenciar entre la independencia del proceso de verificación y el origen del estándar empleado.

Has mencionado el reactor que transforma plástico en aceite pirolítico. ¿Qué ocurre exactamente desde que ese plástico se recupera hasta que vuelve a convertirse en una materia prima aprovechable?

El plástico se recoge en vertederos, en establecimientos colaboradores donde se recolecta el plástico para Corsair, o a través de una flota de pescadores que son pagados por el plástico que recogen del mar cuando van a pescar.

Este plástico se clasifica, se limpia y se seca antes de empaquetarlo en balas grandes que se introducen en el reactor de pirólisis.

Cada reactor procesa unos 9.000 kilos en 24 horas aproximadamente, obteniendo una cantidad similar de aceite pirolítico. Una vez dentro del reactor, el plástico se calienta en condiciones anaeróbicas a unos 600 grados y bajo alta presión, disolviéndose y generando un gas que se destila en un aceite pirolítico de alta calidad, con el que se genera plástico que no procede directamente del petróleo y es menos dañino para la salud.

¿Qué aporta blockchain a este modelo que no podría conseguirse simplemente mediante una base de datos, un certificado tradicional o un sistema convencional de trazabilidad?

Una base de datos la puede modificar quien la controla. Un registro en blockchain, una vez emitido, no se puede alterar ni borrar.

Además, cuando un crédito se usa como compensación, se envía a una wallet de la que nunca vuelve a salir, así que cualquiera puede comprobar públicamente que ese crédito existe, es único, y ya ha sido retirado —sin depender de la palabra de Corsair ni de un papel que se puede perder o falsificar.

Las empresas europeas están sometidas a exigencias cada vez mayores en materia de responsabilidad sobre residuos, trazabilidad y reporting de sostenibilidad. ¿Dónde pueden encajar los créditos de plástico dentro de obligaciones como EPR o CSRD y dónde están los límites para no confundir un crédito con el cumplimiento automático de una obligación?

Los créditos de plástico encajan como evidencia auditable de compensación dentro del reporting de sostenibilidad (CSRD) y como complemento a la demanda voluntaria de marcas con objetivos ESG.

Para que un crédito represente una compensación real, tiene que salir del mercado mediante su retirada indefinida —una vez usado, no se puede revender ni reutilizar.

Y precisamente cuando una empresa retira esos créditos, recibe un certificado de compensación que acredita cuánto plástico ha compensado, algo que puede incorporar directamente a su reporting de sostenibilidad.

Nota de Territorio Bitcoin: un crédito de plástico puede proporcionar información o evidencia dentro de una estrategia de sostenibilidad, pero su adquisición o retirada no supone por sí misma el cumplimiento automático de CSRD, ESRS o de las obligaciones EPR aplicables a una empresa. El cumplimiento depende de la normativa, actividad y obligaciones concretas de cada organización. La Comisión Europea adoptó en julio de 2026 una revisión de los ESRS que modifica además el marco de reporting de sostenibilidad.

Existe también cierto escepticismo alrededor de los créditos medioambientales y el riesgo de greenwashing. ¿Qué tendría que tener un crédito de plástico tokenizado para demostrar que genera un impacto ambiental real y no se limita a convertir la sostenibilidad en otro activo financiero?

Es normal que exista escepticismo alrededor de los créditos medioambientales, teniendo en cuenta los casos de greenwashing que se han dado con los créditos de carbono.

La garantía frente a eso está en la verificación de un tercero independiente: si el propio emisor certificara sus propios créditos, cualquiera podría cuestionar su validez.

Con Control Union auditando cada lote bajo un estándar definido (CPRS), y con el retiro definitivo del crédito una vez usado, se cierra la puerta a la doble contabilización.

Mirando cinco o diez años hacia adelante, ¿imaginas un mercado en el que residuos, materias primas recicladas, créditos de carbono y otros activos medioambientales estén representados de forma habitual en blockchain? ¿Qué tendría que ocurrir para llegar hasta ahí?

Tal y como va avanzando todo, puedo imaginarme un mundo donde haya cada vez más activos tokenizados y certificados, generando una nueva economía basada en activos reales y no en la especulación.

Para llegar hasta ahí, hacen falta dos cosas. Primero, más empresas como Corsair que apuesten por modelos de tokenización anclados en un proceso real y verificable.

Y segundo, que esta forma de operar se vaya normalizando —con estándares de auditoría más consolidados y marcos regulatorios que la reconozcan— hasta que comprar o retirar un crédito tokenizado sea algo tan habitual como hoy lo es comprobar la trazabilidad de un producto con un código QR.

Como científica y apasionada de la naturaleza, si dentro de veinte años mirases atrás, ¿qué avance te haría pensar que realmente hemos cambiado nuestra relación con los residuos: haber desarrollado mejores tecnologías para reciclarlos o haber conseguido producir muchos menos?

Como científica, me encantaría decir que produciremos mucho menos residuo, sería lo ideal. Pero siendo honesta, creo que el cambio vendrá de las dos cosas a la vez.

Necesitamos mejores tecnologías que hagan el reciclaje tan fiable y transparente que se convierta en la opción normal.

Y esa misma transparencia —saber con certeza qué se ha reciclado y cómo— es lo que puede ayudarnos a producir menos, porque solo se reduce bien aquello que se puede medir de verdad.

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