Japón quiere hacer una ambiciosa reforma legal que alcanza al ecosistema cripto

Japón quiere hacer una ambiciosa reforma legal que alcanza al ecosistema cripto

El panorama financiero de Japón se encuentra a las puertas de una transformación histórica, porque en una sesión decisiva, la Cámara de Representantes del Parlamento japonés ha hecho avanzar un proyecto de ley integral presentado originalmente por el gabinete en abril, cuyo propósito no es otro que modernizar la arquitectura legal del país para adaptarla a las realidades económicas del siglo XXI.

Lejos de ser una intervención aislada, la Agencia de Servicios Financieros (FSA, «por sus siglas en inglés») ha diseñado una estrategia de reforma empaquetada en cuatro grandes pilares técnicos que buscan, de manera simultánea, el control de los activos digitales, la transparencia climática corporativa, el financiamiento ágil a la innovación y una implacable persecución del fraude corporativo.

Esta reforma, que ahora pasa a la evaluación de la Cámara de Consejeros para su aprobación final, aspira a entrar en vigor a lo largo del próximo año, consolidando a la nación asiática como uno de los centros neurálgicos más avanzados y seguros para la actividad económica global.

El primer pilar es el salto regulatorio del ecosistema cripto, buscando madurez en el ecosistema y una disciplina férrea. De hecho, el núcleo más vistoso de la reforma radica en la reclasificación jurídica de los criptoactivos.

Tras años de supervisión bajo la Ley de Servicios de Pago —donde se les trataba estrictamente como herramientas transaccionales o medios de pago—, el nuevo marco traslada las criptomonedas bajo el paraguas de la Ley de Instrumentos Financieros y de Intercambio (FIEA, «por sus siglas en inglés»).

Al equipararlas formalmente con instrumentos financieros tradicionales como las acciones o los bonos, el gobierno nipón valida un mercado que ya registra más de 14 millones de cuentas abiertas en el país, impulsadas en un 70% por inversores minoristas de ingresos medios y bajos.

Esta migración legal trae consigo el beneficio más esperado por la industria, como lo es la viabilidad de una reforma fiscal, ya que en el esquema actual, las ganancias cripto tributan como “ingresos diversos” con tasas impositivas que llegan a rozar un asfixiante 55%.

De allí que, la reclasificación abre la puerta para que tributen bajo una tasa fija cercana al 20%, igualándose al régimen bursátil. Sin embargo, el incentivo fiscal viene condicionado por tres reglas operativas estrictas como: Persecución del Insider Trading, Transparencia en Emisiones y Garantías de Seguridad.

En cuanto a la Persecución del Insider Trading, es debido a que se instaura una prohibición absoluta del comercio con información privilegiada, penalizando a miembros de empresas o trabajadores de exchanges que operen con base en hechos materiales no divulgados (tales como la inclusión o exclusión de un token en una plataforma).

De igual forma, se considerarán hechos materiales las operaciones ejecutadas por “ballenas” que afecten al 20% o más del suministro circulante del activo. La segunda regla, sobre la Transparencia en Emisiones, busca que las empresas que realicen ofertas de tokens (como las IEO) deberán publicar de manera obligatoria folletos y estados financieros claros.

En consecuencia, si un proyecto decide eludir las auditorías financieras independientes, se impondrá un límite estricto de inversión a los usuarios minoristas de 2 millones de yenes para prevenir pérdidas catastróficas.

Y como última regla, establecer Garantías de Seguridad, que exigirá a las plataformas (ahora denominadas oficialmente empresas de comercio de criptoactivos) que deberán acumular obligatoriamente reservas financieras de responsabilidad para compensar a los usuarios ante eventuales hackeos, manteniendo además la custodia en wallets frías.

Asimismo, se proponen “períodos de reflexión” para cuentas nuevas que impidan el retiro inmediato de fondos hacia carteras privadas, mitigando así fraudes financieros rápidos.

El segundo pilar clave de esta reforma, son las exigencias de Sostenibilidad (ESG) que abordan la Transparencia climática obligatoria. Concretamente, este pilar clave de la reforma apunta directamente al corazón del gobierno corporativo y la sostenibilidad.

Bajo el nuevo mandato de la FSA, la información referente al cambio climático y al capital humano dejará de ser una herramienta opcional de relaciones públicas para convertirse en una obligación de rendición de cuentas comparable con los balances financieros tradicionales, de conformidad con las normas locales de la SSBJ (alineadas con los estándares internacionales ISSB).

Estos informes requerirán una auditoría obligatoria por parte de firmas especializadas registradas ante el regulador, introduciendo un mecanismo de “puerto seguro” (Seafeharbor Rule) que blindará temporalmente a las compañías de responsabilidades civiles ante la alta volatilidad predictiva de las proyecciones climáticas.

El tercer pilar importante de esta reforma, busca inyectar dinamismo para las Startups a través de oxígeno financiero e incentivos al talento. Japón es consciente de la urgencia de expandir el capital de riesgo y la circulación de acciones no cotizadas, el tercer eje alivia las pesadas cargas administrativas que ralentizan el crecimiento de las empresas emergentes.

La reforma eleva sustancialmente el límite de exención para la presentación de folletos de registro de valores tradicionales, incrementándolo de 100 millones de yenes a 500 millones de yenes. Además, para captaciones de fondos entre 500 y 1.000 millones de yenes, se habilita el uso de plantillas de registro simplificadas y exentas de la consolidación de balances de filiales.

Paralelamente, se expande la base de inversores aptos para colocaciones privadas de perfil profesional, permitiendo a las agencias bursátiles incorporar a “inversores profesionales potenciales” —aquellos calificados técnicamente pero que no habían completado formalmente los trámites burocráticos de transición— bajo estrictos principios de idoneidad y deber de explicación.

Como incentivo de retención, las distribuciones corporativas de opciones sobre acciones (stock options) a directores y empleados quedan excluidas de la clasificación de ofertas públicas, erradicando los trámites administrativos complejos.

Y el cuarto y último pilar considerado para esta reforma financiera es la persecución del delito financiero, imponiendo penalidades severas y digitalización judicial

Básicamente, es una contundente demostración de fuerza penal frente a los actores indebidos y evasores de las normativas de la FSA, con las cuales el gobierno ha determinado que los marcos de castigo previos carecían del impacto disuasorio suficiente.

Ahora ha procediendo a un endurecimiento generalizado de las sanciones incorporando Castigo a la Operación No Registrada, con penas de prisión máximas de 10 años para las entidades o individuos que dirijan plataformas financieras o criptográficas de manera ilegal e informal, más multas de hasta 10 millones de yenes.

También se introducen sanciones más severas a las Cuentas Prestanombres, incrementando en 1.5 veces las penalizaciones a quienes realicen transacciones utilizando identidades de terceros, instituyendo por primera vez multas específicas a los ciudadanos que faciliten o presten sus cuentas personales para fines ilícitos.

Y por supuesto modernización de la Investigación Criminal, en sintonía con las reformas globales, la Comisión de Vigilancia de Valores y Bolsa (SESC, «por sus siglas en inglés») digitalizará íntegramente sus procesos penales, posibilitando que la emisión de actas, la recolección de pruebas informáticas y las solicitudes de congelamiento de fondos ante los tribunales se efectúen mediante transmisiones de datos electrónicos rápidos.

Este robusto reajuste legal en Japón llega tras las reformas de 2023 sobre los “medios de pago electrónicos”, el despliegue de stablecoins comerciales vinculadas al yen por parte de entidades como JPYC Inc. y SBI Holdings ha demostrado la viabilidad operativa de la tecnología blockchain en la economía real.

El paso final lo darán los tres megabancos del país —MUFG Bank, Mizuho Bank y SMBC— que proyectan mover flujos comerciales reales mediante una stablecoin interoperable unificada antes del cierre del año fiscal en marzo de 2027.

La sincronía de reglas de juego transparentes, la reestructuración fiscal orientada al beneficio de los inversores minoristas y la inyección de capital a la innovación perfila a Japón no como un simple seguidor de las tendencias, sino como el arquitecto de un ecosistema de activos digitales maduro, seguro y plenamente integrado a la infraestructura financiera global.

Advertencia "La inversión en criptoactivos no está regulada, puede no ser adecuada para inversores minoristas y perderse la totalidad del importe invertido"