A diario somos testigos de innumerables declaraciones con diversos puntos de vista sobre el complejo ecosistema de las finanzas globales y por supuesto, también de Bitcoin (BTC) y las criptomonedas en general, pero pocas cosas generan tanta fricción como el choque entre la vieja guardia política y la nueva vanguardia tecnológica en las finanzas.
Y es que el viernes pasado, el ex primer ministro británico, Boris Johnson, convertido en articulista del diario británico Daily Mail, encendió las redes y los portales financieros tras publicar una columna en donde, con una ligereza alarmante, calificó a Bitcoin como un “esquema Ponzi”.
I’ve long suspected Bitcoin is a giant Ponzi scheme and now I’m hearing tales of woe that make me fear I’m right.https://t.co/rTny2NBaYB
— Boris Johnson (@BorisJohnson) March 13, 2026
La columna del ex primer ministro británico, fue titulada: “BORIS JOHNSON: Llevo mucho tiempo sospechando que Bitcoin es una gigantesca estafa piramidal y ahora estoy escuchando historias de desgracias que me hacen temer tener razón…”
Sin embargo, más allá del titular incendiario, la respuesta de figuras como Michael Saylor ha dejado al descubierto una realidad ineludible, que a pesar de ser un curtido político británico, él representa la desconexión total de la clase política tradicional con la arquitectura del dinero del siglo XXI.
El argumento de Johnson no nació de un análisis de la teoría monetaria, sino de una vivencia anecdótica, ya que relató la historia de “un conocido” que, tras ser seducido por la promesa de duplicar su capital, terminó perdiendo 20.000 libras en una red de estafas que utilizaba el nombre de Bitcoin como señuelo.

Aquí es donde el periodismo debe ser riguroso, porque (Johnson comete el error clásico –como mucha gente– de confundir el activo con el delito). Y es que, lo que el exmandatario describió es, técnicamente, un caso de “Pig Butchering” o estafa de recuperación de fondos, delitos de ingeniería social que existen desde antes de que se minara el bloque génesis.
Por lo que, culpar a Bitcoin por el fraude de un tercero es equivalente a culpar a la industria automotriz por el uso de vehículos en huidas tras un robo bancario, así que, debemos entender que “el problema no es el motor, es el conductor”.
Uno de los puntos más debatidos de la columna de Johnson fue su apelación a la historia, porque el político británico argumentó que puede entender el valor del oro o de las monedas del Imperio Romano porque llevaban la efigie del César; es decir, tenían el respaldo de una autoridad central.
Esta visión, aunque romántica, es históricamente irónica, ya que los sistemas monetarios basados en la “autoridad del Estado” han fallado sistemáticamente a lo largo de los siglos precisamente por la debilidad humana.
De hecho, el Imperio Romano colapsó, en parte, por la degradación de su moneda, en vista que los emperadores reducían periódicamente el contenido de plata para financiar guerras, generando “una inflación” que en la red Bitcoin, por diseño, es técnicamente imposible.
Al buscar la “cara de un líder” en el dinero, Johnson ignora que la mayor fortaleza de Bitcoin es, precisamente, que no tiene rostro, algo que es clave, porque la ausencia de un CEO o de una autoridad emisora es lo que lo convierte en el primer sistema de propiedad global que es neutral y resistente a la censura.
Obviamente, las reacciones a favor y en contra no se hicieron esperar, y uno de los usuarios de X, más visibles y que es reconocido como el mayor defensor de Bitcoin, también dio su punto de vista al político calificado por algunos como el “boomer” Johnson.
Michael Saylor, presidente de Strategy (anteriormente llamada MicroStrategy) y uno de los evangelistas más vocales del activo, respondió a través de X (antes Twitter) con una precisión quirúrgica que desmanteló la retórica del boomer británico.
Bitcoin is not a Ponzi scheme. A Ponzi requires a central operator promising returns and paying early investors with funds from later ones. Bitcoin has no issuer, no promoter, and no guaranteed return—just an open, decentralized monetary network driven by code and market demand.
— Michael Saylor (@saylor) March 13, 2026
“Bitcoin no es un esquema Ponzi. Un esquema Ponzi requiere un operador central que prometa rendimientos y pague a los primeros inversores con los fondos de los inversores posteriores. Bitcoin no tiene emisor, ni promotor, ni garantía de retorno; simplemente es una red monetaria abierta y descentralizada, impulsada por código y la demanda del mercado”, sentenció Saylor.
Esta clara distinción es vital para los lectores, porque en un Ponzi (como el esquema de Bernie Madoff o las recientes polémicas bancarias en Estados Unidos), la opacidad es la regla, mientras que en Bitcoin, la transparencia es absoluta.
Cada transacción, cada satoshi movido y cada bloque minado es auditable en tiempo real por cualquier persona en el mundo con una conexión a Internet, por lo que no se necesita una “oficina central” donde se manipulen los libros contables.
Ahora, ubicándonos en el tiempo, estamos en marzo de 2026. En un contexto donde los ETFs de Bitcoin están plenamente integrados en los fondos de pensiones y la tokenización de activos del mundo real (RWA, «por sus siglas en inglés») se perfila como una narrativa dominante, las declaraciones de Johnson suenan a un eco de una era pasada.
La crítica de Johnson sobre el origen “enigmático” de Satoshi Nakamoto también falla en el análisis moderno, porque lo que él ve como una señal de desconfianza, el mercado lo ve como una genialidad arquitectónica, puesto que el creador se retiró para que el protocolo pudiera pertenecer a la humanidad y no a una persona.
Si Nakamoto apareciera hoy para dar órdenes, Bitcoin perdería su propiedad más valiosa, como lo es su descentralización. Así que, es difícil creer que un hombre con la trayectoria de Boris Johnson no tenga asesores que comprendan la diferencia entre un protocolo informático y una estafa piramidal.
Esto nos lleva a preguntarnos si sus declaraciones son fruto de una genuina ignorancia tecnológica, una estrategia para volverse viral nuevamente o es un intento de apelar a una base electoral que aún teme a lo digital. Lo cierto es que Bitcoin ha demostrado ser una red monetaria abierta, impulsada por código y por la ley de oferta y demanda.
Mientras los políticos sigan buscando el “respaldo del César” en sus pantallas, el código seguirá ejecutándose, bloque tras bloque, indiferente a las críticas y demostrando que, en la era de la información, la matemática es un respaldo mucho más sólido que la palabra de un gobernante.

